Adolf Hitler trazó un plan para secuestrar al Papa Pío XII

No es probable, ya se lo anunciamos aquí, que la sensacional revelación de los planes de los nazis para secuestrar a Pío XII, sean en la prensa al uso, no ya material de primera, sino algo más de una recensión a pie de página.

Entiéndanlos, a nadie le gusta hacer el ridículo, e informar ahora del avanzado proyecto de llevarse por la fuerza a Berlín a Eugenio Pacelli cuando llevan décadas llamándole -con el título de un libro patético que recibió en su día todos los parabienes- ‘el Papa de Hitler’.

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La noticia ha aparecido en el diario oficial del Vaticano,  ‘L’Osservatore Romano’, que publica una carta de Antonio Nogara, hijo del entonces director de los Museos Vaticanos, fallecido en 2014. En ella se relata cómo los servicios secretos aliados interceptaron y transmitieron a la Santa Sede un detallado plan por el que un comando alemán habría de secuestrar a Pío XII.

Esa misma noche se buscó un escondite para el pontífice, la Torre de los Vientos, un torreón que se alza sobre un ala de la Biblioteca Vaticana. Al final, las complicaciones bélicas hicieron aconsejable a los alemanes abandonar el plan y no hizo falta echar mano del refugio improvisado.

La emocionante historia debería hacer callar definitivamente la ridícula leyenda de que la Iglesia en general y el Papa en particular actuaban en connivencia con el Tercer Reich o, en el mejor de los casos, mostraron ante sus crímenes una pasividad criminal.

No, es broma. Nada va a alterar la narrativa.

En realidad, esta noticia no va a cambiar nada porque los testimonios a favor del Papa Pacelli y en contra de sus detractores son absolutamente abrumadores.

No va a cambiar nada, o lo hubiera hecho conocer su papel como redactor en su condición de Secretario de Estado de Pío XI de la encíclica Mitt Brennender Sorge -“Con ardiente inquietud”- que se ordenó leer en todas las iglesias alemanas durante el nazismo (Pacelli había sido durante años nuncio en Alemania) y en la que se afirmaba lo siguiente:

Todo el que tome la raza, o el pueblo, o el Estado, o una forma determinada del Estado, o los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana […] y los divinice con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios”.

No va a cambiar nada, o lo hubiera cambiado la reacción de una fuente tan poco sospechosa como The New York Times -propiedad de una familia judía- al finalizar la guerra, cuando agradeció al pontífice haber sido el único no beligerante en plantarle cara al nazismo.

Einstein:”Sólo la Iglesia permaneció firme para cerrar el camino a las campañas de Hitler que pretendían suprimir la verdad”

No va a cambiar nada, o ya lo hubieran reconocido después del agradecimiento expreso de tantos judíos célebres, como revela esta carta del genial físico Albert Einstein en la revista TIME:

“Cuando tuvo lugar la revolución en Alemania, miré con confianza a las universidades, pues sabía que siempre se habían enorgullecido de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron amordazadas. Entonces confié en los grandes editores de los diarios que proclamaban su amor por la libertad. Pero, al igual que las universidades, también ellos tuvieron que callar, sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció firme, en pie, para cerrar el camino a las campañas de Hitler que pretendían suprimir la verdad. Antes nunca había experimentado un interés particular por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque la Iglesia fue la única que tuvo la valentía y la constancia para defender la verdad intelectual de la libertad moral.”

Albert Einstein, en una imagen de 1947 /Wikimedia
Albert Einstein, en una imagen de 1947 /Wikimedia

No va a cambiar nada, o hubieran recogido velas, avergonzados, cuando casi cada año sube el número de judíos de los que se sabe fueron directamente salvados de ir a los campos de concentración por la intervención directa, activa y solícita del Pontífice.

No va, en fin, a cambiar. La excusa es que la Santa Sede mantuvo relaciones con las autoridades de Berlín -exactamente como todos los países y organizaciones internacionales del mundo- y que no condenó explícitamente el Holocausto, algo que tampoco hizo ninguna otra instancia sino los propios aliados, en guerra a muerte con Alemania, y eso en fecha muy tardía y sin un énfasis especial.

El Kremlin estaba dispuesto a acabar físicamente con todo el clero católico de los países que controlaba si del Vaticano llegaba una condena demasiado expresa

Es decir, una vez más, los enemigos de la Iglesia le hacen el honor de esperar de ella que sea totalmente distinta a cualquier organización o corporación humana, y en eso tienen razón. Lo que no entienden, y eso solo puede escandalizar a los idiotas, es que hay cosas que la Iglesia no puede hacer sin poner en peligro grave la vida de sus hijos y su propia presencia en los regímenes tiránicos.

Es curioso que quienes pretenden que la Iglesia hiciera lo que no hizo nadie con el comunismo no se asombren de que tampoco hiciera un similar ataque explícito, ardiente y reiterado con esa otra ideología inhumana que hizo de Dios su enemigo jurado, el comunismo.

La razón es la misma: el Kremlin estaba dispuesto a acabar físicamente con todo el clero católico de los países que controlaba si del Vaticano llegaba una condena demasiado expresa.

Pero no desesperen. Algún día Juan XXIII será “el Papa de Stalin” o Juan Pablo II “el Papa de Jaruzelsky”, ya verán.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.