Somos nuestro peor enemigo

    En España mueren más personas que nacen. Sin embargo, este desastre se puede frenar. Por desgracia, es tan grande, que solventarlo va a ser tarea de muchos años. Harán falta políticas con perspectiva de familia que de momento no están en el horizonte.

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    Holanda ofrece la donación de órganos a quienes soliciten la eutanasia./ Flickr
    Holanda ofrece la donación de órganos a quienes soliciten la eutanasia./ Flickr

    Hace más de 15 años que todos los organismos internacionales alertan de la hecatombe demográfica que se cierne sobre España. Nuestra pirámide de poblacion hace tiempo que dejó de seguir los cánones del arquitecto egipcio Imhotep para parecerse más a un dibujo que hice en la guardería antes de que Espinete fuera conocido.

    Según los datos provisionales sobre nacimientos, defunciones y matrimonios, ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística, en los primeros seis meses del año ha habido 20.000 defunciones más que nacimientos.

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    Como dato grueso, ya de por sí es alarmante: Mueren más que nacen. Mejor dicho, nos morimos más que nacemos. No es muy alentador.

    Bastaría una sola ley, tal vez dos, para frenar el envejecimiento salvaje al que nos enfrentamos

    Sin embargo, este desastre se puede frenar. Por desgracia, es tan grande, que solventarlo va a ser tarea de muchos años. Harán falta políticas con perspectiva de familia que de momento no están en el horizonte.

    Pero bastaría una sola ley, tal vez dos, para frenar el envejecimiento salvaje al que nos enfrentamos.

    Según el Instituto de Política Familiar sería necesario que nacieran 260.000 nuevos españoles cada año para estabilizar nuestro crecimiento vegetativo.

    Más de un tercio de esa cantidad se podría alcanzar, si se eliminara la ley de aborto en España, donde cada año se impide nacer a cerca de 100.000 bebés.

    Para subsanar los otros 160.000 nacimientos, habría que implementar políticas de protección de la familia y de estímulo de la natalidad.

    Por desgracia, todos los partidos con representación parlamentaria, o sospecha creciente de tenerla tras las elecciones del 20 de diciembre, no están por la labor de solucionar uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta nuestra nación.

    El PP está vendido a las políticas antinatalistas y abonado a la desprotección del matrimonio y la familia. Ha estado tan ocupado en afrontar lo urgente (económico) que se ha olvidado de atender lo importante: familia, vida y libertad.

    El PSOE ya ha mostrado de forma sobrada lo que es capaz de hacer contra la familia, el matrimonio y la vida humana.

    Ciudadanos se muestra favorable al aborto, aunque reconoce que es un trauma. Me pregunto para qué.

    Podemos probablemente sólo sienta preocupación por la demografía para seguir las tesis del neomalthusianismo y proponer más aborto y, si me apuran, esterilizar a todo aquél que no firme con sangre el libro morado de Pablo Iglesias. El único que puede ser papá es el Estado.

    Sin ninos la sociedad morirá de desazón, porque no se puede vivir ilusionado sin el estímulo del futuro que nos sucederá

    Si no se pone remedio, la desaparición de España, que algunos pretenden desde la ruptura política, llegará sin necesidad de que asomen enemigos dentro o fuera de nuestras fronteras.

    Si no hubiera tensiones secesionistas, ni crisis económica, ni amenaza terrorista, podríamos desaparecer igual.

    Sin ninos, no habrá talento, trabajadores, caja de la seguridad social o pensiones.

    Sin ninos, nadie defenderá ultreya –o suseya- nuestra cultura, nuestra gastronomía o nuestras tradiciones.

    Sin ninos la sociedad morirá de desazón, porque no se puede vivir ilusionado sin el estímulo del futuro que nos sucederá.

    Sin ninos, al fin, estamos abocados al suicidio colectivo.

    Somos, por desgracia, nuestro peor enemigo.

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".