Varios hechos han destacado en el Medio Oriente durante los últimos días, pero uno de ellos ha pasado de puntillas por la opinión pública.

La visita del patriarca de la Iglesia católica maronita, cardenal Béchara Boutros Raï, a Arabia Saudí, máximo exponente del fundamentalismo islámico con su corriente wahabí.

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Arabia Saudí practica una interpretación extremista y excluyente del Islam, y prohíbe cualquier expresión religiosa distinta de la versión oficial suní.

Tampoco permite, claro está, cualquier otra práctica religiosa, así como la construcción de templos de otros cultos.

“No vamos a pasar otros 30 años bajo ideas extremistas. Vamos a destruirlas cuanto antes”, afirmó el príncipe saudí

Si las declaraciones de hace unas semanas del príncipe heredero Mohamed Bin Salam en las que afirmaba que había llegado el momento de poner fin al fundamentalismo islámico en su país y de impulsar un islam moderado ya fueron una sorpresa, la visita del patriarca maronita es un hecho excepcional.

Líbano vive desde hace décadas una situación política conflictiva, haciendo malabarismos en una sociedad dividida entre la población cristiana, musulmanes chiíes y musulmanes suníes, que ha provocado numerosos enfrentamientos.

El país se ha considerado un campo de batalla entre Arabia Saudí (que apoya a la población suní) e Irán (que lo hace con la parte chií).

Arabia Saudí prohíbe cualquier expresión religiosa distinta de la versión oficial suní

Durante la recepción, tal y como informa Aciprensa, hubo un ambiente de cordialidad y se destacaron las relaciones entre Arabia Saudí y Líbano.

También se habló sobre la importancia de las diferentes religiones y culturas para promover la tolerancia, la renuncia a la violencia y para garantizar la seguridad y la paz en la región.

“El 70% de los saudíes es menor de 30 años, y no vamos a pasar otros 30 años viviendo bajo ideas extremistas. Vamos a destruirlas cuanto antes”, afirmó el príncipe saudí, que también reclamó un islam “que signifique tolerancia y bondad. Queremos vivir una vida normal”. Nunca mejor dicho, así sea.

 

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