Gilberth K. Chesterton
Gilberth K. Chesterton

Hace cien años, en 1919 Chesterton emprendió un viaje a Jerusalén, con el encargo de escribir un libro sobre la cuestión judía. De ese viaje salió el libro ‘La nueva Jerusalén’ publicado ahora en España por Ediciones More.

Como viajero, Chesterton era un tipo muy singular; quizá era porque veía más de lo que podemos ver los turistas convencionales. Desde luego era todo lo contrario de algunos comentarios de museos o de obras de arte que explican cosas tales como “el pintor Mengano que estuvo en Flandes, en el taller del Maestro Zutano”, referencias que poco o nada aportan para comprender, sea un cuadro, sea una época, sea una ciudad.

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Chesterton dejó en el libro decenas de reflexiones asombrosas, con un ojo penetrante que veía en las piedras, en las construcciones, en los colores del vestido, etc, siglos de historia. No vamos a ocultar que la lectura de Chesterton es difícil, a veces tediosa. Me ha pasado que regalas libros de Chesterton y a veces fracasas. No es un autor fácil; a mi mujer se le caen los Chesterton de las manos apenas empezados; he dejado de insistir. Lo cierto es que sea como sea su lectura, sus escritos están siempre plagados de perlas. Vamos a ver unas cuantas que nos deja el libro de La Nueva Jerusalén, en relación con el Islam, al que dedica bastante.

Situémonos: escribe cuando el Imperio otomano ha sido desmembrado tras la Primera Guerra Mundial. En su momento, no se veía el Islam como podemos verlo hoy, como una gran religión que genera una increíble tensión, enfrentamiento y guerra. Pero sí veía el discurrir por la historia del Islam, que se extendió con el fuego y la espada, a través de la Guerra santa, desde los tiempos de Mahoma. Admiraba cosas de los musulmanes como, precisamente, su combatividad, su visión de la igualdad de los hombres y su religiosidad un tanto primitiva, lo que llamaba la religión del desierto. Y ese carácter primitivo es a lo que dedica unas páginas brillantes.

En una frase lapidaria diría: “Ya sé que los cristianos despedazaron a Hipatia, pero no despedazaron a Platón; los islámicos no habrían tenido ningún empacho en hacerlo”

En su viaje a Jerusalén pasó por Creta y Grecia. En Grecia se dio cuenta de que hubo una luz (el cristianismo) que protegió lo que el paganismo había edificado; el cristianismo aprovechó mucho de lo bueno que había en el paganismo; incluso cuando lo combatió, nunca negó su grandeza ni sus logros. Gracias a la luz del cristianismo se ha conservado la cadena del conocimiento desde nuestros orígenes; y veía como, sin embargo, en todos aquellos países que fueron invadidos por la media luna habían roto toda su conexión con el inicio. En una frase lapidaria diría: “Ya sé que los cristianos despedazaron a Hipatia, pero no despedazaron a Platón; los islámicos no habrían tenido ningún empacho en hacerlo”.

En el desierto surge la religión de Mahoma. El hombre del desierto se halla junto a una palmera. Y esta palmera, la visión de la palmera, la idea de la palmera es una idea sacramental que le hace entender al hombre del desierto que existe alguien que ha creado la palmera. El musulmán es inteligente y cree, a partir de este signo, en Dios. Pero no tiene la elaboración o la complejidad de la comparación; solo tiene la palmera delante de sí. La sencillez de su visión es su limitación. El Islam era la simplificación del credo cristiano por parte de una religión que apuntaba contra las religiones asiáticas.

Simplifica y a su vez, la simplicidad le hace imponerse; al verse sencilla se ve con la necesidad de imponerse a todos los hombres. Carece de la complejidad, la paradoja y la sutileza de los credos occidentales que hicieron, después, las constituciones civiles, con sus contrapesos y sus divisiones de poderes. Bajo la tienda de Saladino, nos dice Chesterton, no hay ley, solo cabe obedecerle o asesinarle. Y esta es una de las grandes aportaciones de Chesterton. Las ideas más fecundas, más útiles, son las aparentemente más abstractas, las verdades religiosas; de ellas depende absolutamente todo.

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Pablo Gutiérrez Carreras es doctor en Historia por la Universidad CEU San Pablo y ha puesto en marcha, recientemente, un sello editorial: Ediciones More, que, entre otros proyectos, pretende completar lo que aún queda por publicar de Chesterton en español. Casado, padre de ocho hijos (siete niñas y un niño), escribe también crítica de cine en la página www.pantalla90.es y toca la guitarra en un grupo de versiones pop-rock.