Incoherencias I: Católicas por el derecho a decidir

    Las 'Católicas por el derecho a decidir' creen en un derecho a la okupación de inmuebles, no consideran de recibo que eso se haga con su cuerpo. Que el 'okupa' no es otra cosa que un grupo de células muertas molestas de ninguna especie que por casualidad suelen tomar forma humana.

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    Activistas del grupo abortista 'Católicas por el derecho a decidir', durante una manifestación en México.
    Activistas del grupo abortista 'Católicas por el derecho a decidir', durante una manifestación en México.

    Hay cosas que, para ser analizadas, no necesitan sapiencias filosóficas ni teológicas elevadas. Simplemente, con aplicar el sentido común se da uno cuenta de que algo no cuadra. Es el caso de las asociaciones de ‘Hindúes por el derecho al chuletón de vaca’ y la de ‘Católicas por el derecho a decidir’.

    En ambos casos, unos creyentes por elección personal deciden que la fe verdadera no es tan verdadera y tiene que pulirse según su propia idea de lo que es la religión perfecta.

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    Así, los ‘Hindúes por el chuletón de vaca’ consideran un error no zamparse tan recomendable manjar que, además, resolvería el hambre en la India. Y por ello, Chandraraj, un fervoroso creyente hindú de un pueblo de Andhra Pradesh de cuyo nombre no puedo acordarme, que profesa la religión hindú de forma voluntaria porque es la verdadera, viene a decir a sus autoridades religiosas que esa prohibición milenaria, pues… como que no le parece adecuada y que hay que modernizarse. La religión verdadera necesita renovarse o ya no es verdadera. Y Chandraraj de Andhra Pradesh sabe perfectamente lo que hay que cambiar aunque vaya contra uno de los dogmas fundamentales de sus creencias verdaderas, pero equivocadas en algo fundamental… vamos, que no deben parecerle a Chandraraj tan verdaderas si quiere tirar a patadas uno de los dogmas que las sustenta.

    Igualmente,’Católicas por el derecho a decidir’, con Marcela de La Rioja a la cabeza, por poner a alguien, pero que podría ser Juana de Guadalajara, han venido para decir al Papa y a los obispos que ellas, creyentes hasta el tuétano, que han elegido ser católicas por ser la religión verdadera, consideran que la fe verdadera, no lo es tanto si no se amolda a lo que ellas piensan.

    «Tampoco pueden ser unos creyentes muy convencidos cuando la fe que consideran verdadera resulta que tiene, a su supuesto recto entender, fallos garrafales»

    Que su fe no puede prohibirles eliminar a sus hijos, que se han metido dentro de su cuerpo sin invitación. Que su cuerpo es suyo y deciden. Y no sólo su religión verdadera no puede prohibírselo de forma moral, que no coercitiva, sino que tiene que aplaudir y bendecir esa decisión. Porque es un derecho que tienen.

    Marcela, de La Rioja, y Juana, de Guadalajara, saben perfectamente que la religión verdadera está equivocada en uno de sus puntos esenciales y ellas han venido a resolverlo. Que van contra uno de los mandamientos, el quinto, y contra uno de los fundamentos de su religión (verdadera pero no tanto, ya que hay que arreglarla), el respeto y la dignidad de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural… pues “palante” con los faroles. Creo recordar que esos miramientos por la vida humana se basan en la irrelevante convicción de ser hijos de Dios. Fruslerías que afean la religión verdadera que Marcela y Juana vienen a mejorar.

    Podría comentar algo sobre la asociación de “’Musulmanes por el derecho al jamón pata negra’, con Mohamed de Taghazout, pero hay una diferencia de base con las otras dos: el musulmán que sueña con que su religión no repruebe la pata de cerdo, no puede dejar de serlo, salvo que esté dispuesto a enfrentarse a una fatwa o sentencia de ejecución por apostasía. Eso haría que tuviera más sentido el empeño de los “renovadores”: no puedo salir de esta fe, al menos voy a ver si me la adapto. Pero ni el pata negra más exquisito vale los riesgos de la renovación.

    En el caso de nuestros hindúes y el chuletón y nuestras católicas abortistas… la puerta de la elección de fe y religión está abierta para entrar y para salir y no parece muy de recibo elegir algo por verdadero verdaderísimo para cambiarlo a su interés. Y es que, además, tampoco pueden ser unos creyentes muy convencidos cuando la fe que consideran verdadera resulta que tiene, a su supuesto recto entender, fallos garrafales.

    Resulta raro, verdad, que existan grupos así. Bueno, no tan raro si acercamos la lupa. Los ‘Musulmanes por el jamón’ no creo que existan por la cuenta que les trae. Si hay musulmanes que comen jamón, asumirán gallardamente que su paladar y su religión no coinciden y aceptan su culpa y su reprobación, la que sea. De los ‘Hindúes por el derecho al chuletón de vaca’, no me consta su existencia y aventuro que tampoco los hay. Y si hay hindúes comiendo entrecot, seguro que asumen también su culpa a nivel religioso y punto pelota.

    ¿De donde saca ‘pa’ tanto como destaca?

    Pero, ¡ay!, las ‘Católicas por el derecho a decidir’ andan zascandileando por muchos países en un asombroso movimiento renovador unánime de inusitada fuerza y relevancia para la propuesta que ofrece a los católicos, que se supone en principio son su público principal y que es contraria a sus pilares fundamentales de valores. Y no están dispuestas a asumir que su visión de lo que pueden hacer en caso de embarazo, no coincide en absoluto con la visión de la fe que alardean profesar. Y tampoco están dispuestas a asumir que es pecado o culpa. No. Exigen, no sólo la no reprobación, sino el aplauso. Y ya digo, tienen un exitazo inexplicable a tenor del jaez de su propuesta.

    Va. La pregunta la copio de un conocido chotis español cuya partitura original sólo la pude conseguir comprándola en Argentina, vía internet, La chica del 17: Esta asociación… ¿de dónde saca ‘pa’ tanto como destaca?

    «Si en el proceso de desalojo, el corazón del okupa deja de latir, no significa que se le haya matado, sólo se le ha puesto en su sitio, que es la calle»

    Ponemos la lupa y descubrimos numerosas denuncias de que estas católicas, además de poco católicas, tiene un cierto apego a los bienes mundanos, pues son financiadas generosamente por la multinacional de lo que ellas reivindican como mejora incuestionable de su religión: la abortista Planned Parenthood internacional. Y apoyos de la ONU, la exportadora de esos “derechos sexuales y reproductivos” consistentes en no reproducirse. Y aquí está la diferencia entre nuestro hindú carnívoro, nuestro musulmán jamonero y nuestras católicas abortistas. Pues sí, “poderoso caballero es don dinero” porque esas fervorosas creyentes en la fe verdadera, nuestras Marcela y Juana, españolas, argentinas, mexicanas… exigen que su religión cambie sus fundamentos con los siguientes y poco aceptables razonamientos:

    1º Que su cuerpo es suyo y ellas deciden. Que hay una cosa llamada “hijo” que aparece no se sabe cómo, sin que nadie lo haya invitado, a okupar su vientre (aunque una relación sexual bien puede entenderse como invitación, ya que de todos es sabido lo que biológicamente sucede. Menos Marcela y Juana).

    2º Que ese okupa se ha extralimitado creyendo, infundadamente, que se le invitaba a existir. Y como okupa que es, y pese a que Marcela y Juana, muy probablemente porque estas cosas van en pack indivisible, creen en un derecho a la okupación de inmuebles, no consideran de recibo que eso se haga con su cuerpo aunque sí con la casa del vecino.

    3º Que esa okupación fraudulenta por parte del elemento “hijo” permite, y su religión debe entender, consentir y asentir, que se le saque por las buenas, o por las malas. Siempre es por las malas. El okupa “hijo” no se pliega al dialogo, ni al consenso.

    4º Que, si en el proceso de desalojo, el corazón del okupa deja de latir, no significa que se le haya matado, sólo se le ha puesto en su sitio, que es la calle. Que si se muere luego, es porque que lo han desalojado y no le ha sentado bien.

    5º Que de hecho y en puridad, para Juana y Marcela, el okupa “hijo” no está vivo, aunque le lata el corazón y no es un ser humano, aunque tenga genes humanos y tampoco sea otra especie animal. Que el okupa no es otra cosa que un grupo de células muertas molestas de ninguna especie que por casualidad suelen tomar forma humana.

    6º Que la ciencia que afirma que el origen de una vida humana es el momento de la concepción, es una ciencia antigua y casposa. Que no hay ser humano hasta los dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, nueve meses (ahí la neociencia no anda muy precisa).

    Panel del desarrollo embrionario en Expovida /DAV
    Panel del desarrollo embrionario en Expovida /DAV

    7º Que la manía del catolicismo por proteger esa cosa que no está viva, que no es humana, pero que en unos meses llora, mama y se llama Alberto si no se le desocupa pronto, le da a la fe verdadera una pátina con olor a naftalina y alcanfor que ellas, Marcela  y Juana, han venido a resolver desde su sabiduría y desde La Rioja y Guadalajara respectivamente.

    Vistas así las cosas y oídas las alegaciones con las que ‘Católicas por el derecho a decidir’ han obtenido grandes victorias políticas y legales (previo tránsito económico de todo tipo), no me extrañaría que Chandraraj de Andhra Pradesh y Mohamed de Taghazout, con los ojos como platos, afirmaran que ellos tienen unas mucho mejores razones que Marcela y Juana para renovar su religión, y preguntaran que cómo se hace para que les financie una multinacional y tener el apoyo discreto pero efectivo de la ONU.

    Y también podría ser que, en breve, se les contestara amablemente, desde una de las agencias de la ONU, diciendo que lo próximo es la exportación e implantación de los derechos humanos de los animales, cerdos y vacas incluidos, y que, en todo caso, pueden plantearse hacer comida preparada con los fetos-bebés que las ‘Católicas por el derecho a decidir’ han desalojado de su cuerpo.

    Pero esto último es ficción sin fundamento. ¿O no? Me pregunto qué me ha podido llevar a pensar semejante salvajada.

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    Riojana. Filóloga Profesora de educación física. Madre objetora a educación para la Ciudadanía. Estudiosa de la ideología de género. Conferenciante, tertuliana en programas de radio y televisión. Miembro de la Ejecutiva Nacional del partido VOX. Escritora de novelas y ensayos. Perseguida por su libro “Cuando nos prohibiernos ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”. Buscadora de la verdad. Defensora incansable de los derechos humanos fundamentales.