La directora de 'El País', Soledad Gallego-Díaz.
La directora de 'El País', Soledad Gallego-Díaz.

Hace ya tiempo, los editores llegaron a la conclusión de que las mujeres leían muchos más libros que los varones y por ello empezaron a editar a mujeres, escribieran lo que escribieran. Se llegó así a un tipo de ‘literatura femenina’ que recibió el apodo de ‘literatura Evax’: ni mancha, ni traspasa, ni se mueve. La calidad se supeditaba al sexo, pero, como ocurre en los paraísos socialdemócratas, no se podía decir y si se decía…

La horda feminista se lanzó sobre el editor de poesía Chus Visor por haber dicho, con su experiencia de décadas: “Lo siento, pero creo que la poesía femenina en España no está a la altura de la otra, de la masculina”. Las ‘nasty woman’ exigieron la exclusión del hereje de los jurados públicos de poesía y pusieron como ejemplo de grandes poetisas (palabra prohibida hoy como Reconquista) a la pobre Gloria Fuertes, cuyos poemas son tan ingenuos como risibles.

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La prensa de papel, más desesperada que las editoriales en la búsqueda de clientes, ha recurrido al mismo truco que los partidos socialdemócratas de segmentar su decreciente clientela en búsqueda de ‘minorías oprimidas’ a las que ofrecer noticias.

Con su primera directora en 42 años, El País ha decidido volcarse en la guerra contra el patriarcado y el sexismo

A El País le costó 42 años y cinco directores tener una mujer en la dirección, la veterana Soledad Gallego-Díaz. Durante mucho tiempo, el periódico dio lecciones a la sociedad española sobre la discriminación a las mujeres y la necesidad de incorporarlas con cuotas a las empresas del Ibex-35, a las reales academias y a los partidos políticos, sin que su ‘staff’ y sus editores se sintieran concernidos.

Sin embargo, en los últimos meses El País ha decidido poner la directa y presentar “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” desde una óptica feminista, en guerra contra el machismo y el heteropatriarcado.

Aquí tiene, amigo lector, una selección de tuits escritos por la redacción del periódico para animar a los lectores a pinchar en los enlaces y hasta comprar el periódico.

¿Es el termostato otra herramienta (más) de dominación patriarcal?

Algunas periodistas tecnológicas y activistas feministas han criticado que, para las manos de las mujeres, el nuevo Iphone es muy complicado de manejar.

Las pioneras tuvieron que abrir dos caminos: uno a través de la jungla de la ciencia, el otro a través de la jungla de una sociedad machista.

“Capitana Marvel: Por qué a las mujeres se nos impone sonreír”.

“Vivimos en un único mundo, no en tres, y está dominado por el mismo poder capitalista, patriarcal y religioso”.

“Los datos son demoledores: los hombres copan el 76% de la industria del cine”.

Una investigación reciente revela que en los botellones se dan “múltiples formas de violencia sexual” sobre las chicas que están normalizadas “en un contexto machista y patriarcal”.

Mi favorito es el titular de la entrevista a una periodista británica que se ha hecho rica y famosa quejándose de la postergación de las mujeres en la ciencia: “La ciencia tiene que ser consciente del daño que ha causado, de todo el racismo y el machismo que se ha perpetrado en su nombre”.

Con la ciencia sometida a la ‘perspectiva de género’, los centímetros, los minutos y los kilos serán distintos según quiénes los cuenten o pesen

Desde que el Imperio Progre aulló contra el autobús de HazteOír que proclamaba que los niños tienen pene, ya sabíamos que la biología no existía, sino que era un ‘triunfo de la voluntad’, como el título de una famosa película. Ahora proseguimos con la adaptación de la ciencia a la ‘perspectiva de género’: los centímetros, las horas, los voltios, los kilos, los vatios y otras unidades serán distintas según quiénes las midan, pesen o anoten.

La misma conducta que los nacionalistas catalanes que engolan la voz para decir: “Cataluña se siente discriminada”, “A Cataluña no se le trata con respeto”, “Cataluña pide un trato especial”. Como si Cataluña fuese una señora a la que conocieran íntimamente. Pues eso, ¿dónde está Doña Ciencia para mandarle la citación para que acuda al linchamiento, digo, al tribunal de Twitter?

El mensaje, nada sutil, de estas noticias es que las mujeres son mejores que los varones, que han sufrido mucho y siguen sufriendo y que el mundo entero tiene una deuda con ellas y que hay que pagarla ya.

Insultar y menospreciar a la mitad de tus posibles clientes es una estrategia de márketing que ya aplicó el cine español

No se me ocurre cómo medir el acierto de semejante campaña, salvo con el cine español, que se ha pasado décadas insultando a la mitad de los españoles con sus películas sectarias sobre la guerra y con las declaraciones de muchos actores (y actrices) sobre política. El resultado se ve en los datos de taquilla y de audiencia de la gala de los Goya.

Pues eso, ¿qué lectores puede ganar El País insultando o despreciando a la mitad, más o menos de los posibles lectores de prensa?, ¿o pretenden Gallego Díaz y su equipo convertir el periódico en la primera cabecera comprada por más mujeres que hombres?

Y mientras tanto, el periodismo de verdad, sexista o no, se desvanece. En su portada del martes 25, El País no menciona el escándalo de la ministra Dolores Delgado almorzando con el comisario Villarejo, al que se está juzgando por vender secretos de estado y chantajista, y cayendo en el pecado de ‘homofobia’ al definir a otro ministro.

Una de las consecuencias de esta ‘guerra entre sexos’ alentada desde la ONU, los Gobiernos, los lobbies y la Prensa de Kalidá es que 2017 fue un ‘annus horribilis’ demográfico en gran parte del mundo. Es muy difícil casarse y formar una familia, que supone entrega, confianza y colaboración, cuando el ambiente predica odio, desconfianza y competencia.

Quienes buscan la reducción de la población humana porque les estropea sus fincas y les pide que compartan sus fortunas tienen que estar muy contentos.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).