Los padres quieren llevar a Alfie al extranjero para realizarle un tratamiento experimental. / Facebook de la familia
Los padres quieren llevar a Alfie al extranjero para realizarle un tratamiento experimental. / Facebook de la familia

Hace algo más de tres años se conocía en España el caso de la familia King, una familia inglesa que había sacado a su hijo del hospital y lo había traído a España en búsqueda de un tratamiento para su hijo, después de que el centro amenazara con emitir una alerta si cuestionaban el tratamiento al que sometían al menor y solicitar una orden de alejamiento.

Ante este caso se armó un gran revuelo, los padres fueron detenidos, se les acusó de secuestro, cuando lo único que buscaban era lo mejor para su hijo, en ese caso, un tratamiento menos invasivo.

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Posteriormente, con los casos de Charlie Gard, de Alfie Evans o de Isaiah Haastrup, uno se da cuenta de que el sistema de salud británico coloca a los niños que son hospitalizados en una situación de casi secuestro, y los padres están indefensos ante la palabra del centro médico.

Charlie Gard
Charlie Gard, en su cama del hospital Great Ormond, de Londres. / Daily Mail

En todos estos casos, los hospitales han terminado solicitando ante la Justicia permiso para desconectar a los niños de los aparatos que les mantenían con vida, pese a la negativa de los padres. En todos esos casos los médicos no han dudado de calificar la vida de los niños como inútil por el sufrimiento que padecían, y pese a los intentos de los padres para poder llevar a sus hijos a otros centros. Tanto en el caso de Charlie Gard como en el de Alfie Evans, el hospital Bambino Gesú del Vaticano se había ofrecido a recibirles para tratar de hacer lo posible, o en el caso de Alfie, para ofrecer un diagnóstico, ya que el Hospital Alder Hey de Liverpool, en este último caso, ni siquiera ha dado un diagnóstico a la familia.

Esto lo que demuestra es la indefensión de los padres ante las decisiones de los hospitales y lo fácil que es conseguir de los Tribunales el permiso para dejar morir a los menores

Esta situación lo que demuestra es la indefensión de los padres ante las decisiones que toman los centros médicos y lo fácil que es para estos conseguir por parte de la Justicia el permiso para desconectar a los menores. Para ellos se ha creado el concepto de la búsqueda del “mejor interés”  para el niño, que casualmente coincide con el del hospital.

Y ante esos casos, los padres tienen que recurrir, como en el caso de la familia King, a secuestrar al propio hijo para poderlo llevar a otro hospital, aunque sea fuera del país y encontrar una solución.

El bebé Isaiah Haastrup será desconectado en las próximas horas tras la sentencia judicial.
El bebé Isaiah Haastrup será desconectado en las próximas horas tras la sentencia judicial.

Eso les ocurrió, aunque en esta ocasión en Estados Unidos a la familia de Russell Cruzan, que padecía una enfermedad similar a la de Charlie Gard. Pero ellos encontraron un centro que aceptó tratar al menor y a la familia no le importó tener que viajar de Michigan a Boston (como cruzar toda España) para buscar un tratamiento para la enfermedad de su hijo.

Ante todos estos casos, la pregunta que surge siempre es si es suficientemente escuchada la voz de los padres. En ambos casos-de Charlie Gard y Alfie Evans- los médicos, sin ser capaces de determinar si los niños estaban sintiendo dolor, optaban por desconectarles, eliminando cualquier esperanza.

Alfie Evans, en una de las últimas fotos que se le ha hecho en el hospital.
Alfie Evans, en una de las últimas fotos que se le ha hecho en el hospital.

Y lo más triste es que solicitando permiso a los tribunales para desconectarles y conectarles a morir, el argumento para impedir que llevaran a los bebés a otro centro, era el temor a que pudieran fallecer en el trayecto, cuando permaneciendo en el hospital ya estaban condenados a muerte.

Y es que al argumento de que los sentimientos de los padres pueden nublar el buen juicio y de que no tienen los conocimientos médicos adecuados, es llamativo que no se pongan en entredicho los conocimientos médicos de los jueces, o los políticos que legislan leyes parecidas. Los jueces toman sus decisiones en base a los datos que reciben, y aunque haya otras posibilidades médicas, que les colocarían en una situación del 50%, siempre la balanza se inclina en favor de la muerte y en contra de la voluntad de los padres de seguir luchando por la vida de sus hijos.

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