Imagen referencial de un niño en la nieve /Pixabay
Imagen referencial de un niño en la nieve /Pixabay

La escena de la película ‘Casablanca’ (Michael Curtiz, 1942) es conocida por muchos. El prefecto de la policía entra silbato en ristre y, tras accionarlo en repetidas ocasiones, vocifera que todo el mundo debe abandonar el Café de Rick, que queda clausurado hasta nuevo aviso. Rick reclama: «¿Con qué derecho me cierra usted el local?». Y el prefecto, en un acto de cinismo sin límites, replica: «¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! ¡He descubierto que aquí se juega!». Para concluir la escena, uno de los encargados del casino clandestino le entrega un fajo de billetes al tiempo que le dice: «Sus ganacias, señor«.

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En las últimas horas se han multiplicado los comentarios apocalípticos al toque de silbato de las últimas cifras de la Estadística del Movimiento Natural de la Población correspondiente al primer semestre de 2018. El resultado, ciertamente, es escalofriante.

El número de nacimientos se redujo un 5,8% respecto al mismo periodo del año anterior, confirmándose la tendencia a la baja de los últimos años. También las defunciones han aumentado un 2,1% respecto al primer semestre de 2017, alcanzando la mayor cifra desde al menos 2011.

Como resultado, el crecimiento vegetativo de la población (nacimientos menos defunciones) en los primeros seis meses del año es negativo en 46.590 personas. En el mismo periodo de 2011, nacieron 31.795 españoles más que los que murieron.

En la demografía sucede como en la economía más casera: quita y no pon, se acaba el montón. España está sumida desde hace años en un ‘despilfarro poblacional’ que ha sido tildado no sin razón de «invierno demográfico». Pero lo cierto es que bien cabe hablar ya de auténtica glaciación.

Para remate, según las cifras divulgadas esta semana por el Institutto Nacional de Estadística, los matrimonios también decrecen respecto al mismo periodo de 2017, en un 5,7%. El dato es grave, si se tiene en cuenta que, con independencia de la idea que se tenga de matrimonio (natural, hombre y mujer o equiparado a cualquier otro tipo de relación) el hecho cierto es que este paso sigue siendo determinante para lanzarse a la aventura apasionante e incierta de traer hijos al mundo.

El aborto contribuye a la glaciación

Pues si estos datos glaciales no les han helado la sangre aún, no tengan cuidado. Porque en realidad el asunto es mucho más grave. A estas estadísticas hay que sumar las del aborto, que supone la eliminación sistemática de miles de nuevos españoles año a año.

Lo ideal sería ofrecer datos concretos sobre la cuestión en relación al primer semestre del año, pero el Ministerio de Sanidad, con independencia de su titular, esconde los datos del aborto año tras año. Ya no los del primer semestre del corriente, sino los del año anterior en su conjunto.

Por ceñirnos a los últimos años, recordemos el día en que los últimos Gobiernos del Partido Popular han publicado estas cifras.

  • 2017: 29 de diciembre.
  • 2016: 30 diciembre.
  • 2015: 22 diciembre.
  • 2014: 30 de diciembre.
  • 2013: 24 diciembre.
  • 2013: 23 de diciembre.
  • 2012: 27 de diciembre.

No sabemos si este año, la socialista Carcedo pretende que nos comamos las uvas a la espera del dato de 2017. Como cada año por estas fechas, empezaré a llamar a Sanidad.

Más allá de denunciar este intento de camuflar el genocidio del aborto en el meollo de las fiestas navideñas, merece la pena poner el dato global que conocemos sobre la mesa: Desde 1985 hasta 2016, han quedado registrados en las estadísticas oficiales 2.217.517 abortos. 

Y alguno más. Si no se hubiese abortado a estos seres humanos a lo largo de estos años, hoy España podría haber contado con un potencial de 617.158 ciudadanos más (réstese lo que estadísticamente corresponda a muertes por enfermedad o accidente) mayores de 18 años. Y más de 1,6 millones menores de edad.

Sólo desde un punto de vista económico, más de dos millones de potenciales trabajadores- cotizantes en una España cada vez más envejecida, supone una cifra de importancia incontestable. Más aún si contemplamos los potenciales literatos, músicos, científicos, filósofos, obreros, taxistas, periodistas, actores, etc. a los que no se les dio la oportunidad de vivir.

Pero el aborto no es el único drama que contribuye a la expansión de la glaciación demográfica.

Cuando un varón sabe que en cualquier momento puede ser expulsado de su casa y apartado de sus hijos para convertirse en un padre-visitador y exmarido-cajero que puede acabar entre rejas en cualquier momento, sin juicio por medio… ¿Cómo afronta uno la paternidad?

Queremos tener más hijos

Ahí está el desdeo frustrado de las mujeres españolas, que en una mayoría de dos tercios, desea tener al menos dos hijos, según la Encuesta de Fecundidad evacuada por el INE recientemente. Y no es despreciable la cifra de las que quieren tener al menos tres, siempre en porcentajes superiores al 24%.

El reverso de esta realidad es que, al mismo tiempo, casi el 30% de las menores de 25 años no considera que la natalidad deba ser incentivada por el Estado. Adjudiquemos, por no perder todo atisbo de esperanza, que es la ignorancia de la juventud intrascendente y nihilista la que lleva a tantas a pensar tan poco. También para la esperanza, la constantación de que ese porcentaje se reduce en dos tercios entre las mujeres de 35 y 39 años. Lástima que la sabiduría a veces llega tarde. O al menos no tan a tiempo como debería.

Un comportamiento parecido sucede con los hombres respecto a la paternidad. A medida que pasan los años quieren tener más hijos. Claro, que el hombre en esto tiene ventaja biológica.

Varón amenazado, padre frustrado

Y el caso es que sorprende. No porque al varón se le presuponga un menor interés en la paternidad, percepción que en mi opinión es errónea, sino porque es cierto que las leyes ideológicas de género logran que la paternidad sea una circunstancia amenazante en determinados contextos.

Cuando un varón sabe que en cualquier momento puede ser expulsado de su casa y apartado de sus hijos para convertirse en un padre-visitador y exmarido-cajero que puede acabar entre rejas en cualquier momento, sin juicio por medio… ¿Cómo afronta uno la paternidad?

Parches y más parches. Nada de dedicar un ministerio a la familia, ni siquiera de aplicar políticas con perspectiva familiar transversal. Pero ¡qué digo! No se le puede pedir peras al olmo

Sin ayudas universales 

Más allá de las causas primeras o circunstanciales de esta debacle demográfica -que no es exclusiva de España, sino que azota a la mayor parte del mundo Occidental-, no es despreciable preguntarse qué están haciendo los gobernantes para afrontar el desafío.

Y la respuesta genérica más acertada es nada. O aún peor, es que colaboran en perpetuar esta senda de destrucción, esta suerte de Waco social.

En España las políticas demográficas favorables son prácticamente inexistentes y, por supuesto, no están dirigidas a la generalidad de la población, sino sólo a unos pocos: Algunas ayudas por parto o adopción múltiple; ayudas por nacimiento o adopción si los ingresos son paupérrimos y se dan algunas circunstancias (monoparentalidad, discapacidad superior al 65%, etc); ayudas por acogimiento de menor, también condicionadas a un límite de ingresos; unas pocas deducciones a las familias numerosas; otras pocas en el IRPF…

Parches y más parches. Nada de dedicar un ministerio a la familia, ni siquiera de aplicar políticas con perspectiva familiar transversal. Pero ¡qué digo! No se le puede pedir peras al olmo. ¿Cómo exigir semejante cosa a una clase política que rechaza o tergiversa el concepto mismo de familia, de matrimonio, de maternidad, de dignidad humana o del primigenio derecho a la vida?

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".