Tom Wolfe, fallecido el 15 de mayo de 2018, durante la presentación de su libro 'Bloody Miami' en Barcelona, en el año 2013 /EFE
Tom Wolfe, fallecido el 15 de mayo de 2018, durante la presentación de su libro 'Bloody Miami' en Barcelona, en el año 2013 /EFE

Me siento incapaz de no hablar de Tom Wolfe, fallecido hace dos días. Lo primero que leí suyo -sacado del Bibliometro- fue La hoguera de las vanidades, novela políticamente incorrecta donde las haya. Eso me generó una enorme simpatía por él. Toda la novela es excelente, salvo un final que no está a la altura, todo sea dicho.

El protagonista, Robert Sherman, no es alguien por el que debamos sentir una especial compasión, pues es un “pieza” de mucho cuidado, pero sin embargo, sufrimos o vemos con cierta pena cómo se desmorona su mundo de lujos absurdos e infantiles. Todos los personajes de la novela son deleznables, con un rango que va desde el mero cretino al completo canalla; salvándose solo el padre de Robert, la única figura, que yo recuerde, que en un mundo de personajes huecos y gente sin escrúpulos, se alza con una cierta dignidad.

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Recuerdo momentos verdaderamente hilarantes. Uno es el de una manifestación de feministas y militantes homosexuales y otras minorías. La relación de la manifestación es una descripción de manual de cómo unos espabilados son capaces de manipular a los medios (prensa y TV) y convertir en mainstream una reivindicación local. Excelente.

En ‘Back to blood’, Wolfe describe descarnadamente, sin cortapisas morales, hasta qué grado de ridiculez podemos alcanzar arrastrados por la ola de sexo que todo lo anega

Otro momento de carcajada es cuando al alcalde de Nueva York le dicen que le va a visitar un obispo de una confesión protestante; le advierten que es de color, a lo que el alcalde se extraña. El asesor le responde -no tengo a mano el libro, hablo de memoria- que no se extrañe, que esa iglesia es muy progre, que el día mañana serán capaces de ordenar obispa a una lesbiana, o a un sandinista…, “o a una lesbiana sandinista”. ¡Qué grande Tom Wolfe!, profético, pero con tal exactitud que quizá habría que considerarle “notario del futuro”. Cáustico, demoledor, pero lanzaba dardos en buenas direcciones.

La última novela suya que leí, en un tono mucho más pasado de vueltas, es Back to blood, que leí en inglés, lo que seguro que me ahorró algunas incomodidades… Esta novela responde a una categoría que inventamos los hermanos de mi casa, para aquellas películas que no eran propias del gusto y sensibilidad de la generación de mis padres: “Solo apta para menores de 50”. Conserva su peculiar modo de crítica: elige como diana de sus venablos la perversión moral de las élites políticas y financieras y la fuerza devastadora que tiene el sexo por internet que esclaviza a hombres sin importar ni la edad, ni la posición social.

Y es “para menores de 50 años” porque su modo de crítica es muy explícito; describe descarnadamente, sin cortapisas morales (tengo yo muchas más al leer que él al escribir), casi con el rigor de un notario, hasta qué grado de ridiculez podemos alcanzar arrastrados por la ola de sexo que todo lo anega. Esta vez sí, en Back to blood nos entrega un final mucho más humano. El autor no ha podido dejar de sentir compasión por algunos de sus personajes, y los deja acabar en armonía, no sin antes hundir a algún que otro canalla y millonario degenerado.

Tom Wolfe, padre del Nuevo Periodismo, falleció en Nueva York el 15 de mayo de 2018. /EFE
Tom Wolfe, padre del Nuevo Periodismo, falleció en Nueva York el 15 de mayo de 2018. /EFE

En mis primeros pasos, ingenuos, como editor, traté de hacerme con los derechos de su último libro Kingdom of speech; como es lógico, ni siquiera obtuve respuesta de la editorial; imaginaba yo con razón, que lo publicaría Anagrama, la editorial que tiene prácticamente todo Wolfe en su catálogo.

Este libro no es ficción, sino un repaso histórico a las vicisitudes del evolucionismo, y una buena carga de leña contra uno de los más grandes faros de la progresía mundial: Noam Chomsky. Solo por eso merecía la pena intentar hacerse con este libro para traducirlo.

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Pablo Gutiérrez Carreras es doctor en Historia por la Universidad CEU San Pablo y ha puesto en marcha, recientemente, un sello editorial: Ediciones More, que, entre otros proyectos, pretende completar lo que aún queda por publicar de Chesterton en español. Casado, padre de ocho hijos (siete niñas y un niño), escribe también crítica de cine en la página www.pantalla90.es y toca la guitarra en un grupo de versiones pop-rock.