¿Puede la terapia génica fabricar «superhumanos»?

    La terapia génica, que puede resultar beneficiosa en determinados casos, no es una técnica exenta de riesgos. Algunos pretenden utilizar esta técnica para desarrollar "superhumanos" y no sólo para corregir determinadas expresiones genéticas circunstanciales.

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    Van Damme representó en 'Soldado Universal' a un súper combatiente modificado genéticamente /TrisTar Pictures
    Van Damme representó en 'Soldado Universal' a un súper combatiente modificado genéticamente /TrisTar Pictures

    Los grandes avances del conocimiento científico en el campo de la Genética Molecular han estimulado la idea de la curación de enfermedades de base genética por medio de la llamada “ingeniería genética”, un conjunto de técnicas integradas en un marco más amplio de lo que llamamos “biotecnología”, que se empezaron a desarrollar para modificar el genoma de las bacterias y luego de las plantas cultivadas y animales domésticos con fines de mejoramiento para aprovechar mejor sus capacidades. A los organismos modificados de esta forma se le denomina “transgénicos”.

    Las aplicaciones de esta tecnología han sido hasta el momento muy provechosas al permitir obtener bacterias que sintetizan, hormonas, enzimas y otros fármacos, variedades de plantas cultivadas y razas de animales domésticos de mejor calidad, más productivos o más resistentes a enfermedades u otros caracteres de utilidad para el hombre.

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    La «ingeniería genética» que hace posible estas modificaciones no plantea problemas éticos, aunque los proyectos de modificación deben someterse a un análisis de comités de bioética con el fin de evitar efectos negativos para el medio ambiente o el propio hombre.

    Parece lógico pensar que del mismo modo que se pueden modificar las cualidades genéticas de un ser no humano, se podrían utilizar estas técnicas para modificar y corregir los defectos genéticos en el hombre.

    De este modo la «ingeniería genética» en combinación con otros desarrollos tecnológicos como el cultivo «in vitro» de células, ha dado paso a la denominada «terapia génica».

    Se trata de restaurar una deficiencia genética o un gen defectuoso en un paciente afectado por una patología con base genética, por medio o bien de la inserción del gen correcto en algunas células que tuviesen relación con la alteración genética, o mediante la anulación o modificación del nivel de expresión del gen causante de la disfunción.

    Hoy sabemos mucho sobre la organización de nuestro ADN, su estructura y la función… pero no es tan fácil “cortar y pegar”

    Se trata de una tecnología muy prometedora para la corrección de una gama cada vez más amplia de enfermedades, aunque requiere largos procesos de investigación básica y ensayos clínicos como requisito previo a su utilización.

    Todo esto está aun en pre ensayos clínicos y solo en algunos casos se han hecho avances notables, como para la curación del Síndrome de Inmunodeficiencia Combinada Severa (SCID), que padecen los llamados “ninos burbuja”.

    Recientemente se trata de incorporar nuevas técnicas a la “terapia génica”, como la denominada CRISPR-Cas9, que permite con mayor precisión “editar” la secuencia de ADN de la región del genoma responsable de la patología, corregirla y reemplazarla con el fin de que se restaure la función alterada. Aunque el ritmo sea lento, es esperanzador.

    La lentitud con la que se han venido obteniendo algunos resultados positivos se debe precisamente a los riesgos que conlleva y a la necesidad de andar con pies de plomo. Hoy sabemos mucho sobre la organización de nuestro ADN, su estructura y la función… pero no es tan fácil “cortar y pegar” una secuencia de un gen o modificar su expresión.

    El genoma funciona como un reloj en el que unas partes dependen para su expresión de otras y no es fácil acertar con la solución de uno solo de sus elementos sin riesgo de que se altere cualquier otro. Hacen falta años de investigación para llegar a los ensayos preclínicos y clínicos necesarios para la implantación de estas técnicas.

    Ya se ha puesto en marcha una corriente de pensamiento para conseguir un “mejoramiento” genético con fines ajenos a la salud

    Sin embargo, la misma técnica que se desea utilizar para corregir, modificar o reemplazar los genes defectuosos permitiría otro tipo de aventuras semejante para modificar genes no necesariamente implicados en problemas de salud.

    De hecho, ya se ha puesto en marcha una corriente de pensamiento para conseguir un “mejoramiento” genético con fines ajenos a la salud. Esto es lo que proponen los “posthumanistas” que piensan en un “mejoramiento de la especie humana” con fines de prolongar la vida o potenciar las capacidades físicas o intelectuales de personas sanas.

    Los protagonistas de X-Men son seres con mutaciones genéticasLos protagonistas de X-Men son seres con mutaciones genéticas
    Los protagonistas de X-Men son seres con mutaciones genéticas

    Todo lo cual plantea una serie de interrogantes:

    • ¿Deben aceptarse con los mismos criterios las tecnologías destinadas a curar una enfermedad que las que pretenden modificar genéticamente a un ser humano?
    • ¿Quiénes serían los beneficiarios si es que hubiese alguno?
    • ¿Cuál sería el límite de lo que se pretende “mejorar”?
    • ¿Se trata de llevar a su máxima plenitud nuestras propias posibilidades o de dar un paso hacia un ser humano distinto y superior?

    En el fondo ¿no es todo esto una rebeldía contra nuestra naturaleza? y ¿dónde se han de situar los límites de lo éticamente aceptable?

    Si se desea potenciar al máximo la capacidad intelectual, el IQ, en vez de tocar los genes, sería más eficaz potenciar el estudio y el esfuerzo personal

    En el compendio de dudas razonables que surgen del intento de modificar genéticamente a los seres humanos mediante técnicas derivadas de la terapia génica, hay una serie de inconvenientes reales que nos permiten afirmar que por fortuna lo que se pretende, aparte de no ser éticamente aceptable por ir en contra de la dignidad humana, es irrealizable.

    Es irrealizable fundamentalmente por razones técnicas. Si difícil es la “edición” y “corrección” de las secuencias génicas responsables de las patologías cómo no lo ha de ser la de influir en genes no relacionados con enfermedades.

    Además, con qué fuerza moral se afrontarían estos experimentos si no hay una garantía de mejora de la condición de las personas sobre las que se actuase.

    Por otra parte, la mayoría de los sistemas genéticos relacionados con caracteres de interés para estos “mejoradores de lo imposible” son de carácter multifactorial, o poligénico.

    Es decir, múltiples genes de efectos aditivos que además interaccionan con el ambiente en su expresión y que en muchos casos tienen una componente genética (heredabiidad) tan baja que igual o mejor se podría influir en su mejora influyendo en el ambiente.

    Por ejemplo, si se desea potenciar al máximo la capacidad intelectual, el IQ, en vez de tocar los genes, sería más eficaz potenciar el estudio y el esfuerzo personal.

    Los «posthumanistas»quieren dar un salto hacia seres humanos distintos y singulares, según su expresión, una nueva especie de seres superiores

    En relación con la ingeniería genética aplicada a la modificación de los genes humanos, aparte de las dificultades técnicas y de los problemas de las interacciones de unas regiones del genoma con otras, hay otro elemento de gran importancia a tener en cuenta, que es el del tipo de tejidos.

    En los seres superiores y pluricelulares con reproducción sexual se distinguen los tejidos somáticos del tejido germinal. Una operación de terapia génica como las que se intentan desarrollar para corregir un problema de salud, se lleva a cabo en un tejido somático, por lo que solo afecta al individuo sobre el que se actúa. Sin embargo, una modificación génica en tejido germinal trascendería a la descendencia, ya que estaría afectando a las células madre de los gametos.

    Precisamente esto es lo que desean llevar a cabo los “posthumanistas”, que quieren modificar la especie. No les basta con mejorar a uno o varios individuos. Lo que quieren es dar un salto hacia seres humanos distintos y singulares, según su expresión, una nueva especie de seres superiores.

    Hasta ahora ha habido un consenso general entre los investigadores por el que las modificaciones estaban prohibidas en el tejido germinal, y solo se admiten las que tuviesen lugar en tejidos somáticos, y siempre que estén destinados a curar una deficiencia genética.

    En principio, la terapia génica somática no ha sido motivo de reservas éticas, salvo las relacionadas con su posible aplicación a la ingeniería genética de potenciación, es decir, toda manipulación genética cuyo objetivo sea favorecer algún carácter no relacionado con una enfermedad.

    La manipulación genética en el ser humano tiene sus riesgos médicos y éticos
    La manipulación genética en el ser humano tiene sus riesgos médicos y éticos

    Dado que lo que propugnan los defensores del “mejoramiento humano” es la modificación de la especie no les vale la actuación en células somáticas, que no trascienden a las generaciones futuras, sino la modificación en el tejido germinal, bien antes de que se desarrolle, caso de los embriones en fase temprana de desarrollo, o en las células madre que darán origen a los gametos, ya en adultos.

    Caso de llevarse esto a cabo, estaríamos jugando con fuego, por los inconvenientes y de seguridad ya señalados. Los previsibles errores que se cometieran en los experimentos con seres humanos podrían tener repercusión no en los individuos en que se practicaran sino en sus descendientes, con consecuencias imprevisibles en las futuras generaciones. Hay que estar muy despistado del significado real del ser humano, un fin en sí mismo y nunca un medio… para adentrarse en este proceloso camino.

    Me parece significativo lo que manifestó el biólogo molecular sudafricano, Sydney Brenner, -premio Nobel de Medicina en 2002-, sobre las modificaciones genéticas en el hombre: «los intentos actuales de mejorar a la especie humana mediante la manipulación genética no son peligrosos, sino ridículos… Supongamos que queremos un hombre más inteligente. El problema es que no sabemos con exactitud qué genes manipular»… «Solo hay un instrumento para transformar a la humanidad de modo duradero y es la cultura».

    Algunos investigadores han hecho creer que la ciencia no ha tener límites y que todo lo que técnicamente es posible debe ser éticamente aceptable

    Ya en un artículo anterior señalé que en el fondo de todo esto lo que hay es un concepto materialista del ser humano (Somos máquinas o personas). Hablar de los seres humanos como si se tratase de máquinas, objetos mecánicos compuestos por piezas móviles que interactúan, o simplemente por genes al mejor estilo del inglés Richard Dawkins, el biólogo y divulgador autor del conocido best seller “El gen egoísta”, es sin duda de una gran simplicidad.

    Es a la vez un enfoque reduccionista y radicalmente materialista. Algunos investigadores han hecho creer que la ciencia no ha tener límites y que todo lo que técnicamente es posible debe ser éticamente aceptable.

    Nick Bostrom, catedrático de Filosofía de la Universidad de Oxford, y fundador de la "World Transhumanists Association"/Youtube
    Nick Bostrom, catedrático de Filosofía de la Universidad de Oxford, y fundador de la «World Transhumanists Association»/Youtube

    Este es el caso de Nick Bostrom, catedrático de Filosofía de la Universidad de Oxford, fundador y director de la «World Transhumanists Association», que mantiene que el intento de mejoramiento del ser humano no afecta a su dignidad e incluso acepta como beneficiosas las modificaciones que se destinaran a mejorar a los seres humanos futuros por medio de la manipulación genética en la línea germinal. Claro está, que se trata de filosofía.

    Tras estudiar los argumentos de Bostrom parece sorprendente su fe en que el mejoramiento humano abocará en seres no solo más longevos y mejores física y mentalmente, sino con una moralidad superior, razón por la que mantiene que estas tendencias son compatibles con la dignidad humana. ¿Acaso sabe Nick Bostrom de la existencia de genes implicados en la moralidad?

    La Dra. María Dolores Vila-Coro, que fue una gran jurista directora de la cátedra UNESCO de Bioética y Biojurídica hasta su fallecimiento en 2010, nos recordaba con frecuencia que «La Humanidad se divide en dos grandes grupos: los que no comen porque no tienen nada, y los que no duermen porque tienen miedo a perder lo que tienen», a lo que solía añadir que estaría bien si un poco de ese sueño perdido se dedicara a aplacar el hambre de los millones de seres humanos que mueren en el mundo.

    Por supuesto eso estaría mucho mejor que consumir millones de dólares en proyectos descabellados que como mucho solo beneficiarían a quienes pudieran costeárselos para, como mucho, un más que dudoso beneficio propio.

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    Doctor en Biología, Catedrático Emérito de Genética, Presidente de CiViCa, Ciencia, Vida y Cultura. Consultor del Pontificio Consejo de la Familia. Pertenece a diversos comités de Bioética. Autor de varios libros de divulgacón científica y de bioética. Participa en másteres, cursos, conferencias, publicaciones y medios de comunicación.