'Mi amigo el gigante', película dirigida por Steven Spielberg.

Esto parece haber ocurrido en parte con Mi amigo el gigante, adaptación de un cuento del especialista británico en relatos infantiles Roald Dahl. Lo que se acrecienta en una era de redes sociales y comentarios en internet que se retroalimentan, memes que se difunden de modo viral y, por qué no decirlo a las claras, superficial, con la consecuencia de que se puede matar lo que con tanto cariño y esfuerzo se ha rodado.

Es curioso y digno de un estudio sociológico, porque cuando la película se pasó en el pasado Festival de Cannes, aseguraban los que ahí estaban que se trataba de un inteligente cuento de hadas, Steven Spielberg lo había vuelto a clavar. Pero ahora los analistas se fijan en las cifras en taquilla, y resulta que un pececillo animado de Pixar, Buscando a Dory, ha pescado a la mayoría de los espectadores el pasado y largo fin de semana estadounidense del 4 de julio. Mientras que los resultados del film de Spielberg, y los de la secuela catastrofista de invasores alienígenas de Roland Emmerich, Independence Day: Contraataque, han sido, en el mejor de los casos, discretos. Así que, ¿en qué quedamos?

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Tengo la sensación de estar diciendo una perogrullada, pero considero que de un artista no podemos esperar que siempre, todas sus creaciones, sean obras maestras indiscutibles. Por citar a los escritores de los que estamos conmemorando este año su cuarto centenario, está claro que “Don Quijote de la Mancha” es una de las grandes cumbres literarias de todos los tiempos, pero el resto de la obra cervantina, sus obras de teatro o las novelas ejemplares, no se encuentran a la misma altura. Y por supuesto que Shakespeare tenemos por indiscutibles a “Hamlet”, “Romeo y Julieta”, “Enrique V” y otras, pero quizá “Tito Andrónico” o “Cimbelino”, juegan en otra división.

Fotograma del film 'Mi amigo el gigante'.
Fotograma del film ‘Mi amigo el gigante’.

Con el reciente buen sabor de boca de su acercamiento a la guerra fría en El puente de los espías, puede pasarnos algo de este estilo con Spielberg. Pero si repasamos de modo exigente su filmografía, ¿con qué nos quedaríamos como cintas imprescindibles, que han hecho historia? Cada uno tendrá su idea, pero si debo quedarme con media docena de sus películas, creo que son de visionado obligatorio Tiburón, En busca del arca perdida, E.T., el extraterrestre, El imperio del sol, La lista de Schindler y El puente de los espías. Y si se me permite una de propina, añádase Salvar al soldado Ryan. Mientras que entre los llamados pinchazos, desde luego se cuentan 1941 y Always (Para siempre).

He leído que Spielberg considera Mi amigo el gigante como su primer auténtico cuento de hadas en la pantalla. No sé qué quiere decir, pero desde luego E.T., el extraterrestre y Hook eran cuentos de hadas muy influenciados por su pasión confesa por Peter Pan, y en ambos se hablaba de la necesidad de la fe infantil que obligaba a batir palmas, para que estas criaturas mágicas no murieran.

Quizá la diferencia estribe en que sus dos filmes anteriores se dirigían a los adultos que no querían crecer, y no aludo a la inmadurez peterpanesca de la que con frecuencia se habla, sino de la inocencia infantil que conviene siempre mantener. Mientras que Mi amigo el gigante ha querido hablar directamente a los ninos, y puede que no todos los chavales vibren con la historia que ahí se cuenta, la de una niña huérfana, Sophie, secuestrada por un gigante bonachón, que no puede permitir que la pequeña desvele al mundo la existencia de criaturas como él. Y que al mismo tiempo la protege de otros gigantes malos y devoradores de ninos.

Los cuentos de Dahl tienen cierto tirón, pero su paso al cine no ha sido tan afortunado, a excepción de las dos versiones existentes de Charlie y la fábrica de chocolate, protagonizadas por Johnny Depp y Gene Wilder, con bastante tirón popular. Y tengo para mí que Spielberg se ha enredado algo en su film, que resulta irregular.

Me aburre y desconcierta el don del gigante para almacenar sueños en tarros de relucientes colores, y su presencia en el film como luciérnagas, que a veces recuerdan, como me señalaba un ilustre colega, a Avatar (precisamente en los tramos más plúmbeos de la película de James Cameron). En cambio funciona muy bien la parte humorística en el Palacio Real, fresca, visualmente imaginativa. Y Mark Rylance, al menos en la versión original, sabe dar al gigante una personalidad especial, nada histriónica, y eso que las confusiones lingüísticas del personaje cargan un poco. Más sosita es la niña protagonista, lo siento por ella, pero Ruby Barnhill no me parece de esas actrices infantiles que te roban el corazón.

E.T. , el extraterrestre.

Luego está algo llamado factor suerte, imposible de aprehender conscientemente, a veces se acierta completamente sin saber por qué. No sé, pero el póster promocional de Mi amigo el gigante, con sus colores violeta algo apagados, no me resulta atractivo, y el aspecto del gigante algo desgarbado, no me mata. En cambio el muñeco de E.T., a priori superfeo, nos encandiló a todos los espectadores, con esos ojos grandes, y la voz lánguida pronunciando “mi caaaasa”; pero en el póster no se le veía, únicamente estaban ahí su mano y la de su mejor amigo sobre la Tierra.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".