Cruda realidad / La extraordinaria hazaña de Alfie Evans

    En estos momentos de innegable dolor, pero no hay espacio para la desesperanza y el desánimo, al contrario: la vida de Alfie ha sido una vida victoriosa.

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    La familia Evans luchó hasta el final por la vida de su hijo Alfie.
    La familia Evans luchó hasta el final por la vida de su hijo Alfie.

    ¡Qué vida tan fructífera e intensa, siendo tan breve! Alfie Evans ha muerto, ajusticiado por la fría maquinaria burocrática de nuestro tiempo, sin llegar a su segundo cumpleaños, que le esperaba en mayo. Y, sin embargo, en unos días angustiosos, frenéticos y, en un sentido, triunfales, su corta existencia ha servido para desenmascarar el sistema y abrirnos los ojos ante lo innegable de esta ‘cultura de la muerte’.

    El debate que ha provocado ha sido intenso y saludable, y nos ha permitido ver a las claras quién se decanta por la vida, por la libertad y por la patria potestad, y quién por someterse al dictado de este Poder que tantas cosas buenas puede darnos y tanto daño puede infligirnos.

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    El periplo de Alfie ha mostrado a las claras, ya sin resquicio de duda, que esos medios convencionales que claman contra las supuestas ‘fake news’ que se difunden por las redes no hacen con ello otra cosa que defender su triste monopolio; han demostrado, en definitiva, hasta qué punto están dispuestos a deshonrar su misión periodística ocultando lo que ha sido el tema de estas semanas. Pero si hace no tanto «lo que no sale en la tele y en los periódicos, no existe», esos días pasaron para siempre.

    También, por contra, hemos aprendido lo útil que es, pese a sus indudables fallas, esa ‘grieta en el muro de silencio’ que son las redes sociales. Hay mucho en ellas de falso, de escandaloso, de manipulador; es caótico, como se supone que suele ser la libertad. Pero sin ellas hoy nadie conocería la historia extraordinaria de Alfie Evans.
    Historia que es la hazaña de sus padres, Tom y Kate Evans, de solo 21 y 20 años, un matrimonio de donnadies que el sistema creyó que podría pisotear impunemente, los proles cuya vida es perfectamente prescindible.

    «Es la civilización que no acepta que ‘deba morir un hombre para que se salve todo el pueblo’; es la civilización que ha decretado la santidad de cada vida, por insignificante que nos pueda parecer»

    Hay algo en eso que resuena en lo más profundo del espíritu de nuestra extraordinaria civilización, el eco de Juana de Arco, mujer, campesina y adolescente, comandando los ejércitos del país más poblado de Europa; la fuerza del individuo, de los afectos naturales, de la familia, de los humildes que se enfrentan, como el mítico San Jorge que celebramos recientemente, contra el dragón en apariencia invencible de la modernidad.

    Es, al fin, el eco de nuestra historia fundacional, la contenida en el Evangelio, los Herodes y Pilatos alzados contra un hombre solo, contra una pareja.

    Toda nuestra civilización se ha construido, en última instancia, sobre esa imagen, y eso es lo que la ha distinguido de todas las demás. Es la civilización que no acepta que «deba morir un hombre para que se salve todo el pueblo»; es la civilización que ha decretado la santidad de cada vida, por insignificante que nos pueda parecer, la dignidad esencial e inalienable del individuo, el más pequeño.

    «Tom, Kate y el pequeño Alfie nos han enseñado todo lo que se puede lograr cuando uno, al fin, se atreve a decir ‘no’ a todos los poderes de este mundo»

    Esa civilización cuyas premisas se está difuminando y olvidando, como ha puesto negro sobre blanco la hazaña extraordinaria de los Evans. Porque, con el debate del que hablábamos antes, también ha animado un torrente de datos, de información, entre la que, como siempre, hay mucho que cribar.

    Hemos sabido, por ejemplo, que el caso de Alfie, lejos de ser totalmente excepcional, es más rutinario de lo que nos gustaría pensar. Hemos conocido curiosa filiaciones de los protagonistas del drama, oscuros intereses, sospechosas connivencias.

    Hay que acompañar a los Evans en estos momentos de innegable dolor, pero no hay espacio para la desesperanza y el desánimo, al contrario: la vida de Alfie ha sido una vida victoriosa. Sufriente, agónica, claro, porque así es como siempre se alcanza la victoria. Pero no desesperada ni triste, porque Tom, Kate y el pequeño Alfie nos han enseñado todo lo que se puede lograr cuando uno, al fin, se atreve a decir «no» a todos los poderes de este mundo.

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