Chesterton, Revel, Buckley y Montanelli

Estos cuatro señores les están mirando a ustedes desde el otro barrio. Una lástima. Porque si estuvieran en este mundo les ficharíamos sin dudarlo para que colaboraran en Actuall, el primer diario digital sobre familia, vida y libertades.

Estos cuatros señores, G.K. Chesterton, Jean François Revel, Willima F. Buckley e Indro Montanelli, un inglés, un francés, un norteamericano y un italiano, eran cada uno de su padre y de su madre, y ninguna de sus trayectorias eran lineales, pero coincidían en dos puntos: su honradez intelectual y su desconfianza de esas “anteojeras” que son las ideologías.

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El más antiguo es Chesterton, pero también el más moderno. Nos encantaría pedirle su análisis sobre la crisis de los refugiados, los selfies, la mujer barbuda que ganó Eurovisión o esa variante del robo que son los impuestos. Y no duden ustedes de que lo haría.

Chesterton, a journalist for all seasons

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), el padre del padre Brown, y de obras imprescindibles en la biblioteca del futuro como La esfera y la cruz o El hombre eterno, era también el rey de Fleet Street, la calle londinense de la prensa. No se definía como crítico o novelista sino como periodista. Su vida se desarrolló entre rotativas y su obra se fraguó en artículos publicados en periódicos como The Eye Witnes y The Ilustrated London News. “Es casi imposible abrir un periódico sin que contenga algo suyo –artículo, comentario crítico, poema o dibujo- y su nombre es ya más familiar que el de Bernard Shaw…” decían de él. Pero lo más jugoso de su personalísima obra periodística apareció en el semanario que él mismo fundó y dirigió, GK Weekly.

Entró al trapo de todas las polémicas de la actualidad, desde la guerra de los Boers al voto de las sufragistas, pero logró algo que se diría contradictorio con la naturaleza misma del periodismo: sobrevivir a lo efímero, de manera que es posible leer sus artículos de 1900 o 1920 y que interpelen al hombre de hoy.

Feminismo, marxismo, capitalismo, ecologismo… de todo ello ya hablaba GK hace casi cien años

Feminismo, marxismo, capitalismo, ecologismo… de todo ello ya hablaba GK hace casi cien años. Valía para hace un siglo y vale para el futuro, era a journalist for all seasons. Como dice el poeta Enrique García Maiquez: “Entre sus innumerables paradojas está él mismo, periodista eterno”.

Por eso, Chesterton es referente para Actuall, un proyecto que aspira a trascender. Por eso y por su sentido del humor, por su valentía al no rehuir la polémica –e incluso al fomentarla, con un punto de provocación ingenua- y su búsqueda de la verdad a través de ese rodeo inteligente que es la paradoja. Y por frases que parecen pensadas para la era del twitter y el whastapp: “No olviden, damas y caballeros, que una de las grandes desventajas de la prisa es que exige demasiado tiempo”.

Revel, bete noire de las ideologías y otras mentiras

Al otro lado del Canal de la Mancha tenemos a Revel. Filósofo, ensayista, gastrónomo, Jean François Revel (1924-2006) es otro maestro de referencia de Actuall. Seducido en su juventud por el comunismo, del que pronto abjuró, se dedicó en la madurez a desenmascarar los sofismas de la progresía desde su liberalismo escéptico.

Desde las páginas de los semanarios L’Express y Le Point, y con libros tan reveladores como El conocimiento inútil, La tentación totalitaria y Cómo terminan las democracias desmontó el rompecabezas del socialismo, pieza a pieza, convirtiéndose en la bete noire de la izquierda europea.

Revel se burlaba de la pretensión marxista de construir una sociedad perfecta, pero fue muy crítico con cualquier otra ideología, por considerar que es “una construcción antes de y pese a los hechos”, “intrínsecamente falsa por sus causas, motivaciones y fines”, una forma de no “aceptar la realidad”.

Era ateo y escéptico pero acertó a ver la realidad con lucidez. La misma que le llevó a defender el libre mercado con observaciones como ésta: “Decretar que el mercado es en sí reaccionario y la subvención progresista no sólo es una muestra de pensamiento simplista sino interesado, el de los virtuosos del parasitismo del dinero público”.

¿Qué diría Revel de las dentelladas del Leviathan socialdemócrata a los escasos reductos de libertad que quedan en Europa?

Sería interesante ver qué opina de la UE desarbolada, y el islam crecido; de Corbyn, Tsipras e Iglesias; o de las dentelladas del Leviathan socialdemócrata a los escasos reductos de libertad que quedan en Europa. Pero también de esa nueva Resistencia en la Francia ocupada por la Ideología de Género, que es Manif pour tous y su bocanada de aire fresco.

Nos conformaremos con seguir su estela: atenerse a los hechos, dudar de los paraísos en la Tierra, reírse de los emperadores desnudos, atizar dialécticamente a los tiranos, y dejar en evidencia a sus bufones y corifeos, recurriendo a la paradoja. Como cuando escribió: “Jamás dejé de considerarme como un hombre de izquierdas. En un principio, ser de izquierdas era luchar por la verdad y la libertad, [aunque] si encontrar a Castro repugnante es ser de derechas, entonces quiero ser de derechas”.

Montanelli, el periodismo no es un oficio

Del italiano Indro Montanelli (1909-2001) nos interesan dos cosas: su capacidad de llegar al lector, de forma que sus artículos los entendiera el lechero de Ohio, como le aconsejaron cuando trabajó en EEUU; y su independencia a prueba de censores, dictadores y balas, literalmente: fue ametrallado por las Brigadas Rojas, en los años de plomo del terrorismo en la Italia de Aldo Moro.

Ya demostró esa independencia cuando, siendo jovencísimo miembro del Partido Fascista, criticó la intervención italiana en la Guerra Civil española, desde las páginas de Il Messagero, del que era corresponsal. Reincidiría más tarde al publicar, en 1943, un artículo sobre Mussolini y su amante, Clara Petacci, por lo que fue detenido y condenado a muerte. Se salvó de milagro gracias al arzobispo de Milán, Ildefonso Schuster.

En la posguerra desarrolló su carrera de cronista en Il Corriere della Sera, y recorrió el mundo cubriendo conflictos como la insurrección de Budapest contra la URSS en 1956. Se distinguió como furibundo anticomunista en el duelo PC–Democracia Cristiana que marcó la política italiana de la segunda mitad del siglo XX y fue cortejado constantemente por el poder, al que siempre dio calabazas.

Dijo no primero a Mussolini y décadas más tarde a Berlusconi

Dos ejemplos: en 1991 rechazó el nombramiento de senador vitalicio que le propuso el presidente Cossiga; y en 1994 se fue de Il Giornale, periódico que él había fundado cuando el editor y propietario, Silvio Berlusconi, entró en política y quiso imponer una línea editorial con la que el veterano periodista no estaba de acuerdo. Con 75 años, Montanelli volvió a la carga fundado otro diario La Voce, que a pesar de efímera vida se convirtió en la china en el zapato del Gobierno de Berlusconi.

Dejó de miles de crónicas, grandes biografías –como las de Garibaldi y Dante-, una novela llevada al cine, El general della Rovere, y dos de los más populares libros de divulgación  histórica, Historia de Roma e Historia de los griegos. Dejó también su humor mordaz (“Admiro a Stalin porque es el hombre que más comunistas ha fulminado”).

Pero su capa de escepticismo, de viejo lobo de vuelta de todo, apenas podía disimular un romanticismo que quizá puede parecer trasnochado, el que le llevaba a afirmar al final de su carrera: “El periodismo no es un oficio, es una misión”.

Buckley, la derecha con glamour

Cruce de intelectual y periodista, en la estela de Russell Kirk, pero tan pinturero como André Malraux, William F. Buckley (1925-2008) obró el milagro de sacar al conservadurismo norteamericano de la postración, librarlo de sus complejos y arrebatarle a la izquierda el monopolio cultural e incluso político.

Y lo hizo a través del periodismo, primero con National Review, que fundó en 1955 a los 29 años, en la que se han dado y se dan cita los más perspicaces y variados analistas (de Michael Novak a Von Mises, de Paul Johnson a Ann Coulter), y que desde entonces es la referencia del pensamiento liberal-conservador; y después con el programa de debate televisivo, Firing line (línea de fuego), que estuvo en antena 33 años y por el que pasaron las más relevantes figuras de la política estadounidense.

Sin la influencia cultural de Buckley es poco probable que Reagan hubiera llegado a la Casa Blanca

Católico, millonario hijo de papá, cosmopolita e irreverente, este descendiente de irlandeses nacido en México, impulsó la fusión de liberalismo y conservadurismo en EEUU, alumbrando lo que José María Marco ha calificado como “la derecha con glamour”.

Su importancia es decisiva en la política norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. Sin la influencia de Bill Buckley, es poco probable que Reagan hubiera llegado a la Casa Blanca.

Quizá a muchos lectores españoles no les diga gran cosa su nombre. Pero a aquellos que en los años 80 leyeron los best-sellers de espías, Salvemos a la reina y La vidriera les sorprendería saber que el creador del héroe de ficción, Bradford Oakes, es el mismo Bill Buckley que se movía en la trastienda del poder, con ‘cuates’ tan dispares como Kissinger, J.K. Galbraith, Barry Goldwater o el actor David Niven. El mismo que antes de de cumplir los 30 años tuvo la osadía de denunciar el sectarismo de la izquierda en la grandes universidades americanas, con su vitriólico libro Dios y el hombre en Yale.

Lo que en la España del tardofranquismo representaron Cuadernos para el diálogo o Cambio 16 en su empeño por dar la vuelta al establishment político, lo representaron en EEUU las empresas periodísticas de Bill Buckley en su revolución liberal-conservadora pero multiplicado a la enésima potencia, con más carisma y más eficacia.

Su trayectoria y su obra son la demostración palpable de que es posible cambiar si no el mundo, si el rumbo de la política y de las ideas, dando voz a quienes aún creen en los valores de la libertad, el dinamismo de la sociedad civil, y en la dignidad inviolable de la persona. Con glamour y sin perder la sonrisa. Lástima que Buckley esté ya al otro lado de la laguna Estigia. Porque Obama se iba a enterar.

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.