Peter Morgan: ¿Heredero de William Shakespeare gracias a “The Crown”?

    El guionista Peter Morgan, con 'The Crown' se corona como un digno heredero de Sahkespeare en lo que a contar historias basadas en la realidad se refiere. Ambos logran adentrarse en la esencia del ser humano hasta retratar la grandeza de sus pasiones.

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    Escena de The Crown, en la que la futura reina Isabel II de Inglaterra va del brazo de su padre el día de su boda. /Netflix
    Escena de The Crown, en la que la futura reina Isabel II de Inglaterra va del brazo de su padre el día de su boda. /Netflix

    Hay quien dice que si hoy viviera entre nosotros William Shakespeare, su profesión sería lo que los angloparlantes llaman showrunner de series televisivas.

    Imposible demostrar tal extremo, el bardo inglés fue enterrado hace 500 años, pero un compatriota de nuestra era, Peter Morgan, está contando como guionista en películas, series (y también obras de teatro, faltaría más) historias que se basan en la realidad, donde ha tenido especial protagonismo la monarquía británica.

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    Y bien puede decirse que ha coronado su brillante trayectoria con la nueva serie televisiva de Netflix The Crown, de la que sería muy de desear que nos trajera nuevas temporadas.

    Habrá puristas que me digan que comparar las obras de Shakespeare y Morgan vendría a ser como conceder, por ejemplo, el Nobel de Literatura a un cantante, pongamos, se me ocurre, a Bob Dylan. Bueno, ha sucedido, y tal vez con un poco de mente abierta tampoco sea tan disparatado.

    En cualquier caso, y sin pretender caer en las llamadas “comparaciones odiosas”, parece claro que los dos autores comparten la intención de contar historias que parten de personajes auténticos, y que cobran una envergadura que les hace bigger than life al encarnar con intensidad las grandes pasiones humanas.

    El dictador ugandés Idi Amin y su médico Nicholas Garrigan en El último rey de Escocia; el político y reformador social Frank Pakenham en Longford; el presidente Richard Nixon y el periodista David Frost en El desafío. Frost contra Nixon; el entrenador de fútbol del Leeds United Brian Clough en The Damned United; el presidente Bill Clinton y el primer ministro Tony Blair en La relación especial; la rivalidad en Fórmula Uno entre Niki Lauda y James Hunt en Rush. No son pocos títulos sobre personajes significativos de la vida pública en el pasado siglo XX.

    La producción y reconstrucción de la época es maravillosa, la dirección firme, la fotografía y la banda sonora perfectas

    Y a ello hay que sumar las películas sobre la realeza británica, Enrique VIII y Las hermanas Bolena, y más cercana en el tiempo, además de que le valió una nominación al Oscar al mejor guión, La reina, sobre el modo en que Isabel II afrontó la muerte de la princesa Diana, con una extraordinara Helen Mirren.

    Ahora Morgan, como creador o showrunner, vuelve a la reina Isabel, pero en sus años jovenes, en la época en que contrae matrimonio con Felipe de Edimburgo, y cuando le toca llevar la corona por la prematura muerte de su padre Jorge VI.

    La idea de la serie parte de una obra de teatro del propio autor, The Audience, en que seguía la trayectoria de Isabel II a través de las audiencias que ha tenido semanalmente con los distintos primeros ministros que ha conocido en su vida. En The Crown esto significa, de momento, Winston Churchill y Anthony Eden.

    Los personajes de Winston Churchill y Anthony Eden en la serie The Crown /Netflix
    Los personajes de Winston Churchill y Anthony Eden en la serie The Crown /Netflix

    La producción y reconstrucción de la época es maravillosa, la dirección firme, la fotografía y la banda sonora perfectas. Los actores están sublimes, todos, todos, aunque merece la pena destacar  –y soy injusto, lo sé, al omitir el nombre de los otros– la espléndida interpretación de un Churchill a punto de cumplir 80 años, a cargo de John Lithgow, y la de Claire Foy, en el difícil rol de la reina, y que sabe combinar bisoñez, prudencia, fragilidad, fuerza de voluntad, sentido de responsabilidad, cariño, hacerse cargo…

    Pero como siempre, resulta esencial la historia, el interés de lo que se cuenta, grande, y cómo se cuenta, muy bien. Detectamos un gran conocimiento de la naturaleza humana, y el deseo de no erigirse en juez de las virtudes y defectos que todas las personas tenemos.

    Y hay un talento enorme para crear situaciones y concebir escenas que nos permiten ver a un rey enfermo que no desea cargar a su familia con más preocupaciones de las necesarias, a un esposo de la reina que empieza tener “complejo de florero”, a un ex rey con su motivos para abdicar que se hace cargo del peso de la corona, a una princesa que no puede seguir su corazón por las consecuencias que eso podría tener en la casa a la que pertenece, a unos políticos con dificultades para adaptarse a los nuevos tiempos…

    La reina Isabel con su hermana la princesa Margarita, interpretadas en The Crown /Netflix
    La reina Isabel con su hermana la princesa Margarita, interpretadas en The Crown /Netflix

    No quiero destripar aquí todas las sorpresas y momentos mágicos que encierra The Crown. Sólo señalaré la crisis por la niebla provocada por la contaminación del carbón, y el retrato pictórico de Churchill, dos excusas que parten de la realidad para abordar los temas de “la cintura” que deben tener los gobernantes y lo difícil que a veces resulta mirar dentro de nosotros mismos. Más el impagable pasaje de la regañina de la reina a unos políticos que la han subestimado de un modo muy imprudente.

    Quizá Morgan no sea Shakespeare. Pero hay veces en que lo parece.

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    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".