Con la cercanía del verano y del buen tiempo, dentro de poco la Dirección General de Tráfico lanzará una de sus habituales campañas para advertirnos sobre los accidentes de tráfico: ponte el casco aunque tengas calor, conduce despacio porque lo importante es llegar, atento a los ciclistas… El número de fallecidos en este tipo de siniestros fue en 2015 de 1.126, lo que supone un descenso continuo desde el máximo de 5.940 registrado en 1989.

Sin embargo, hay otra conducta que causa más muertos que los accidentes de carretera y que no recibe ninguna atención por parte de la sociedad y de las autoridades: los suicidios.

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Su número fue de 3.910 en 2014. En todo el mundo, los suicidios se acercan al millón por año, y eso que los datos son incompletos, porque sabemos que hay muertes que se disimulan como accidentes.

Desde luego, a mí me llama la atención que mientras las Administraciones públicas y las universidades nos bombardean con estudios pesimistas y con prohibiciones cada vez más exhaustivas a fin de alargar nuestra vida (haga ejercicio; no fume, no coma carne roja ni beba leche; use el transporte público porque el privado contamina; el alcohol y la droga destruyen su organismo; el humo de las velas de las iglesias causa cáncer; vigile a su vecino por si maltrata a su mujer; desnúdese en los aeropuertos; lleve su móvil cargado y cadenas si va a la montaña en invierno… ) no dediquen ni un céntimo de sus presupuestos a prevenir el suicidio.

El suicidio, sobre todo el de un ser querido o próximo, nos interpela. Porque se trata de una conducta opuesta al primer instinto humano

Si sólo tenemos esta vida, debemos protegerla

¿Cuáles pueden ser los motivos de semejante omisión? En otras épocas, cuando la religión influía en la vida pública, era hasta cierto punto lógico que los suicidios se ocultasen en tanto en cuanto representan un pecado mortal y un ataque a la colectividad.

Pero, ¿hoy en sociedades ateas? Si no tenemos más que una vida y limitada a este mundo, ¿no debería el Estado hacer lo posible por persuadir a quienes sopesan matarse de que no lo hagan?

El suicidio, sobre todo el de un ser querido o próximo, nos interpela. Porque se trata de una conducta opuesta al primer instinto humano: el de la supervivencia. Pero también debido a que niega muchos de los tópicos imperantes. Como ocurre con la delincuencia común y el terrorismo, no hay un vínculo estrecho entre la pobreza y el suicidio.

Tasas de suicidio por cada 100.000 habitantes /Organización Mundial de la Salud
Tasas de suicidio por cada 100.000 habitantes /Organización Mundial de la Salud

Entre los países con las mayores tasas de suicidio los hay pobres (Sudán del norte, Tanzania) y ricos (Japón, Corea del Sur), con arraigo religioso y tradicional (India y Polonia) y otros de predominio del ateísmo (Lituania y China), unos en paz (Hungría y Estonia) y otros en guerra (Sudán del Sur, Ucrania, Eritrea); también es superior la tasa en los países europeos con pasado socialista (Bielorrusia, Letonia, Rusia) que en los que no han padecido dictaduras comunistas (Francia, Finlandia). En Iberoamérica las mayores tasas corresponden a un país comunista, Cuba, y otro de democracia liberal y Estado de Bienestar establecido, Uruguay.

Otro dato sorprendente es que, según una investigación realizada en Finlandia y publicada en abril de 1996 por el British Medical Journal, la tasa de suicidio entre las mujeres después de un aborto es tres veces más elevada que la media, mientras que el parto reduce el índice de suicidios en la misma proporción.

Las provincias con mayor tasa de suicidios son Lugo y Granada; también destacan las tasas altas en Soria, Huesca, Zamora, Teruel, Orense y Cuenca.

Más mujeres muertas que por ‘violencia de género’

En España, el número de suicidios se ha triplicado desde 1975, cuando se cometieron 1.366. En estos 40 años, han crecido no sólo la poblacion (pero no en la misma proporción), sino también la riqueza económica y la libertad política y personal; y de la misma manera el número de divorcios y abortos, la soledad y la disolución de los lazos sociales.

Las provincias con mayor tasa de suicidios son Lugo, provincia rural y poco poblada, donde la crisis económica no ha sido tan perjudicial, y Granada, provincia más urbana y poblada, donde la crisis ha sido más dañina. También destacan las tasas altas en provincias rurales y envejecidas, como Soria, Huesca, Zamora, Teruel, Orense y Cuenca, muy superiores a las de Madrid. Por último, crecen más los suicidios entre los menores de 29 años que entre los ancianos, que sienten su vida ya cercana a su fin y sufren enfermedades.

¿Cuáles pueden ser los motivos de que a las autoridades españolas no les preocupe la muerte de casi 4.000 compatriotas cada año?

Una relación de causalidad que en España no se quiere estudiar es la relación entre los suicidios y los divorcios y rupturas familiares (sobre todo entre los varones, que padecen la discriminación de las leyes aprobadas por los Gobiernos socialistas de Zapatero y mantenidas hasta hoy).

La Administración y los medios de comunicación se vuelcan desde hace años en la llamada ‘violencia de género’, por cuya causa murieron 57 mujeres en 2015, mientras que por suicidio se mataron 972 mujeres en 2014. Incluso si se abordase este asunto desde la perspectiva de ‘género’, ¿por qué la prevención y el tratamiento del suicidio entre las mujeres no recibe ni una pizca del presupuesto que obtienen las ONG feministas?

Vuelvo al principio del artículo: ¿Cuáles pueden ser los motivos de que a las autoridades españolas no les preocupe la muerte de casi 4.000 compatriotas cada año? En mi opinión no hay que descartar que se trate del respeto, ofuscador hasta la superstición, al principio de la autonomía de la voluntad.

Si uno quiere cambiarse de sexo varias veces a lo largo de una semana, si es su voluntad y la sociedad entera debe aceptarlo y hacerle la vida más fácil, si el aborto es “sagrado”, ¿por qué la sociedad va a tratar de persuadirle de que no se mate si tal es su voluntad “sagrada”?

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).