Cómo convertir un “asesinato machista” en un “acto de amor”

    Un anciano mata a su mujer y luego se suicida. “Otro asesinato machista”, proclaman las tertulias y las ministras. A no ser que el asesino, en vez de suicidarse, llame a La Sexta para decir que se ha limitado a aplicar la eutanasia a su doliente esposa. Entonces, pasará de ‘feminicida’ a héroe progresista.

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    Ángel Hernández suministró ante las cámaras una sustancia letal a su mujer María José Carrasco. /EFE
    Ángel Hernández suministró ante las cámaras una sustancia letal a su mujer María José Carrasco

    Entre la (por fortuna) escasa lista de asesinatos todos los años hay alguno de una anciana muerta por su marido, que a su vez suele suicidarse. Muertes que se incluyen en la lista de asesinatos machistas causados por ese infame fantasma llamado patriarcado que controla a los varones y oprime a las mujeres. Al igual que se incorpora a los cometidos en España el parricidio realizado por un húngaro a las tres horas de llegar a Alicante de vacaciones.

    Hace unos días, uno de estos ancianos (bueno, 70 años de edad) mató con unos medicamentos en lugar de con una escopeta o un cuchillo a su mujer, que padecía ELA. El señor apenas ha sufrido alguna molestia con la Policía y en cambio se ha convertido en el personaje del momento. Los creadores de opinión progresistas lo ponen como modelo de conducta, como antes se presentaba a los niños de la Operación Plus Ultra. ¡Si hasta tiene una bandera tricolor en su casa, de las que se llevan a las manifestaciones!

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    ¿Y cuál es la manera de evitar que se te trate como un asqueroso asesino machista? Pues decir que has aplicado a tu mujer la eutanasia que te pidió durante años y que La Sexta te grabe llorando mientras llamas al 112.

    El Imperio Progre ha decidido legalizar la eutanasia en España y su parque de baterías mediáticas está disparando contra los corazones de los ciudadanos toneladas de lágrimas y suspiros. Acreditados pensadores como Anabel Alonso y Gonzo interpelan a sus audiencias: “¡Es un acto de amor!”.

    Todos los escrúpulos y melindres de los progresistas en otros aspectos de la vida desaparecen. ¿Recuerda, amigo lector, cuando estos mismos parlanchines se ponían solemnes después de la detención de un asesino y pontificaban que “no se puede legislar en caliente” y “las víctimas no pueden hacer las leyes”? Pues ahora esas precauciones se han esfumado. Y los ilustrados y los laicos exigen que se introduzca ‘ipso facto’ en los programas electorales.

    No hay debate: en El País no se admite ninguna voz disidente sobre la “demanda social” para legalizar la eutanasia

    En El País, paladín de la libertad de expresión para los despistados, no existe debate ninguno. Todos los editoriales, columnas, tribunas de expertos y reportajes dicen lo mismo. Una unanimidad de opinión idéntica a la que tiene respecto a Donald Trump y a Vox, “partido ultraderechista”. El diario progresista no admite ni una voz disidente en sus páginas, nadie que plantee dudas sobre este asunto; tampoco reportajes de los corresponsales en Bélgica y Holanda sobre los excesos de la eutanasia que aterran incluso a la política holandesa que consiguió su aprobación y que hoy reconoce que se equivocó.

    Los que ya hemos pasado del medio siglo de edad recordamos que esta campaña de sensiblería y almíbar es idéntica a la que condujo a la legalización del aborto. Unos casos excepcionales por su dramatismo se difunden hasta el agotamiento para ablandar la conciencia y la razón de las personas; se aprueba una ley con estrictos requisitos y la promesa de que no será un coladero; y pasados unos años, ante la banalización de la muerte, se invoca la demanda social para convertir en derecho lo que antes era excepción.

    Cuando existen cuidados paliativos, más caros que la inyección letal, la demanda de algunos pacientes por la muerte provocada casi es nula

    De esta manera, el Estado ha acabado haciendo más fácil el abortar que el dar a luz.

    Ocurrirá lo mismo con la eutanasia, vía sencilla para eliminar a los enfermos y los viejos molestos y caros. Y nadie podrá alegar que no estaba avisado, porque tenemos el ejemplo europeo.

    En Bélgica y Holanda se está matando a jóvenes que padecen depresión, es decir, que ni sufren dolores insoportables ni tienen una enfermedad incurable. Basta que el depresivo solicite la eutanasia porque no quiere seguir viviendo para que los médicos se encojan de hombros, le pongan un papel a la firma y, ¡hala!, una inyección y que pase el siguiente. Es mucho más barato y cómodo liquidar a un paciente que prestarle un largo y caro tratamiento psiquiátrico.

    En Bélgica y Holanda, este asesinato indoloro se aplica ya a depresivos, a alcohólicos y hasta a enfermos que no lo han solicitado

    También es más barato dedicar una oficina en cada hospital a practicar la eutanasia que montar unidades de cuidados paliativos. Un médico experto en medicina paliativa, Marcos Gómez, explicó hace unos años que de 25.000 pacientes graves y enfermos que ha tenido sólo tres o cuatro pidieron que se les matase. Además, que en España la mitad de los pacientes que necesitan ese tipo de atención no la reciben… debido a su coste.

    ¡Qué alegría para los economistas y políticos como ese ministro japonés que tuvo la sinceridad de incitar a los ancianos de su país, el más envejecido del mundo, a morirse cuanto antes para dejar de causar gastos! Ayer, a la vez que seguía con la campaña pro-eutanasia, la SER daba una noticia sobre las pérdidas económicas y las bajas laborales que provocan los infartos y los ictus. A veces, las casualidades apuntan a las causalidades.

    La promesa de que nunca se aplicaría a quienes la rechazasen se está incumpliendo. Cuando un anciano belga u holandés se niega a que le asesinen, los médicos y los familiares dicen que se trata de una innegable prueba de demencia senil y se lo cargan.

    Me sorprende que ningún enfermo terminal o ningún anciano se queje en público. ¿O es que todos ellos quieren recibir la eutanasia?

    Amigo lector: ¿dejaría su vida en manos de Carmen Calvo, de Pablo Iglesias, de Cristóbal Montoro, de Arnaldo Otegui, del Wyoming?

    El Poder ya no da empleo digno, ni vivienda digna, ni sanidad digna… pero ‘muerte digna’, la quiere repartir a espuertas, y para eso sus tontos útiles tienen que eliminar las barreras morales y legales.

    Por cierto, los contrarios a la eutanasia, desde los obispos a los médicos, desde los profesores de filosofía a los supervivientes de accidentes, ¡qué callados están! Ni una carta a la prensa ni una llamada a la radio de enfermos y ancianos afirmando que ellos quieren vivir. Me temo que la legalización de la eutanasia será otra batalla perdida por incomparecencia.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).