Más campeones y menos cabrones

    Somos yonquis de la novedad, del cambio, de los estímulos. Los niños y los hombres sencillos no necesitan novedad para disfrutar cada segundo. La misma realidad de la rutina ya es sorprendente para ellos.

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    Campeones, la película que ha cautivado al público español.
    Campeones, la película que ha cautivado al público español.

    No soy consumidor habitual de programas televisivos. Mi mujer y yo decidimos al casarnos no dar entrada a la caja tonta en nuestro hogar. Pero somos débiles y de vez en cuando miramos por internet algún programa que nos interesa particularmente.

    La última película que vimos fue Campeones, nos hizo reír y llorar, una obra maestra. Por lo que no podíamos perdernos el Salvados de Évole, que versaba sobre dicho film.

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    Me llamaron positivamente la atención algunos aspectos del programa, para mí una verdadera lección:

    1.- El amor de los padres

    Esos chavales, que se saben limitados (menos para el amor), entienden que en el mundo hay unas personas que los aman incondicionalmente, hagan lo que hagan y sean como sean: sus padres. El resto de los mortales, que nos creemos menos limitados (seguramente en el amor lo somos mucho más), tendemos a pensar que son un estorbo, cuanto más lejos, mejor. Y olvidamos esa verdad tan simple y tan real que ellos no olvidan nunca: nadie, ni el colegio, ni el club, ni los amigos, nos va a querer nunca como nos quiere la familia.

    2.- La inocencia de ser niño

    A lo largo del programa más de uno dice que no quiere ser mayor, que quiere seguir siendo siempre un chiquillo. Y es que el niño es simple, sincero, alegre, soñador, divertido, creativo. Ellos, los Campeones, son como niños, y lo serán siempre. Me imagino que no les gusta lo que ven a su alrededor, hombres que hemos dejado de ser niños, y ellos, en su infinita inocencia, temen acabar como nosotros: ambiciosos, acomplejados, tristes, aburridos y malhumorados. A mí me gustaría ser niño otra vez. Como ellos. Y creo que es un deseo muy cuerdo. Y es que vivimos en un mundo lleno de viejos de espíritu.

    En un mundo de cabreos y cabrones, la humildad y la sencillez arrancan una sonrisa a cualquiera, incluso al más duro de corazón

    3.- La aceptación de la realidad

    “Me siento útil y no lo cambiaría por nada”. Esa es la respuesta de uno de los protagonistas. Lleva 13 años trabajando en lo mismo y cobrando 800 euros al mes. Y la cuestión es si dejaría ese trabajo, en el caso de que le tocara la lotería. Importante detenerse en algunos aspectos. Primero, 13 años, toda una vida. El hombre moderno no es capaz de aguantar más allá de 3 minutos mirando un vídeo o 4 años haciendo el mismo trabajo por el mismo sueldo. Somos yonquis de la novedad, del cambio, de los estímulos. Los niños y los hombres sencillos no necesitan novedad para disfrutar cada segundo. La misma realidad de la rutina ya es sorprendente para ellos.

    4.- La auténtica alegría.

    Estamos acostumbrados a ver las noticias, a ver las películas, a andar por la calle o a ponernos al volante con el ceño fruncido. Y ayer, viendo a estos Campeones, me di cuenta de que tenía media sonrisa dibujada en el rostro. Del todo involuntaria. Ellos la propiciaron, igual que a otros muchos que van por la vida con el ceño fruncido. Y es que en un mundo de cabreos y cabrones, la humildad y la sencillez arrancan una sonrisa a cualquiera, incluso al más duro de corazón. ¡Qué bonito y esperanzador ver lo poco que se necesita para ser feliz! Y está a años luz de lo que la sociedad nos ofrece. Ni fama, ni dinero, ni trabajo, ni fiesta, ni culto al cuerpo, ni doctorados, ni reconocimientos… una vida vivida con humildad y sencillez. Con eso basta. 

    Después de ver todo lo que podemos aprender de quienes dan amor a manos llenas a pesar de tener un coco limitado, no puedo menos que entristecerme viendo que la mayoría de los posibles Campeones, nunca verán la luz. Ya no les dejan nacer. Entiendo que el problema está en que nuestros ojos no son capaces de ver más allá del problema a solucionar, de la carga difícil de soportar, pero el rotundo éxito de la película, nos demuestra que el AMOR lo puede todo.

    Y cuando, por el descuido de unos o la generosidad de otros, el «problema» viene al mundo, descubrimos que es un regalo, un regalo desbordante de amor, y contentos celebramos su fiesta cada 21 de marzo, otra de las muchas celebraciones hipócritas de nuestro mundo. Y yo, que cumplí los requisitos básicos para que se me permitiera nacer, quisiera parecerme mucho más a ellos, porque quiero ser un campeón, quiero volver a ser niño. Quiero ser como ellos. Y no entiendo por qué a tantos se les niega el don de la vida, si son unos Campeones.

    Necesitamos más campeones y menos cabrones.

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