Portada de El Periodico de Cataluña del 19 de febrero de 2017 sobre la manifestación pro refugiados
Portada de El Periodico de Cataluña del 19 de feberero de 2017

La fosilización de la izquierda se está acelerando a tal velocidad que los progres ya se parecen a quienes criticaban en los años de su lejana juventud de trenka, porro y greñas. Entonces, se burlaban de la hipocresía de las marquesonas que daban limosnas para los africanos, los chinos o los indios, pero se negaban a subir el sueldo a sus empleados.

Ahora la izquierda pide inmigrantes, refugiados y -la ‘aristocracia’ de los extranjeros extracomunitarios-, sirios para recibirlos con peluches, como hicieron los alemanes en el verano de 2015. Mientras tanto, en España viven unas 40.000 personas en la calle y casi dos millones de ninos pasan hambre. Si se quiere practicar la justicia –no la caridad, palabra aborrecida por cualquier tertuliano progresista-, hay ocasión de hacerlo en la propia ciudad, pero no es tan ‘cool’.

Una ciudadana alemana regala un peluche a un inmigrante.
Una ciudadana alemana regala un peluche a un inmigrante.

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Hace una semana, el 18 de febrero, en Barcelona, donde el Ayuntamiento ha censado a más de 900 personas que duermen a la intemperie, tuvimos un ejemplo de esa, vamos a llamarla contradicción. Tropecientos mil catalanes se reunieron en una ‘performance’ para pregonar su bondad y su solidaridad al mundo entero, sobre todo a los vecinos ibéricos y europeos, bajo el lema “¡Basta de excusas! ¡Acoger ahora!” (“¡Prou excuses! ¡Acollim ara!”). Con esteladas y carteles como hierros de ganadería y con los políticos y los periodistas como perros pastores.

Unos días antes, unas cuantas momias de la ‘gauche caviar’ como Joan Manuel Serrat, Lluís Llach, Paco Ibáñez y Marina Rossell -¿nunca se van a jubilar?- y meritorios como Jordi Évole, habían participado en un concierto para subir los latidos de corazón de los buenistas.

Ya sé que sonará a demagogia, pero para mí habrían tenido más fuerza y sinceridad las proclamas de los pensadores, perdón, cantantes, si cada vez que se acercaban al micrófono un rótulo hubiese dado la dirección de su casa para que fueran a ella los inmigrantes/refugiados o dado el número de éstos que habían recibido.

“Me asombra que haya tanto catalán que quiera acoger unos miles de refugiados árabes cuando un sector de la poblacion quiere expulsar de la región a sus paisanos no separatistas”

Cuando las personas buscan ansiosas una identidad, los catalanes fetén pueden ser a la vez republicanos, catalanistas, europeos, laicos, espirituales, vegetarianos, multiculturales, pacifistas, subvencionados, demócratas, antifranquistas, sostenibles, feministas, colonizados, culés, progresistas, lectores de La Vanguardia, ‘runners’ y, coronando el pastel, solidarios, tremendamente solidarios.

Inmigrantes asiáticos se suman a una manifestación independentista reivindicando "todos somos catalanes, y queremos la independencia"
Inmigrantes asiáticos se suman a una manifestación independentista reivindicando “todos somos catalanes, y queremos la independencia”

“En Cataluña no cabe todo el mundo”

Me asombra que haya tanto catalán que quiera acoger unos miles de refugiados árabes cuando un sector de la poblacion quiere expulsar de la región a sus paisanos no separatistas.

Hace unos años el democristiano Josep Antoni Duran Lleida (CiU) dijo que en Cataluña “no cabe todo el mundo”; el republicano Heribert Barrera (ERC) afirmó que “si continúan las corrientes inmigratorias actuales Cataluña desaparecerá”; la (presunta) corrupta Marta Ferrusola reveló que su marido, Jordi Pujol, “está cansado de dar viviendas sociales a magrebíes y gente así”; y Carles Puigdemont advirtió de que “los invasores serán expulsados de Cataluña” en el momento feliz en que se proclame la república catalana.

Y de pronto, por arte de birlibirloque, los dirigentes de esos partidos ahora gimotean para conseguir que se les dé un peluche, digo un refugiado.

“¿Los emplearía el Ayuntamiento como guardias de seguridad, tal como hizo el de Colonia para vigilar la fiesta de Nochevieja en que se cometieron los cientos de asaltos sexuales?”

Me pregunto cuántos de los manifestantes, empezando por la alcaldesa Ada Colau, hicieron las cuentas de lo que costaría atender a esos cientos de personas que exigen se les entregue… y si hay dinero para ello.

Recordemos que la Generalitat, tan ocupada en el ‘procés’, paga los medicamentos a los farmacéuticos con cuatro o cinco meses de retraso. ¿Trabajarían los acogidos por un euro la hora, como en Alemania?, ¿los contrataría Starbucks con preferencia a los catalanes o a los inmigrantes legales?, ¿los emplearía el Ayuntamiento como guardias de seguridad, tal como hizo el de Colonia para vigilar la fiesta de Nochevieja en que se cometieron los cientos de asaltos sexuales?

“Para esta mentalidad buenista el refugiado es un cachorrito que se compra en un arrebato de sentimentalismo y, cuando ha crecido demasiado, se abandona o se esconde”

Menos valores y más virtudes

¡Preguntar y reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos es reaccionario! Como el PNV, que llevaba al Parlamento vasco a representantes de los kurdos o los tibetanos y luego se sorprendía de que las empresas vascas se quejasen de que perdían contratos en Turquía y China. La lógica, el derecho, la realidad y los presupuestos deben ceder ante los sentimientos.

Y no me sorprendería que a este ejército de ‘guerreros del amor’-al menos a dos tercios de ellos- lo moviese la hipogresía ambiental: “Digo que estoy dispuesto a meter un ‘refugee’ en mi casa para quedar mega-guay”.

Para esta mentalidad irresponsable y buenista que los políticos (Mariano Rajoy: “No estoy a favor de las fronteras”), las ONG y los medios de comunicación inculcan en las masas, el refugiado es un cachorrito que se compra en un arrebato de sentimentalismo y, cuando ha crecido demasiado, se abandona o se esconde.

¿Exagero? Hace menos de un año, El Periodico de Cataluña publicó un reportaje sobre unos sirios que tenían que mendigar para sobrevivir en la solidaria y acogedora Barcelona. Vagaban por mezquitas, iglesias y oficinas de las Administraciones como los perros desamparados en los parques.

Menos solidaridad y más sensatez. Menos sentimiento y más razonamiento. Menos buenismo y más compasión. Menos valores y más virtudes. Por Dios.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).