La eutanasia, cada vez más cerca

    El Poder está dando pasos para arrogarse facultades legales mediante las cuales los políticos, los médicos y, si es necesario, los jueces, podrán decidir cuándo dejaremos de ser útiles y, en consecuencia, darnos el pasaporte. Y por el bien de la sociedad.

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    Charlie Gard y Aylan
    Charlie Gard y Aylan

    Poco se está hablando del caso de Charlie Gard, el recién nacido al que el Gobierno y los médicos británicos, con la colaboración del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, quieren matar. Ni punto de comparación con la histeria que acompañó al desdichado Aylan, ahogado en 2015 en las costas de Turquía.

    Hay que abrir las fronteras para que no mueran más Aylan, pero no puede sacarse del hospital inglés a Charlie para curarle o para que muera en su cuna. Creo que no nos damos cuenta de la maldad y la mentira que nos rodean.

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    Por supuesto ni el silencio sobre Charlie ni el ruido sobre Aylan son inocentes.

    Sande: «Los hijos son propiedad del Estado, y en ningún caso deben ser sus padres quienes dispongan lo que más le conviene”

    Mi admirada Candela Sande explicaba en una columna que el Poder que gobierna la vida de los desamparados súbditos de la Unión Europea quiere “dejar claro que los hijos son propiedad del Estado, y en ningún caso deben ser sus padres quienes dispongan lo que más le conviene”.

    El robo de los hijos a sus padres es una constante en todos los totalitarismos que pretenden crear un ‘hombre nuevo’, sea la revolución francesa, la URSS de Lenin y Stalin, el III Reich de Hitler, la Corea, la China y la Cuba comunistas… Ahora lo ejecutan supuestas democracias como la canadiense, totalmente dedicada a la imposición de la ideología de género.

    Pero en este repugnante caso en que los jueces y los médicos niegan a los padres incluso que se lleven a su hijo Charlie a su casa para que muera junto a ellos, hay algo más: se trata de crear otro precedente para la eutanasia (no la ortotanasia, que es dejar morir, sino la aplicación de medicamentos y tratamientos con la intención de matar).

    Como ya expliqué en otro artículo, la eutanasia es inaplazable para el Poder, dado que el Estado de Bienestar es insostenible debido al ‘invierno demográfico’ europeo y al coste de los tratamientos médicos y las pensiones. Los Estados de partidos prefieren eliminar a los jubilados que reducir su corrupción para mantener las pensiones y los cuidados paliativos. Y por la cultura de la muerte y el globalismo a los que son adeptos los políticos, éstos jamás promoverán ayudas a la natalidad ni la reindustrialización de Europa, que permitiría aumentar los salarios.

    Por ello, desde hace unas décadas, los creadores de opinión van introduciendo en los ciudadanos la necesidad y la conveniencia de la mal llamada eutanasia, con la colaboración (desinteresada, quién lo va dudar) de personalidades diversas, ONG, instituciones y medios de comunicación.

    El Tribunal Supremo de Canadá rechazó la eutanasia en 1993, y en 2015 instó al Gobierno a elaborar dicha ley en un plazo determinado

    Y el plan va muy deprisa. El Tribunal Supremo de Canadá, que en 1993 había rechazado la legalización de la eutanasia, es decir, de matar a pacientes, en 2015 no sólo la aceptó, sino que además instó al Parlamento federal a elaborar una ley en un plazo determinado.

    El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo (el mismo que derogó la doctrina Parot, lo que sirvió de excusa para el Gobierno de Mariano Rajoy liberase a varios etarras y, además, a un violador que volvió a vejar a varias mujeres) ha aceptado los argumentos de los médicos británicos: el niño sufre mucho y es incurable, y por tanto lo mejor para él es que se le haga morir, de una manera aséptica y fría, en cuanto los médicos lo decidan.

    Semejante sentencia es otro tablón en el puente que nos conduce a la eutanasia. Primero se cambian las mentes y luego las leyes. Y si el Poder tiene mucha prisa porque las cuentas no salen o los polacos, los colombianos y los norteamericanos se rebelan y eligen a quienes no deben, se recurre a unos jueces muy simpáticos.

    En España tanto Podemos como el PSOE reconquistado por Pedro Sánchez quieren introducir la ‘muerte digna’. La izquierda, de nuevo, como en sus propuestas de puertas abiertas a la inmigración, al servicio del gran capital y del establishment

    Los  argumentos a los que se está recurriendo en esta campaña son o lacrimógenos (el sufrimiento) o materialistas (la inutilidad de la vida del viejo o el enfermo). Falsa piedad para enmascarar objetivos más romos: dinero y poder. Ya lo explicó hace años Cristina Losada en un libro estremecedor, Morfina roja: una camarilla de médicos ideologizados pasó en muy poco tiempo de aplicar la “ética del no sufrimiento” al “crudo utilitarismo”.

    Para acabar le hago una pregunta, amigo lector: ¿usted dejaría que decidiesen sobre la ‘utilidad’ de su vida los políticos que aprueban obras públicas para repartirse comisiones o el personal sanitario que rechaza las donaciones que hace Amancio Ortega? Conteste y sea sincero.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).