El pequeño Alfie Evans en unas de sus últimas imágenes en el hospital Alder Hey.
El pequeño Alfie Evans en unas de sus últimas imágenes en el hospital Alder Hey.

El caso Alfie Evans está ya sentenciado. Y parece que ya definitivamente. El juez Hardey, que fue quien llevó el caso, y a quien han acudido los responsables del hospital Alder Hey a pedir fecha para desconectar la ventilación artificial al pequeño Alfie, ya ha señalado en el calendario cuándo será ese día. Pero para evitar presión no ha permitido que se haga pública la fecha.

En la audiencia del miércoles 11 de abril, extrañamente, el magistrado también tuvo duras palabras para el padre de Alfie Evans, del que dijo que aunque “ama con locura a su hijo”, y que pese a tener apenas 21 años “ha sido capaz de comprender las complejidades de las evidencias médicas”, “se vuelve violento y los médicos, de vez en cuando, han sido víctimas de su ira“.

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No está del todo claro que el juez haya tenido en cuenta que durante todos estos meses, más de un año y medio, los padres han estado con su hijo en el hospital, que además, el último medio año han estado luchando contra viento y marea para tratar de dar una oportunidad de vida a su hijo.

¿No es comprensible y excusable el enfado y la ira cuando ves que quieren dejar morir a tu hijo o matarlo porque consideran que su vida “es inútil”?

Y en todo este tiempo, en el que el hospital no ha dado un diagnóstico de la enfermedad de su hijo, y casi desde el principio no le daban ninguna probabilidad de que Alfie siguiera vivo por mucho tiempo, Thomas ha intentado poder llevar a su hijo a otro centro con la esperanza de que le dieran un diagnóstico y quizás una cura. ¿No es comprensible y excusable el enfado y la ira cuando ves que quieren dejar morir a tu hijo o matarlo porque consideran que su vida “es inútil“?

Eso sí, para el juez, Alfie, en este momento, tiene derecho a disponer de intimidad ante el final de su vida. Un final que los propios tribunales no han querido que se retrase. Y una vez más, como en los casos de Charlie Gard o Isaiah Haastrup, el Estado decide cuándo las vidas de estos bebés ya no valen la pena y y permite, contra la voluntad de los padres, acabar con ellos.

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