Lo queramos o no, el islam está en guerra con Occidente. Rechazamos la idea porque entre nuestras libertades fundamentales está la religiosa, que nos permite practicar la religión que queramos, incluida la musulmana, sin que nadie tenga derecho a impedirlo. Parte esta libertad del principio de que profesar una religión no es en sí mismo algo peligroso. Y con ser esto verdad, necesita ser matizado sin complejos. Ser alemán no constituye ningún peligro para nadie. Y, sin embargo, en 1939, cuando Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, cualquier alemán que hubiera llegado a las islas habría sido contemplado al menos con recelo. En Estados Unidos, la patria de la libertad, los estadounidenses de origen japonés fueron internados en campos de concentración durante todo el conflicto.

Sabemos que en la mayoría de las guerras, las ideas juegan alguna clase de papel, pero casi siempre es el de servir de pretexto para defender intereses materiales. Y, cuando son genuinamente fuente de enfrentamiento, creemos que son las ideas políticas las que nos enfrentan y pensamos que es imposible que lo haga la religión. Sin embargo, mucho antes de que el fascismo, el socialismo, el comunismo o el liberalismo fueran fuente de conflicto, lo fue la religión. Mucho más la islámica, que desde que apareció fue origen de multitud de guerras.

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El terrorismo no es más que una táctica militar. Cuando un grupo social pretende imponer por la fuerza un cambio político en beneficio propio pero no dispone de medios militares suficientes para hacerlo, recurre al terrorismo. Éste permite que el grupo social en cuyo favor se combate quede al margen y sólo luchen los pocos dispuestos a arriesgar su vida en beneficio del conjunto.

La idea es socavar la capacidad de resistencia de la sociedad contra la que se atenta para que haga concesiones al grupo social en cuyo nombre se lucha a cambio de que los atentados cesen.

El grupo, en su conjunto, no es completamente inocente. No sólo porque es quien se beneficia de lo que los terroristas consigan, sino porque sin el apoyo moral del grupo, que comparte, apoya y defiende los objetivos políticos de los terroristas, aunque no justifique los medios, aquéllos tan sólo serían criminales y no tendrían ninguna oportunidad de lograr sus objetivos.

Son muchos los musulmanes que desean que, donde su religión es mayoritaria, el Estado se organice conforme a las leyes coránicas  y que, donde no lo es, los musulmanes vivan al margen de las leyes del Estado donde residen

Para bien o para mal, son muchos los musulmanes que desean que, donde su religión es mayoritaria, el Estado se organice conforme a las leyes coránicas y que, donde no lo es, los musulmanes vivan al margen de las leyes del Estado donde residen y se les permita regirse conforme a las leyes de su religión, se extienda el islam y, cuando los musulmanes sean mayoría, que las leyes del Estado sean las islámicas. Que no se atrevan a defender este objetivo uniéndose a los terroristas no permite considerarlos totalmente inocentes.

Quieren crear un gran califato en el que la mayoría de los países que hoy son occidentales, en especial España, no sean más que una provincia regida por las leyes musulmanas

El objetivo final es la creación de un gran califato en el que la mayoría de los países que hoy son occidentales, en especial España, no sean más que una provincia regida por las leyes musulmanas y donde quienes profesan una religión diferente sean mal que bien tolerados a cambio del pago de un impuesto. Y hay que impedir tanto a los terroristas como a los que no lo son que lo consigan.

No digo que tengamos que hacer con los musulmanes que viven en Occidente lo que los norteamericanos hicieron con los japoneses. Digo que no podemos ignorar que quienes nos han declarado la guerra lo han hecho por ser musulmanes ellos y por no serlo nosotros. Si no tenemos empacho para prohibir la xenofobia, el odio o los partidos totalitarios, no deberíamos tampoco tenerlo para prohibir, mientras dure esta guerra, las manifestaciones públicas de una religión que muchos de quienes la profesan quieren en su nombre acabar con nosotros. Cuando ya no haya peligro, tampoco habrá razón para mantener la prohibición.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.