¿Series de culto o culto sectario a las series?

    ¿Exagero? Un poco, tal vez. Todos vemos series, o al menos muchos lo hacemos. Y algunas se convierten en nuestras favoritas, y las seguimos, temporada tras temporada. Pero…

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    Serie Juego de Tronos
    Serie Juego de Tronos

    Las series están de moda. Hay quien dice que la verdadera creatividad abandonó hace tiempo al cine, al menos en su epicentro, Hollywood, para venir a habitar en los relatos seriados que pueden verse en las pequeñas pantallas. Y es cierto, hay series muy ocurrentes e imaginativas. De las llamadas películas de culto hemos pasado a las series de culto, aunque es tal la adicción que provocan en algunos de sus fans, que en algunos casos cualquiera diría que son los fanáticos integrantes de alguna peligrosa secta.

    ¿Exagero? Un poco, tal vez. Todos vemos series, o al menos muchos lo hacemos. Y algunas se convierten en nuestras favoritas, y las seguimos, temporada tras temporada. Pero…

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Pero hay un tipo de “deglutidor” de series, en progresión ascendente, para el que la vida parece carecer por completo de sentido si no está viendo varias series a la vez, con algo debe llenar su anodina existencia.

    Si tiene ocasión, se verá una temporada completa de sopetón –es la fórmula habitual de estreno de series de Netflix, una aportación que empieza a llevar a la imitación–, pasándose las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio, como cierto caballero de triste figura, consumiendo fotones ante el “black mirror” de las pantallas que se han convertido en parte de nuestro paisaje cotidiano, también en el metro, olé con el “off-line”.

    No sale de la habitación, real o mental, mientras sigue distintos juegos de tronos y coronas, los Stark, los Lannister, los Tudor o los York, tanto da, todo es lo mismo. O si sale, es solo figuradamente, para manifestar en un tuit al mundo mundial lo genial que ha resultado el último episodio, ese giro sorpresivo en que se han apiolado a… Y es que no puede pasarse sin su dosis diaria, cada día necesita más, evadirse de la realidad diaria.

    A veces da la impresión de que estas grandes compañías compran producto “a peso” en cualquier mercado, y se ha entrado en una espiral de producción que no cesa

    Como en las sectas, desengancharse no sería sencillo, un día de abstinencia puede volver al prosélito de las series loquito perdido. De todos modos eso no ocurre, para eso tiene su disco duro bien provisto, y si no es pirata, hay plataformas que ofrecen lo suficiente para vivir en un mundo alternativo. A veces da la impresión de que estas grandes compañías compran producto “a peso” en cualquier mercado, y se ha entrado en una espiral de producción que no cesa. Un amigo me hablaba de la burbuja de las series, que algún día tendrá que estallar, se lanzan demasiadas.

    No hace tanto tiempo, una señal de éxito de un producto audivisual lo proporcionaba la audiencia, el número de espectadores. De hecho muchas series se cancelaban si no alcanzaban determinado “share” de pantalla. Ahora que grandes plataformas digitales como Netflix, Movistar+, Amazon o HBO se han convertido en grandes contenedores de series, hemos pasado a una época de tinieblas y oscuridad, existe una opacidad absoluta acerca del número de espectadores que realmente ve esos productos, su éxito se ha relativizado, lo que interesa es tener muchos suscriptores, y para eso hay que tener muchas series, estar estrenando cada semana una, y lograr que los medios especializados y las redes sociales hablen de ellas. Importa sobre todo hacer ruido. Crear la vaga sensación de que “hay que ver” esa serie de la que habla todo el mundo.

    ¿Ve mucha gente Narcos, House of Cards, Westworld o Juego de tronos? Lo cierto es que no tenemos ni idea, lo que sí sabes es que se habla mucho de ellas, y tal vez eso incita a verlas. ¿Responde a una agenda ideológica Transparent, serie muy premiada sobre un transexual, siendo ése el principal motivo de que se hayan rodado ya tres temporadas y esté en preparación la cuarta?

    Serie Transparent
    Serie Transparent

    Quién sabe. Uno puede imaginarse oscuros líderes pergeñando tramas aquí o allá para manipular al espectador, conquistar “nuevos derechos” o imponer una determinada visión del mundo. ¿Suena conspiranoico? No creo que nadie en su sano juicio se atreva a negar que se está librando en el mundo una “guerra de culturas”, y desde luego en Estados Unidos la expresión forma parte de… la cultura popular.

    Y me preocupa este juego con las ideas que algunos prefieren ignorar, al igual que la violencia brutal y el sexo animalesco que dominan en algunas tramas, y que embrutecen y hacen callo en el espectador, que se está acostumbrando a una visión deshumanizada del hombre, sin más valores que el interés propio, inmediato y autografiticante.

    Bueno, dirá alguno, para eso están los críticos, para eso está usted que está escribiendo estas líneas y me está asustando, oiga, para guiarme, para asesorarme, para darme pistas. Bueno, vale, se hace lo que se puede, pero en el mundo de “el ruido y la furia” hay miles, millones de voces gritando, muchas limitándose a repetir la consigna del líder, el gurú, ¿y dónde se forma el criterio para distinguir lo valioso de lo prescindible?

    The Crown
    The Crown

    Estamos en un momento seriófilo en que a una serie le basta existir y tener pedigrí para evitar ser tachada de pestiño. Por ejemplo. He visto los dos primeros capítulos de Tabú, y me ha parecido insufrible. No tengo aquí espacio para una crítica exhaustiva, pero personajes odiosos, magia negra, violencia, necrofilia, incesto, ambición, poder, etcétera, se sirven como indigesto mejunje, hay confusión narrativa, se juega con el “seguro que en el próximo capítulo esto se aclara”.

    Eso sí. Está el empaque. Producción de lujo. Con el respaldo de Ridley Scott. Grandes actores encabezados por Tom Hardy. Y fácilmente puedes encandilar a un público nicho –en los cultos que inician su camino, los fieles incondicionales que no cuestionan la racionalidad de su credo son primordiales–, y proyectar la ilusión de que el mundo mundial está entusiasmado con aquello, son los salvadores del mundo.

    En fin, mi consejo, como con el alcohol, es consumir con moderación, y yo añadiría que con gusto y sano juicio crítico. No todo ha de ser Downton Abbey –prototipo de serie exquisita, muy recomendable, como The Crown, lo mejor de 2016–, pero tampoco zombies –confieso que me agota Dead Man Walking, aunque sepan reinventarse–, acción combinada con intriga –El tirador–, o historias apocalípticas –The Leftovers, Westworld–. Dicen que una dieta equilibrada, alimentación variada y nada de exceso en grasas y azúcar, ojo a la obesidad, es buena para la salud. Ídem cabe decir del consumo seriófilo, ojo con el colesterol mental elevado, los excesos se pagan.

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    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".