Cruda realidad / Turín y Roma censuran una campaña contra los vientres de alquiler

    Cualquiera puede sentirse ofendido por cualquier opinión que no coincida con la suya o, simplemente, con la constatación con un hecho comprobable que les deprima. No sé, cualquier día les ofende el Teorema de Pitágoras, no lo descarten.

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    Campaña contra los vientres de alquiler en Italia censurada por los ayuntamientos de Turín y Roma.
    Campaña contra los vientres de alquiler en Italia censurada por los ayuntamientos de Turín y Roma.

    Primero Turín, después Roma, cada vez son más los alcaldes italianos que, a modo de políticos españoles, juegan al censor para demostrar su sometimiento a la tiranía del ‘lobby’.

    Si quieres saber quién manda realmente, dicen que decía Voltaire, piensa en quién no puedes criticar. Hagan el esfuerzo mental y seguro que les sale.

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    Los responsables municipales de Roma y Turín han decidido que libertad de expresión, sí, pero dentro de un orden. Su orden, ya saben. Y han prohibido en las dos metrópolis italianas una fantástico cartel publicitario contra los vientres de alquiler en una campaña financiada por asociaciones provida. Aquí nos suena esa reacción, ¿verdad?

    El cartel es fantástico. Aparecen dos jóvenes varones de buen ver que llevan en un carro de hipermercado un bebé marcado con un código de barras, que llora desconsolado. Arriba, el lema publicitario: ‘Dos hombres no hacen una madre (Due unomini non fanno una madre)‘.

    Exacto: la libertad acaba donde empieza la piel ultrafina de los LGBT. Que es inmediatamente. Porque, ay, una cosa es opinar y otra, muy distinta, ofender. Y se han sentido ofendidos, y a las ediles de Turín y Roma les ha faltado tiempo para retirar la ofensa.

    A mí me pueden ofender muchas cosas pero, siendo española nativa, blanca, heterosexual y cristiana, las posibilidades de que me hagan algún caso son nulas

    La ofensa, saben, va por barrios. Cualquiera puede sentirse ofendido por cualquier opinión que no coincida con la suya o, simplemente, con la constatación con un hecho comprobable que les deprima. No sé, cualquier día les ofende el Teorema de Pitágoras, no lo descarten.

    Pero, por volver a la pseudocita voltairiana, esto tiene truco: a mí me pueden ofender muchas cosas pero, siendo española nativa, blanca, heterosexual y cristiana, las posibilidades de que me hagan algún caso son nulas.

    A mí me parece que decir que dos hombres no hacen una madre es una obviedad como, no sé, afirmar que las niñas tienen vagina y los niños, pene, pero ya ven. No sé, a lo mejor deberíamos formar un comité de madres ofendidas de que se ofendan, es decir, de que haya hombres que disputen el hecho de que no por juntarse van a sumar una de nosotras.

    Ser madre, ya que estamos, es lo más importante que puede ser, como poco, para la abrumadora mayoría de las mujeres, y a quien me dispute este aserto le retaría a que me explicase cómo rellenar informes o cobrar a los clientes en las cajas de un hiper o hacer cuentas para una auditora puede ser algo más grande que un ser humano. Pero esto es un inciso.

    El caso italiano es peculiar, porque allí el establishment e incluso la política municipal tiene enfrente al Gobierno, o a esa abultada parte del gobierno que se llama Matteo Salvini, que ha dejado claro que a él la idea misma de un vientre del alquiler le da asco.

    Portada de 'Shangay' en la que Miguel Bosé habla de sus cuatro hijos concebidos en vientres de alquiler
    Portada de ‘Shangay’ en la que Miguel Bosé habla de sus cuatro hijos concebidos en vientres de alquiler

    En España, la noticia ha coincidido con otra que dan las revistas del corazón: Miguel Bosé se ha separado de su pareja, Nacho Palau, y se han repartidos los hijos, cuatro. Miguel y Nacho son, como su propio nombre indica, varones ambos, con lo que es de suponer que los niños son fruto de una adopción o de esta modalidad que disgusta a Salvini.

    No sabría decirlo, porque las noticias hablan de «los hijos de Miguel y Nacho» sin más comentario, casi como si fingieran que han podido tenerlos juntos de alguna misteriosa manera. Porque este nuevo pudor ante lo obvio es muy de nuestro tiempo.

    Y es que también coincide toda esta polémica con la noticia de que ‘una’ ciclista transexual ha ganado el campeonato de ciclismo femenino. Ya hemos hablado en otras ocasiones de cómo la ficción de género está destruyendo el deporte femenino de competición mientras mis congéneres no espabilen. No es probable que lo hagan, que las feministas radicales sacan mucho pecho -a menudo, los dos- para gritar que hay que darle «machete al machote», pero ante la posibilidad de quedar como insuficientemente progresistas se vuelven tímidas damiselas mudas.

    Es de ver el humor involuntario, tragicómico, que ofrece este teatrillo. Echen un vistazo a la foto del podio, con la robusta dama flanqueada por la segunda y tercera clasificada y miembros de la organización, todos sonriendo como si no pasara nada o no fuera obvio lo que está pasando. Hablen ustedes de ignorar el elefante en la sala de estar.

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