Plantaron cara a sanguinarios guerreros como Atila; a dictadores totalitarios como Hitler, Stalin o Breznev; fueron depuestos por emperadores; o fueron vilipendiados o ridiculizados por la opinión pública mundial por atreverse a decir verdades incómodas.

Como el papa Francisco viajando ahora al corazón de las tinieblas, a una República Centroafricana, pasto de la violencia yihadista, jugándose la vida para estar con los católicos perseguidos.

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Su sentido de la responsabilidad y su labor pastoral les ha llevado a desafiar el peligro, incluso físico. Actuall selecciona cinco casos de pontífices que demostraron una audacia fuera de lo común.

León I, el Papa que paró los pies a Atila

León I el Magno (390 – 461), pontífice número 45 de la Iglesia católica, salvó a Roma de las hordas de Atila, rey de los hunos, tras una entrevista que mantuvo con él, el año 452, en Mantua.

El caudillo de los hunos había invadido el norte de Italia, obligando al emperador Valentiniano III a abandonar la corte de Rávena y refugiarse en Roma. Ante el peligro que representaba, el papa, de 62 años de edad, decidió mantener un encuentro con el cabecilla bárbaro. León I logró convencer a Atila para que no lanzara sus hordas sobre la Ciudad Eterna, y para que retirara su ejército.

¿Qué le dijo? Nunca lo sabremos. Según una teoría logró la firma de un tratado de paz con el Imperio Romano, a cambio del pago de un tributo; otra hipótesis apunta a que Atila se retiró de Italia, como consecuencia de la hambruna y las epidemias.

Lo cierto es que fue capaz de enfrentarse con el caudillo bárbaro más sanguinario. Rafael inmortalizó el momento en un famoso fresco.

Pocos saben, sin embargo, que León I el Magno –canonizado en 1574- es más importante por otro asunto de mayor calado, el Concilio de Calcedonia que, ante las herejías, proclamó la divinidad y la humanidad de Cristo, «consustancial al Padre por su divinidad, consustancial a nosotros por su humanidad».

Fresco de Miguel Ángel en el Palacio Apostólico vaticano que representa el encuentro entre León I y Atila.
Fresco de Miguel Ángel en el Palacio Apostólico vaticano que representa el encuentro entre León I y Atila.

Gregorio VII, el papa que obligó al emperador a hacer penitencia 

Se llamaba Hildebrando de Soana (1020 -1085) y fue el autor de la famosa «reforma gregoriana», por poner firmes a un clero excesivamente rebajado y, sobre todo, por defender la independencia del Papado frente a reyes y emperadores.

Se distinguió por luchar contra la simonía, prohibiendo a los laicos conceder cargos eclesiásticos y dejó bien claro que sólo el sucesor de Pedro podía nombrar y deponer a los obispos.

Esto último no lo toleró el emperador del Sacro Imperio Germánico, Enrique IV, que depuso al papa. Pero Gregorio VII no se quedó de brazos cruzados, y le respondió deponiéndolo a su vez y excomulgándolo (Concilio de Letrán). Fue una terrible disputa que pasó a la Historia con el nombre de Querella de las Investiduras.

Enrique IV permaneció arrodillado tres días y tres noches a la puerta del castillo, mientras nevaba, vestido con una túnica de lana y descalzo

La firmeza de Gregorio surtió efecto, porque el emperador temió perder la fidelidad de sus súbditos si no deponía su actitud arrogante frente a Roma y aceptó hacer penitencia, como le pedía el pontífice, yendo en peregrinación al castillo de Canossa.

Para obtener el perdón papal y que le levantara la excomunión, Enrique IV, es decir el hombre más poderoso de Europa, tuvo que permanecer arrodillado tres días y tres noches a las puertas del castillo, mientras nevaba, vestido con una túnica de lana y descalzo.

No terminó aquí la cosa. Posteriormente el emperador depondría a Gregorio VII y lo sustituyó por el antipapa Clemente III. Gregorio VII se refugió en el castillo de Sant’Angelo hasta que fue rescatado por los normandos de Sicilia. Fue canonizado en 1606.

Enrique IV, en penitencia frente a Gregorio VII. Obra del pintor italiano Carlo Emanuelle.
Enrique IV, en penitencia frente a Gregorio VII. Obra del pintor italiano Carlo Emanuelle.

Pío XI, el papa que leyó la cartilla Hitler… en alemán

Si los papas del siglo XXI se enfrentan al yihadismo o la ideología de género los de la primera mitad del siglo XX se las tenía que ver con los totalitarismos nazi y soviético.

Achille Ratti (1857 – 1939), esto es, Pío XI, tuvo el valor de leer la cartilla al hombre más poderoso de la Europa de los años 30: Adolf Hitler.

En 1937, Pio XI publicó una encíclica sobre la persecución que sufrían los católicos bajo el III Reich. Constituía una condena en toda regla de la doctrina nacional-socialista. Decía que era “un error hablar de un Dios nacional, de una religión nacional”.

El Führer ordenó al jefe de la Gestapo que destruyera todas las copias de la encíclica Mit brennender Sorge

La encíclica cayó como una bomba en Berlín, entre otras razones porque de forma excepcional no llevaba un título en latín, sino en alemán. Para que no cupiera la menor duda de a quien iba dirigida. Se titulaba Mit brennender Sorge (Con ardiente preocupación).

El acuse de recibo no se hizo esperar: el Führer ordenó a Heydrich, jefe de la Gestapo, que incautara y destruyera todas las copias de la encíclica.

Al papa Pio XII tampoco le tembló el pulso para condenar el otro gran totalitarismo, el soviético, con la encíclica, la Divini Redemptoris, publicada ese mismo año de 1937.

Cesare Orsenigo, nuncio de Pío XII en la Alemania nazi, junto a Hitler y Joachim von Ribbentrop. / Archivo Federal Alemán
Cesare Orsenigo, nuncio de Pío XII en la Alemania nazi, junto a Hitler y Joachim von Ribbentrop. / Archivo Federal Alemán

Pablo VI, el papa que se enfrentó a la progresía con la Humanae Vitae

A Giovanni Battista Montini (1897 – 1978), llamado Pablo VI, le tocó vivir un periodo convulso para la Iglesia: heredó de su antecesor, Juan XIII, el Concilio Vaticano II; se enfrentó con la Teología de la Liberación; con el proceso de secularización de una parte del clero; y fue duramente criticado tanto por los más progresistas como por los más tradicionalistas.

Pero no le tembló el pulso al lanzar la encíclica más polémica y discutida del siglo XX, la Humanae Vitae (1968). Fue publicada dos meses después del mayo francés del 68, en plena efervescencia de la revolución sexual.

La píldora anticonceptiva –extendida por Occidente a comienzos de la década de los 60- había supuesto la disociación de sexualidad y procreación. Y era el primer paso para la aceptación social del aborto y su traducción en leyes despenalizadoras.

Fue la única autoridad mundial que dio la voz de alarma condenando la anticoncepción y sus consecuencias, con la Humanae Vitae

El papa Montini fue la única autoridad mundial que dio la voz de alarma condenando la anticoncepción, advirtiendo que no se puede disociar la sexualidad de un contexto de amor y señalando que el hedonismo se traduciría en destrucción de la familia y la muerte de inocentes en el seno materno.

Pagó caro su atrevimiento. Durante los últimos diez años de su vida (hasta 1978 en que falleció) fue vilipendiado y ridiculizado. Aquel hombre tímido y reservado soportó estoicamente el estigma y la incomprensión.

Pero a su muerte fue considerado un “mártir de la verdad”, por la fortaleza y la clarividencia que demostró con una encíclica que ha resultado ser profética.

Visita de Pablo VI a Venecia en 1972, con el cardenal Albino Luciani, futuro Juan Pablo I.
Visita de Pablo VI a Venecia en 1972, con el cardenal Albino Luciani, futuro Juan Pablo I.

Juan Pablo II el papa que se enfrentó al comunismo y derribó el Muro

La figura de Karol Wojtyla (1920 – 2005) recuerda a algunos pontífices medievales, por su influencia decisiva sobre acontecimientos históricos. Y por su valentía extraordinaria.

En primer lugar, se enfrentó al comunismo soviético, al plantar cara al régimen del mariscal Jaruzelski, el títere polaco de la URSS. En 1979, solo 8 meses después de ser nombrado pontífice hizo su primer viaje a Polonia, y esa fue la espoleta del sindicato Solidaridad y el principio del fin del Telón de Acero. El Muro caería solo diez años más tarde.

Y pagó con sangre su osadía al ser tiroteado el 13 de mayo de 1981 por el turco Ali Ağca en la Plaza de San Pedro. Fue herido en la mano, brazo y abdomen. Dos años más tarde, visitó a su agresor a la cárcel, y le otorgó el perdón.

Pero también despreció el peligro de la Mafia siciliana, al increpar en a los responsables de la Cosa Nostra

Pero también despreció el peligro de la Mafia siciliana, cuando se atrevió a cantarle las cuarenta en público. Sucedió en 1993, cuando de visita en Agrigento (Sicilia) improvisó unas palabras tras celebrar una Misa e increpó a los cerebros de la Cosa Nostra: “En nombre de Cristo crucificado y resucitado, que es camino, verdad, y vida, me dirijo a los responsables: ¡Convertíos, un día vendrá el juicio de Dios!”.

Juan Pablo II conversa con el presidente de los EEUU Ronald Reagan y su mujer Nancy en 1982. / National Archives via pingnews
Juan Pablo II conversa con el presidente de los EEUU Ronald Reagan y su mujer Nancy en 1982. / National Archives via pingnews

 

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