Verdad, justicia y nación: mensajes “subversivos” del Padre Popiełuszko

    El pueblo polaco estaba por escribir un capítulo nuevo para la historia. Era el primer sacerdote que conseguía franquear la puerta de la fábrica de acero Huta Warszawa e iba a celebrar la Santa Misa. Un par de años después se referiría a este momento como inolvidable.

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    La primera misa en la fábrica de acero fue la semilla de las Misas por la Patria
    La primera misa en la fábrica de acero fue la semilla de las Misas por la Patria

    La Sirena neón de la Biblioteka Publiczna captó su atención. Bartek la miró y dejó que pasara el tiempo, sólo fueron unos segundos pero a él le pareció una eternidad. Suspiró, volvió la mirada al camino y se fue a casa. Era la noche del 30 de agosto de 1980 en Varsovia.  

    Cuando Jerzy dobló por la calle vio una multitud, supuso que era la entrada de la fábrica. Se acercó al portón de acero, estaba temblando «¿Qué encontraré? ¿Cómo me van a recibir? ¿Habrá donde oficiar? ¿Quién va a leer los textos, a cantar?»

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    Padre Popiełuszko en la fábrica de acero Huta Warszawa con los trabajadores
    Padre Popiełuszko en la fábrica de acero Huta Warszawa con los trabajadores

    Bartek había llegado antes, puso las flores al pie de la cruz, decoró el altar, estaba nervioso. No podía creer que fuera verdad, habían conseguido que se oficiara una misa en la fábrica. A pesar de la emoción, temía que en cualquier momento se presentaran las autoridades con algún pretexto absurdo para cancelarla.

    Estos pensamientos rondaban su cabeza cuando vio que sus compañeros se acercaban apresurados a la entrada. Empezó a oír aplausos, su corazón latía de prisa y de pronto vio a un hombre vestido con sotana negra, alzacuellos y un pequeño maletín. Tenía cara de niño, sonreía sorprendido.

    Cuando se acercó a la multitud no entendía lo que estaba pasando, miró detrás de él un par de veces, ¿vendrá algún famoso detrás? Entonces, se dio cuenta. El pueblo polaco estaba por escribir un capítulo nuevo para la historia. Era el primer sacerdote que conseguía franquear la puerta de la fábrica de acero Huta Warszawa e iba a celebrar la Santa Misa. Un par de años después se referiría a este momento como inolvidable.

    Entre la solemnidad y la alegría se vivió un momento de unidad entre hermanos. Bartek tenía un nudo en la garganta. Se leyeron las lecturas, el evangelio, la homilía del Padre Jerzy «la victoria de una causa justa no se puede obtener sin Dios», sus palabras sobre la verdad y la justicia, le llegaron al alma. Después vino el momento de las peticiones «… por los que están privados de la libertad, detenidos, confinados, condenados, por ellos y por sus familias…» llegó el punto culmen con la consagración, la comunión y los cantos.

    La primera misa en la fábrica de acero fue la semilla de las Misas por la Patria
    La primera misa en la fábrica de acero fue la semilla de las Misas por la Patria
    La cruz de la fábrica se puso en la entrada, donde aguantó firme en los tiempo más difíciles
    La cruz de la fábrica se puso en la entrada, donde aguantó firme en los tiempo más difíciles

    El pueblo polaco volvió a tener esperanza y fuerza para resistir al gobierno comunista. Casi de inmediato comenzaron las Santas Misas por la Patria en la parroquia de San Stanislaw de Kostka en el barrio de Zoliborz, las celebraba el padre Jerzy Popiełuszko el último domingo de cada mes a las siete de la tarde.

    Bartek acudía con su familia y compañeros de la fábrica. Cada domingo había más y más gente que venía de toda Polonia, estaba sorprendido.

    El lugar estaba abarrotado, Bartek se quedó en una calle aledaña y escuchó por los altavoces la ya conocida voz del Padre Popiełuszko:  

    «Es imposible matar la esperanza. Hoy día tenemos necesidad de reclamar con valentía para la nación el derecho de estar al servicio del amor, de la libertad de conciencia, de la cultura y de la herencia nacional. No se puede crear una historia sin pasado, no se puede olvidar el camino cristiano de nuestra nación. No se pueden cortar las raíces de nuestro pasado más que milenario, porque un árbol sin raíces se derrumba».

    Además de los miles fieles, llegaban también agentes de la policía.

    La vigilancia por parte de la policía fue permanente
    La vigilancia por parte de la policía fue permanente

    Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. El periódico soviético Izvestia decía que «Popiełuszko era un cura guerrero, que incitaba a los fieles con eslóganes anti-soviéticos e intensificaba sus discursos contra el Estado». Bartek sabía lo que eso significaba.

    Dejó el periódico sobre la mesa. Cerró los ojos y recordó una parte de la última homilía:

    “No despreciemos nuestro ideal por un plato de lentejas, no despreciemos nuestro ideal vendiendo a nuestros hermanos. Depende de ti, de todos nosotros, de nuestra preocupación por nuestro hermanos inocentes aprisionados, de nuestra vida en la verdad odos los días, que llegue la hora en que podamos compartir nuestro pan cotidiano en el amor y la solidaridad.

    En este momento en que nuestra nación necesita todas sus fuerzas para recobrar y conservar su libertad, pidamos a Dios que nos dé el poder de su Espíritu. Que calme nuestros corazones y nos de la confianza de la victoria. Seamos valientes

    Como el sol en otoño, un rayo de esperanza dio calor al corazón de Bartek.

    El Beato Jerzy Popiełuszko fue secuestrado, brutalmente torturado y asesinado por la Policía Secreta del Gobierno Comunista el 19 de octubre de 1984. Arrojaron su cuerpo al río Vístula. Lo consideraban subversivo.  

    * Bartek es un personaje ficticio usado para narrar los hechos.

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    María Isabel Moreno, (México D.F., 1987) es periodista y escritora nocturna. Aficionada a la novela policiaca, se define como "defensora de las causas justas" y 'foodie' declarada desde que conoció la gastronomía española. Dió sus primeros pasos en el periodismo dando las noticias "Cada hora en la hora" y después como corresponsal desde España contando para México historias de la Madre Patria. Ha colaborado en reportajes de denuncia social sobre vivienda y contaminación. Se confiesa curiosa desde que abrió los ojos, cualidad sobre la que asegura: "Bien dicen que la curiosidad mató al gato, pero creo firmemente que después de descubrir la verdad, el gato murió tranquilo".