Imagen referencial de pobreza y justicia social / Pixabay-Leroy Skalstad.
Imagen referencial de pobreza y justicia social / Pixabay-Leroy Skalstad.

Quizás esta feo decirlo, pero creo que el juicio que desde Enraizados emitíamos, en nuestro análisis sobre la cercanía de los diferentes programas políticos a los llamados Principios No Negociables de Benedicto XVI (nos congratula que nuestra idea se haya extendido a otros medios e iniciativas en esta campaña, cada uno usando los mismos principios pero aplicándolos según su conciencia), y a los criterios señalados por el Secretario Portavoz de la Conferencia Episcopal Española, ha sido corroborado por el resultado de las elecciones:

  1. Después de mucho tiempo los valores que defendemos han sido protagonistas de la campaña electoral, han sido asumidos por algún partido aunque no en su totalidad (incluso con algún punto negativo) y finalmente han entrado en el Congreso
  2. Sin embargo no es suficiente. Aquellos que amamos la vida, entendemos que la sociedad debe ser la protagonista en la educación y defendemos la subsidiariedad del Estado, reconocemos el matrimonio natural como base de la familia, y apostamos por el bien común nacional y mundial, aún tenemos mucho que trabajar si queremos que la sociedad acoja estos valores como propios.

Por ello si bien por una parte debemos estar satisfechos de lo conseguido, por otra debemos tener una sana insatisfacción que, lejos de llevarnos al desaliento o al pesimismo, nos invite a redoblar esfuerzos para seguir batallando. ¿O alguno creía que ganando en Covadonga ya se culminaba la Reconquista?

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Hay que alejarse del debate derechas-izquierdas. Es un debate caduco y trasnochado

Y la batalla tiene que ser cultural (sobre todo evangelizador,a pero no me ocupo de esto en este artículo) y, sobre todo, ampliando la masa social a la que debemos llegar.

Hay que alejarse del debate derechas-izquierdas. Es un debate caduco y trasnochado.

Hay que centrarse en los derechos de la persona y en sus deberes.

Especialmente hay que darse cuenta de que las crisis que hemos vivido ha afectado a muchas personas. Hay que estudiar cómo dirigirse a ellas, cómo luchar por lo que de verdad es una justicia social adecuada.

Muchos se han echado la mano a la cabeza con la subida del salario mínimo interprofesional. Reconozco que no soy un experto que pueda estudiar la repercusión de esa subida en la creación/destrucción de empleo. Tampoco en el incremento del consumo y de la economía al tener más renta muchas personas. Pero me rechina el desprecio a intentar mejorar la situación de los que menos ganan al mismo tiempo que un silencio absoluto sobre muchas medidas financieras injustas que protagonizan las grandes transacciones internacionales, la injusta pérdida de derechos cambiando el marco normativo de las relaciones laborales en medio del partido y permitiendo a grandes corporaciones y fondos que ganan dinero echar a gente a la calle con menos indemnización al mismo tiempo que sus directivos se llevan bonus millonarios precisamente por echarlos.

No quiero hacer demagogia y entiendo que la coyuntura mundial que en muchos casos está dominada por una economía financiera no real, no se puede cambiar de un día para otro. Pero si un partido quiere ser mayoritario debe también dirigirse a esos millones de personas cuya preocupación real es llegar a fin de mes y dejar un mejor futuro a sus hijos.

Hay que mostrar un conocimiento lo más real y exacto posible de las familias, de los parados, de los más necesitados de la sociedad, y animándoles a ser protagonistas de sus propias vidas, crear también un ordenamiento jurídico que les ampare, les tome en consideración y les ayude.

Al mismo tiempo hay que reconocer el gran trabajo de tantos autónomos y tantas pequeñas empresas en España animadas por empresarios que crean lo más importante que tenemos en la vida económica, el trabajo, que dignifica a la persona.

Y distinguir entre aquellos que, sean inmigrantes o no, pretender cambiar nuestros valores y pretenden vivir de la sopa boba, de aquellos que están trabajando con nosotros para vivir bien ellos y sufragan también todas las cargas comunes que tenemos. Si soportan las cargas o están en trámite de hacerlo, deben recibir los derechos o la ayuda necesaria que el cumplimiento de sus deberes conlleva.

Asimismo la solidaridad ha sido siempre una nota distintiva del español, hasta el punto de llevarnos a empresas quijostescas que excedían nuestras capacidades. Es cierto que la solidaridad verdadera no debe ser solo con los que llegan a España sino que debe ser principalmente en origen y evitando generar el efecto indirecto de propiciar las mafias migratorias. Ya el cardenal africano Sarah ha advertido mucho sobre este tema y la emigración en África. Pero debe quedar clara la solidaridad del pueblo español con cualquier pueblo, sea por su situación política (Venezuela, Cuba, China) o económica.

Para los interesados puede verse un video resumen de nuestro análisis en este enlace y el informe completo en este otro.

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Casado y padre de cinco hijos. Católico, español y con inquietudes sociales y políticas. DEA en Derecho y Licenciado en Derecho y Administración de Empresas. Presidente y cofundador de Enraizados.