Sin palabras: El cine habita en ‘Un lugar tranquilo’

    Vivimos tiempos de ruido. De mucho ruido. De ruido y furia, si parafraseamos el título de la conocida novela de William Faulkner, que a su vez aludía a un verso de “Macbeth” de William Shakespeare, donde se apostilla: “sin significado alguno”.

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    'Un lugar tranquilo', un film de terror sin apenas palabras.
    'Un lugar tranquilo', un film de terror sin apenas palabras.

    Cuando nació el cinematógrafo, el cine no hablaba. Las imágenes en movimiento de los hermanos Lumière valían más que mil palabras, y el lenguaje que manejaban las películas, todavía en sus primeros balbuceos, era universal, se entendía aquí y en Pekín. No había había diálogos en idiomas mil, si acaso rótulos con las palabras indispensables, la fuerza residía en las imágenes filmadas, en el encuadre y la planificación, en el modo en que eran montadas. El sonoro estaba por llegar, y quedaba suplido en el mejor de los casos por el acompañamiento musical en las salas, con ritmo y efectos de sonido acordes con lo representado en la pantalla.

    Pero el cine rompió a hablar. Fue un avance considerable, por supuesto, como lo han sido el color, los efectos visuales, las tecnologías, por citar otros pocos. Y sin embargo… Algo se perdió. O se perdió a veces. Las palabras podían ser desde entonces el recurso perezoso de quien no era capaz de encontrar el equivalente visual, con el inconveniente añadido de una posible ralentización de la acción, un plano de unos segundos frente a un parlamento de un minuto marca sin duda la diferencia.

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    Por eso cuando un cineasta se atreve a contar una historia con el menor número posible de palabras, manejando las imágenes y el sonido creativamente, yo, simplemente, me descubro el sombrero. ¿Cómo olvidar la fuerza de una película como 2001, una odisea del espacio? La emblemática obra de Stanley Kubrick, que cumple ahora 50 años, no contiene diálogo alguno hasta bien avanzada la narración, y los pocos que hay están muy pensados y dirigidos a un fin.

    «Ahora ha causado sensación la película Un lugar tranquilo, una película de suspense, terror, ciencia ficción, que dirige, coescribe y coprotagoniza un inesperado John Krasinski»

    Y Hollywood se rindió no hace tanto a los pies de una película muda en blanco y negro estrenada… ¡en 2011! The Artist ganó cinco Oscar, incluido el de mejor película, gracias a la osadía de su director, el francés Michel Hazanavicius, de contar una historia a la vieja usanza, como si se hubiera rodado en la época en que las películas no hablaban. Se trata de un magnífico recordatorio de unos orígenes que no debieran ser olvidados nunca, una verdadera memoria histórica acerca de que la fuerza del cine reside, de modo primordial, en las imágenes.

    Ahora ha causado sensación la película Un lugar tranquilo, una película de suspense, terror, ciencia ficción, que dirige, coescribe y coprotagoniza un inesperado John Krasinski. Conocido sobre todo por su faceta actoral, tras la cámara ha probado sus dotes para la comedia con ribetes dramáticos, además de dirigir varios capítulos de la serie televisiva The Office, demostró muy buen pulso en Los Hollar, donde esta familia debía afrontar la grave enfermedad de la madre.

    Un lugar tranquilo supone un completo cambio de registro, aunque persiste una constante que parece que le interesa, y es la idea de “una familia puesta a prueba”. Lo que se refrenda además con la presencia, dentro del escaso reparto del film, de la actriz Emily Blunt, que es su esposa en la ficción y en la vida real. Y no, los niños actores que vemos en el film, Millicent Simmonds, Noah Jupe y Cade Woodward, no son sus verdaderos hijos, aunque ellos tienen dos.

    Los protagonistas de 'Un lugar tranquilo'.
    Los protagonistas de ‘Un lugar tranquilo’.

    La prueba que afrontan los Abott en Un lugar tranquilo es la de un futuro postapocalíptico en la que se ha convertido en supervivientes. La intriga empieza desde el minuto uno: ¿cómo se ha llegado a esa situación?, ¿han sido los zombies, una plaga o qué? ¿Quiénes son esos bichos que pululan por ahí? Pero pronto quedan claras las reglas del juego, existe una amenaza real, unas terribles y depredadoras criaturas de oído finísimo, que atacan a cualquier cosa que emite un ruido. Se impone el silencio.

    «No quiero desvelar mucho de esta maravillosa película, que el espectador debería descubrir por sí mismo. Pero sí diré que a veces una niña sorda ‘escucha’ mucho mejor que una persona sin esa discapacidad»

    Y tal planteamiento funciona a las mil maravillas, no sólo para generar la intriga, que también, sino como símbolo poderoso de un mundo en que los ruidos, los estímulos que nos distraen, la verborrea de las redes sociales, etcétera, nos impiden pensar. ¿Nos estaremos poniendo en peligro nuestra vida con tanta cháchara insustancial?, ¿qué hacemos para proteger a los más jóvenes?, ¿dejan los padres a los hijos a su suerte?, parece que se nos pregunta. No quiero desvelar mucho de esta maravillosa película, que el espectador debería descubrir por sí mismo. Pero sí diré que a veces una niña sorda “escucha” mucho mejor que una persona sin esa discapacidad. Y hacer ruido, gritar, cuando realmente queremos hacerlo, puede ser altamente liberador, una muestra de la disposición para el sacrificio, un acto de amor.

    John Krasinski se ha dado cuenta del valor de la imagen y de los sonidos, el gesto, la expresión, que el cine puede amplificar como pocos medios. No renuncia a la palabra cuando la considera necesaria, pero la pone en su sitio, más de un cineasta debería aprender a hacerlo. Lo que no significa conformarse con entregar un conjunto de imágenes montadas aturulladamente, que pueden ser tan ruidosas como un largo e insulso parlamento.

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    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".