Un discurso provida en un auditorio repleto de partidarios del aborto

"Mami, gracias por darme la vida, gracias por dármelo todo. (...) A mí sí me gustaría tener un hijo como yo" exclamó Jesús Vidal en los Premios Goya. El galardonado como mejor actor de reparto elevó la altura moral de una gala habitualmente infestada de feminismo abortista.

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“¡Gooool en Las Gaunas!” Este grito o alguno similiar que se repite en los programas radiofónicos que transmiten las emociones de los encuentros de la liga española de fútbol bien se podría haber entonado el pasado domingo.

No en referencia a ningún deporte, ni a ningún encuentro deportivo, no. Sino relacionado con la sorpesa que ha supuesto ver cómo un auditorio repleto de personajes que mayoritariamente se consideran “progresistas” y que con desahogo acostumbrado cargan contra todo aquél que contradiga los dogmas de la ideología de género o el feminismo radical, aplaudieron en pie después de contener -en el mejor de los casos- la emoción.

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El causante de esta situación no fue otro que Jesús Vidal, ganador del Premio Goya de la Academia española de Cine en la categoría de Mejor Actor Revelación. Ahí estaban Penélope Cruz, Pedro Almodóvar, Leticia Dolera, Silvia Abril y Andreu Buenafuente (presentadores del acto) o Rocío Sorogoyen, entre otros muchos.

El discurso de agradecimiento de Vidal, por su interpretación en la exitosa ‘Campeones’, no tuvo desperdicio. Tras reconocer el trabajo de los otros actores que optaban al galardón, se dirigió a los miembros de la Academia: “Ustedes han distinguido como mejor actor revelación a un actor con discapacidad. ¡Ustedes no saben lo que han hecho!“. El auditorio rió.

A continuación, una brevísima reivindicación: “Inclusión, diversidad, visibilidad” antes de expresar un sentido “¡Qué emoción!” y vovler a dar las gracias. Se acordó, como no podía ser de otra manera, de sus nueve compañeros de reparto, que recibieron con alborozo espontáneo la mención: “Compañeros, sin vuestra frescura, vuestra espontaneidad y vuestro talento esto no hubiera sido posible”.

Y después, de varios segundos más de agradecimientos al resto del equipo y a sus sobrinos y hermanas, llegó el aldabonazo, que resonó al tiempo que en las butacas afloraban los pañuelos y borboteaban los lagrimales:

Mami, gracias por darme la vida, gracias por dármelo todo. Porque hiciste nacer en mí el amor hacia las artes y porque me enseñaste a ver la vida con los ojos de la inteligencia y del corazón. Te quiero todo.

Don José Vidal Conde, mi padre: gracias por haber vivido, gracias por luchar tanto por mí, porque eres la persona con más ternura del planeta sin pretenderlo. Y porque con sólo una sonrisa cambiabas y cambias el mundo.

Queridos padres: a mí sí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros. Muchísimas gracias”.

Los mejores cuatro minutos y medio de la historia de los Premios Goya. Sin duda, no saben lo que han hecho.

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".