Alien Covenant.

Supone Alien: Covenant su regreso al universo Alien, la tercera película que dirige de la saga tras la original y ya mítica Alien, el octavo pasajero (1979) y la precuela desmejorada Prometheus (2012).

Alien: Covenant se sitúa temporalmente entre ambas, y sin ser un prodigio de imaginación, resulta disfrutable y amena. Como es sabido, los otros tres filmes los dirigieron James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet en 1986, 1992 y 1997, dejamos aparte esa combinación disparatada de enfrentamiento entre bichos asesinos, auténtica serie Z, Alien vs. Predator, servida en 2004.

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Los fans de los filmes del letal alienígena recibirán más de un susto en la nueva entrega, mientras los tripulantes de la nave del título, a cargo de una misión colonizadora, van cayendo como moscas, una suerte de suspense terrorífico que trata de remitir a la primera película, aunque combinado ello con las reflexiones filosóficas acerca de la tendencia del ser humano a degradarse, con la lógica consiguiente de que sus criaturas androides se rebelan contra él o al menos se tienen por superiores, lo mismo que le ocurre al hombre con su Creador, hasta el punto incluso de negar su existencia.

Alien Covenant.
Alien Covenant.

Por supuesto, no se anda la película con grandes honduras metafísicas, para entendernos, esto no es Solaris ni Scott es primo de Andréi Tarkovski, pero sí se encuentran reminiscencias de su otra obra maestra de la ciencia ficción, Blade Runner, con aquellos replicantes que podían ser más humanos que los humanos.

Por cierto, que en octubre llegará la secuela de ese film, Blade Runner 2049, en la que Scott figura acreditado como productor ejecutivo, pero de cuya dirección se ha ocupado otro director al que le gusta indagar en los pliegues y repliegues de la naturaleza humana, el canadiense Denis Villeneuve, que recientemente nos regaló La llegada.

Ridley Scott entregó el mítico anuncio de Apple en que se nos anunciaba que el nuevo Mac impediría que 1984 fuera como lo había imaginado George Orwell en 1984

Procedente del mundo de la publicidad, Ridley Scott entregó el mítico anuncio de Apple en que se nos anunciaba que el nuevo Mac impediría que 1984 fuera como lo había imaginado George Orwell en 1984. Sin duda, las aportaciones del cineasta a la ciencia ficción son incontestables, el género le debe mucho. Pero el director tiene muchos, muchos títulos popularísimos. Lo curioso es que, pese a todo, el Oscar y los premios en general se le resisten, y los festivales no se pegan por él.

Ni siquiera Gladiator, del 2000, que ganó el Oscar a la mejor película ese año, sirvió para darle la estatuilla por su realización. Tiene nuestro cineasta todas las papeletas para que terminen dándole, vergüenza torera, una estatuilla dorada por el conjunto de su carrera.

Alien Covenant.
Alien Covenant.

Le encantan a Scott las películas de corte histórico, muchas veces basadas en hechos reales. Su debut en la realización, Los duelistas (1977), adaptación de una novela corta de Joseph Conrad, ambientada en la época napoleónica, es una joyita. Sin embargo a veces se ha cuestionado su rigor, el ajustarse a los hechos, a la hora de abordar el descubrimiento de América, 1492: La conquista del paraíso (1992) o las cruzadas, El reino de los cielos (2005), su mirada en esos filmes resulta demasiado contemporánea, le cuesta meterse en la mentalidad de la época, quizá no lo pretende siquiera. Por eso le funciona mejor la historia reciente, Black Hawk derribado (2001) ), o Marte (2015), lo que podríamos denominar historia futura muy próxima, que su Robin Hood (2010) o su cinta bíblica Exodus: Dioses y reyes (2014.

El cineasta ha dado pruebas de versatilidad y de querer probar de todo un poco, hombre inquieto, no para de trabajar, también en el campo de la producción. Algunas veces los resultados son muy felices, la dinámica Thelma & Louise (1991) se convirtió en bandera feminista, y funcionan bien como cine negro y gangsteril La sombra del testigo (1987), Black Rain (1989) y American Gangster (2007). Otros, no tanto, la denostada Legend (1985), fantasía malograda, o la cara fallida de la militancia pro derechos de la mujer, La teniente O’Neill (1997). Lo ha intentado en películas más ligeras, con algo de comedia, como Los impostores (2003) o Un buen año (2006), algo sositas, o acometiendo secuelas de éxitos ajenos, Hannibal (2001), que no resiste la comparación con El silencio de los corderos.

Alien Covenant.
Alien Covenant.

El suicidio de su hermano Tony –más joven que él y también cineasta, artísticamente en menor consideración, pero con títulos populares como Top Gun, Marea roja o Imparable–, tuvo que ser un duro golpe. Ocurrió hace cinco años, y pasó bastante tiempo antes de que se refiriera a él públicamente. Conocido por su adrenalítico cine de acción, Ridley lo consideraba “inexplicable”, aunque admitía que él no había estado bien, y que había recibido quimioterapia por un cáncer, la misma enfermedad de la que murió a los 45 años un tercer hermano, Frank. Afirmaba entonces en Variety haber perdido a un amigo –eran además socios en la compañía Scott Free–, y quizá algo de esa dolorosa relación fraterna se plasmó en los lazos complejos que unen a Moisés y Ramsés, hermanos adoptivos en Exodus: Dioses y reyes.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".