El arsénico nunca es por compasión: la lógica de la eutanasia

    El caso de Holanda demuestra que la eutanasia va camino de convertirse en un derecho. El problema es quién le pone el cascabel al gato, ¿quién decide qué vidas merecen ser vividas y cuáles deben irse por el sumidero?

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    Imagen de la película Arsénico por compasión / Warner Bros
    Imagen de la película Arsénico por compasión / Warner Bros

    No siempre la compasión es buena, ni el dolor es malo. La primera no es buena si nos lleva a matar ancianitas, como –en clave de humor negro- ocurría en la película de Frank Capra, Arsénico por compasión; y el dolor no es malo sino beneficioso cuando avisa de que algo no marcha bien (en nuestro organismo o en la sociedad) y entonces se puede buscar la causa y poner remedio.

    Sin el dolor físico no habría avanzado la medicina, y sin el dolor social (las injusticias, los abusos) no habría avanzado el Derecho. Sin conflicto no tendríamos literatura (de no ser por la infidelidad nos habríamos quedado sin Ana Karenina, y de no ser por el ambicioso Macbeth y – sobre todo la intrigante Lady Macbeth- no tendríamos la tragedia de Shakespeare).

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    Lo que nos escandaliza no es el sufrimiento en sí, sino su falta de sentido. Hemos llegado a saber el por qué del dolor (la codicia que provoca una crisis subprime; la sed de poder que provoca una guerra; los movimientos telúricos que provocan un terremoto), pero nunca encontramos la respuesta al ¿para qué? del dolor.

    Y cuanto más ibuprofeno toma y más agnóstico se vuelve Occidente menos sentido le encuentra a ese “Problema del dolor” del que hablaba C.S. Lewis en un libro imprescindible cuando uno duda entre cortarse las venas o dejárselas largas.

    Si el dolor no tiene sentido, la vida tampoco, porque aquel forma parte de ésta: desde el minuto cero (el parto) al desenlace

    Si el dolor no tiene sentido, la vida tampoco, porque aquel forma parte de ésta: desde el minuto cero (el parto) al desenlace. Se puede mitigar o paliar, y es saludable hacerlo, pero es imposible erradicar el sufrimiento, las decepciones y el fracaso. Va en el pack: o lo tomas o lo dejas.

    Y para muchos en Occidente la vida ya no tiene sentido, a pesar de internet, las vacaciones pagadas, el estado de Bienestar o la viagra. Y cuando llega el dolor o la soledad optan por bajarse del tren en marcha.

    Quizá eso pueda explicar el imparable avance de la eutanasia en países como Holanda, donde su aplicación ha crecido un 50% en los últimos cinco años; y donde ya existe un proyecto para ampliarla a los que estén cansados de vivir. Simplemente… cansados de vivir.

    Hemos pasado de una ley (aprobada en los Países Bajos en 2002) que sólo permite la muerte voluntaria si el paciente padece una enfermedad incurable a un proyecto que, de cumplirse, extendería la llamada ‘muerte dulce’ a adolescentes incomprendidos, solteros desesperados o ancianos que viven solos. Y cada vez más ancianos viven solos y cuestan más y más dinero.

    Por esa regla de tres una persona a la que le ha dejado la novia o ha perdido su equipo de futbol favorito podría alegar el tedio de la vida para tirar de inyección letal.

    Siguiente pregunta ¿cómo se mide el cansancio de vivir?, ¿cómo objetivar algo tan subjetivo?. Y, más difícil todavía, ¿quién es el guapo que aplica la solución final, por usar una terminología odiosa?

    ¿Quién decide, a partir de ahora, qué vidas merecen ser vividas y cuáles están destinadas al sumidero?

    En tiempo de los romanos era el César bajando o subiendo el pulgar en el circo. Y ¿ahora, quién? ¿médicos?, ¿jueces? o, en última instancia, ¿cualquier individuo, cansado de vivir?

    Emperador romano en Gladiator
    Emperador romano en Gladiator / Universal Pictures

    ¿Qué pasa cuando empieza a cundir en la opinión pública la idea de que la eutanasia ya no es la excepción sino la regla –como ocurrió también con las leyes despenalizadoras del aborto-¿ ¿Y de convertirse en una posibilidad para a convertirse en un derecho?

    ¿Es la eutanasia un derecho del paciente y –por consiguiente- un deber del médico?

    Se alega que, en este caso, es el enfermo terminal o el que está sumido en la depresión el que voluntariamente solicita la muerte. Incluso quien le apetece irse al otro barrio sin estar enfermo siquiera.

    Pero el Estado no puede abdicar de su deber de proteger la vida, delegando su responsabilidad en la decisión del enfermo.

    La voluntad individual no es fuente de la legalidad. Nadie tiene derecho a morir, por la sencilla razón de que no existe el derecho a la muerte. El derecho a la vida no depende ni de la voluntad individual, ni del consenso social, ni del juego de las mayorías. Es universal e intangible y sirve para todos.

    Si la voluntad individual es la razón suprema, entonces no sólo podríamos acabar con el sufrimiento, sino también con quienes nos hacen sufrir

    Pero si, finalmente, se impone el derecho a la muerte (y el deber de matar) en una Europa convertida en asilo de ancianos, ya nos podemos preparar. Ya no se tratará solo de acabar con el sufrimiento sino con los que hacen sufrir. Cualquiera que nos caiga mal puede ser reo de muerte.

    ¿Utópico? No tanto, si la voluntad individual es la última ratio, si el criterio no es otro que nuestra subjetividad. El relativismo, es lo que tiene: se empieza invocando las ganas (o desganas de vivir) y se termina llenando el sótano de cadáveres a los que dimos arsénico por compasión… o más bien porque nos caían mal.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.