Cruda realidad / ‘Gosnell’, la película de éxito que retiran de la salas por generar opinión provida

La película entró en el Top Ten de las películas de mayor recaudación en su segunda semana, pero el número de salas que la exponen ha bajado de 668 a 480. Phelim McAleer, uno de los productores, asegura haber recibido informes de que en algunas salas los empleados se niegan a vender las entradas.

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La película ‘Gosnell: The Trial of America’s Biggest Serial Killer’, sobre la historia real de un abortista detenido tras la muerte de una ‘paciente’, está teniendo en Estados Unidos tal éxito de taquilla que las salas que se han atrevido a exponerla están retirándola en todo el país. ¿Entienden algo? Se lo explico.

Miren, no es que haya una conspiración que domine el mundo de la cultura para vendernos la llamada ‘Cultura de la Muerte’ y todos los horrores esperpénticos de la ingeniería social progresista, es el mercado, ¿entienden? Hay una oferta porque existe una demanda; si la demanda fuera otra, la oferta cambiaría para adaptarse y ya está. Si las películas son como son, es porque el público las demanda. Haz una buena película, que atraiga público, y verás como no hay pegas.

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Solo que todo lo que acabo de decir es mentira. Una mentira que he creído casi toda mi vida, eso de que todo es dinero, que todo se mueve por dinero, y más en una industria como la cinematográfica. Hasta que leí al crítico cinematográfico americano Michael Medved y quiso comprobar esa hipótesis, que no le cuadraba con diversas experiencias personales.

Lo que descubrió fue prodigioso. Descubrió que las películas con valores morales, digamos, ‘tradicionales’ solían arrasar en taquilla, mientras que las más inmorales y nihilistas solían ser una ruina. Y, sin embargo, los estudios seguían invirtiendo millones en las segundas y cubriéndolas de premios y apenas tolerando las primeros.

De hecho, se diría que Hollywood hace a regañadientes películas positivas para conseguir el dinero con el que financiar sus cintas más destructivas de la moral tradicional.

Rotten Tomatoes, una popular web de crítica de cine que basa sus clasificaciones exclusivamente en las opiniones de la audiencia sitúa la satisfacción del espectador de esta cinta en el 99%, según opinión de 1.200 personas que la han visto

Pero todo tiene un límite, y hay temas que no van a tocar ni con un palo, por bien que se den en taquilla; es más, que si se tratan de modo independiente, harán lo que sea por hundirlas. Es el caso ahora de la cinta ‘Gosnell: The Trial of America’s Biggest Serial Killer’.

No sé si recordarán el caso de Gosnell, un abortista que fue condenado por mantener una clínica clandestina donde murió una mujer y varios niños nacidos vivos. Cuando la Policía llegó a la supuesta ‘clínica’, encontraron una verdadera cámara de horrores en la que se practicaban abortos sin los mínimos requisitos de higiene, sin instrumental adecuado, sin personal cualificado…

La película se basa en una novela del mismo título y sigue muy fielmente los hechos reales, reproduciendo discursos enteros del juicio y declaraciones de los testigos. El fin de semana de su estreno recaudó 1.235.800 dólares, la película de mayor éxito como estreno y la que ocupaba el puesto 12 del total nacional.

Rotten Tomatoes, una popular web de crítica de cine que basa sus clasificaciones exclusivamente en las opiniones de la audiencia sitúa la satisfacción del espectador de esta cinta en el 99%, según opinión de 1.200 personas que la han visto.

Y, a pesar de semejante éxito -perdón: precisamente por semejante éxito- sala tras sala la está retirando de sus pantallas, algo absolutamente insólito en los anales de la industria.

La película entró en el Top Ten de las películas de mayor recaudación en su segunda semana, pero el número de salas que la exponen ha bajado de 668 a 480. Phelim McAleer, uno de los productores, asegura haber recibido informes de que en algunas salas los empleados se niegan a vender las entradas.

Gosnell era un verdadero carnicero, un hombre implacable que solo quería hacer dinero con la muerte y que veía a su clientela como meras mercancías

Pero esta historia empieza mucho antes, empieza con la detención y juicio del propio Gosnell, un monstruo se mire como se mire. Si el aborto fuera lo que dicen los abortistas, un mero ‘problema médico’ sin más, ellos hubieran sido los primeros en lanzarse sobre Gosnell, igual que cualquier cirujano que se precie denunciaría a quien hace operaciones de estranjis y sin las mínimas condiciones exigibles.

Sin embargo, lejos de ser así, la progresía hizo lo imposible por ignorar el macabro caso, empezando por los medios. La imagen que retrata a la perfección la enorme traición del periodismo convencional a sus lectores y a su propia profesión la proporcionó uno de los escasos periodistas que apareció por el juicio: los asientos reservados en el tribunal para los grandes medios -The Washington Post, The New York Times, CNN, etcétera- vacíos.

Gosnell era un verdadero carnicero, un hombre implacable que solo quería hacer dinero con la muerte y que veía a su clientela como meras mercancías. Su juicio tenía todas las características para convertirse en una sensación periodística, de esas que dan de comer a los medios por una buena temporada. Pero con el aborto, el sacramento de la progresía, no se juega. Ni de broma.

Por supuesto, todos los grandes estudios de Hollywood rechazaron la película, de modo que sus productores tuvieron que recurrir al ‘crowdfunding‘, es decir, lo que antes se llamaba ‘suscripción popular’. El juez que juzgó el caso, Jeffrey Minehart, trató de impedir que salieran, primero el libro, y luego la película con una querella por difamación. Se objetó que la publicidad de la película dijera que Gosnell era un “abortista”.

Todos, todos los trucos del manual. No se confundan: el aborto es su último baluarte; justificarán cualquier cosa por mantenerlo y atacarán a cualquiera que pueda ponerlo en peligro.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.