Edimburgo: anatomía y cementerios

    Edimburgo tenía -y aún tiene- una facultad de medicina sumamente prestigiosa y de entre las cátedras sobresalía especialmente la de anatomía. A ella acudían estudiantes de toda Europa, ansiosos por obtener conocimientos de los mejores doctores de la época.

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    El escritor Arthur Conan Doyle nació en Edimburgo.
    El escritor Arthur Conan Doyle nació en Edimburgo.

    Edimburgo es una ciudad única. A quien ha estado allí le resulta imposible recomendar un solo lugar, ya que toda la cuidad merece la pena. Además, Dùn Éideann -su nombre en gaélico escocésvio nacer a tres de los más insignes escritores de habla inglesa: Arthur Conan Doyle -padre literario de Sherlock Holmes-, Walter Scott y Robert Louis Stevenson. Y es precisamente éste último el autor de una inquietante obra, El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde, cuyos visos de realidad son más que un rumor.

    Durante el siglo XIX, Edimburgo tenía -y aún tiene- una facultad de medicina sumamente prestigiosa. A ella acudían estudiantes de toda Europa, ansiosos por obtener conocimientos de los mejores doctores de la época. De entre todas las cátedras, sobresalía especialmente la de anatomía. Pero dicha cátedra contaba con un problema; apenas había cadáveres -imprescindibles en el estudio de la asignatura- para tantos estudiantes. Tengamos en cuenta que las condiciones de conservación en aquel entonces no eran las mismas de hoy en día. El caso es que la universidad precisaba de cuerpos, por los que pagaba generosamente. Debía tratarse, eso sí, de cadáveres no reclamados por familiar alguno, y que estuvieran en buen estado.

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    Muchos cementerios se vieron expoliados por quienes pretendían hacerse con las pertenencias del difunto, o los que optaban por llevarse al difunto para ver lo que les daban por él

    Por otra parte, el siglo XIX supuso para Edimburgo la entrada de múltiples inmigrantes que llegaban a la ciudad huyendo del hambre y las penurias económicas. Y una manera rápida y efectiva de obtener dinero fácil era vendiendo cadáveres. Por ello, muchos cementerios se vieron expoliados por quienes pretendían hacerse con las pertenencias del difunto, o los que directamente optaban por llevarse al difunto mismo para ver cuánto les daban por él. Tanto es así que hasta la arquitectura funeraria se hizo eco de esta situación, con torres de vigilancia en más de un camposanto para evitar profanaciones.

    El castillo de Edimburgo que domina la ciudad escocesa.
    El castillo de Edimburgo que domina la ciudad escocesa.

    Hubo dos hombres que se hicieron famosos por sus lúgubres actividades: William Hare y William Burke. Ambos pasaron de profanadores a asesinos, con tal mala fortuna que uno de los cuerpos que vendieron a la facultad de medicina fue reconocido. Se trataba de una prostituta que, por lo visto, debió de frecuentar a más de un miembro del claustro. Hare delató a su cómplice, y Burke fue ahorcado, siendo posteriormente entregado su cuerpo a la universidad. Para mayor morbosidad, con su piel se hicieron libretas y bolsitas para tabaco, alguna de las cuales se conserva aún.

    ¿Estaban implicados los cirujanos de la época? Nunca se llegó a demostrar, pero la descripción que hace Stevenson del doctor Jeckyll guarda un parecido asombroso con la semblanza de Robert Knox, cirujano que habitaba en Surgeon`s Square. Su residencia se asemeja mucho a la referida por Stevenson; y ambas contaban con un aula particular de anatomía. El traslado de muchos de los cuerpos se llevó a cabo a través de los múltiples pasadizos que horadan el subsuelo de Edimburgo. Uno de los pubs más famosos, el Royal Oak, conserva en sus sótanos un testimonio del pasado más oscuro de la ciudad. Allí hay un pasaje que comunica Infirmary Street, calle donde está ubicado, con la parte más moderna de la ciudad, bajo la cual descansan una serie de estancias subterráneas, que se erigieron tras la construcción del North Bridge, allá por el s. XVIII. Es sólo uno más de los secretos de Escocia.

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