Nos atacan por ser cristianos

    La 'World Watch List' de Open Doors reconoce que 300 millones de cristianos están en riesgo en el mundo. El informe de Open Doors no es optimista: si en 2017 se asesinó a 3.066 cristianos, la cifra se ha incrementado a 4.305 en 2018.

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    Los cristianos son el colectivo religioso más perseguido del mundo.
    Los cristianos son el colectivo religioso más perseguido del mundo.

    La ‘World Watch List’ de la ONG especializada Open Doors no da lugar a dudas y confirma lo que ya nos viene diciendo otros informes como los de Ayuda a la Iglesia Necesitada, en el que se reconoce que 300 millones de cristianos están en riesgo en el mundo.

    El informe de Open Doors no es optimista: si en 2017 se asesinó a 3.066 cristianos, la cifra se ha incrementado a 4.305 en 2018. El primer puesto se lo lleva Corea del Norte, donde solo poseer una Biblia es delito y que la ONG tilda de «país más duro donde ser cristiano». La dictadura comunista tiene el dudoso honor de haber matado a más cristianos en 2018. El país retiene a entre 80.000 y 120.000 personas en campos por razones de credo.

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    Le sigue Afganistán, con mismo número de muertos, aunque una población cristiana que vive completamente escondida por miedo a la persecución, ya que el país de los Talibanes sigue siendo uno de los países islámicos más difíciles donde ser cristiano.

    Del informe se concluye que el Islam es a día de hoy el mayor obstáculo para la libertad religiosa en el mundo

    El resto de este macabro top-10 está poblado de países islámicos, como Libia, Pakistán, Sudan, Eritrea, Yemen e Irán, y cierra la lista la India, donde según Open Doors hay grupos trabajando hacia la ‘Hindutva’, un proceso de hacer el país completamente Hindú, y donde sea ilegal convertirse al Cristianismo. «La policía rara vez interviene cuando se acosa a un cristiano», afirman desde Open Doors.

    Del informe se concluye, a excepción de la dictadura comunista más atroz y longeva de la Historia, que el Islam es a día de hoy el mayor obstáculo para la libertad religiosa en el mundo, ya que los habitantes de países islámicos, con honrosas excepciones como Emiratos Árabes Unidos que aunque tolera la presencia de cristianos occidentales por motivos laborales, no lo es tanto con los conversos del islam, aunque está muy por debajo de otros países en la lista que proporciona Open Doors.

    Si no se hace algo el Islam teminará ahogando la flor del evangelio en sangre

    Sin lugar a dudas no ayuda que, desde Naciones Unidas, se organicen comités sobre Derechos Humanos para que termine presidiéndolos Arabia Saudita, por ejemplo. Uno de los países en los que las violaciones a estos derechos y a la libertad religiosa están al orden del día, sin que las Naciones Unidas hagan nada al respecto. Solo el año pasado el único estado democrático en la región de Medio Oriente fue el objeto de más de 20 condenas por esa organización internacional. Cuestión de prioridades.

    El Santo Padre puede hacer todas las visitas que se tercie a Tierra Santa y Oriente Medio. Sin una actitud firme frente a quienes nos persiguen, seremos sin duda muy evangélicos y los cristianos sembrarán sangre de mártires allí donde mueran -contaba Infocatólica por ejemplo, que los mártires de Libia son fuente de miladros-, pero en el mejor de los casos, el Islam teminará ahogando la flor del evangelio en sangre, si no se hace algo.

    El diálogo interreligioso necesario lo propugna por ejemplo un imán en Australia, Mohammad Tawdidi, para quien la persecución religiosa y el islamismo fundamentalista son una aberración. Y es que lo único de lo que hay que hablar con el Islam es cómo parar este incesante reguero de muerte.

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    Miguel Vinuesa (1983, Madrid) es licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, y cursó el Máster de traducción de la Universidad de Ginebra (Suiza). Fue responsable de comunicación interna en una empresa relacionada con el mundo financiero y anteriormente ha sido parte de los gabinetes de prensa de Telefónica, la Conferencia Episcopal o la propia Universidad San Pablo-CEU. Actualmente es redactor en la Fundación CitizenGO.