Subir el salario mínimo incrementa el desempleo
Subir el salario mínimo incrementa el desempleo

Hace algunos días, el gobierno español que preside el socialista Pedro Sánchez, sin tomar en cuenta al sector privado, anunció un aumento al salario mínimo el cual –con fecha retroactiva al 1 de enero- queda en mil euros.

Aparentemente, ante el incremento del costo de la vida, esa parece ser una buena noticia.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Sin embargo, pensar eso es un error puesto que –por lo que a continuación explicaremos- se trata de una de las peores noticias que pudieron haber recibido los trabajadores en los últimos años.

Por lo pronto ya las cosas empezaron mal puesto que la decisión se tomó de manera arbitraria despreciando la experiencia que podría aportar el sector patronal.

Como todos bien sabemos, siempre que se discute un incremento al salario mínimo, todo gobierno que desee actuar con ecuanimidad deberá reunirse tanto con representantes sindicales como con representantes empresariales.

De ese modo es como se integra una comisión tripartita que recaba de sus bases una información que será de enorme utilidad en el momento de tomar la decisión más conveniente.

Y es así como, dentro de una o varias reuniones en las que impere un clima de apertura, diálogo y sensatez, al dar su opinión tanto los obreros como los patrones, se podrá llegar a un acuerdo realista en el que se disponga cual deberá ser el porcentaje más adecuado con el fin de que el aumento no ocasione problemas.

Y es que si el aumento se da de una manera desproporcionada las consecuencias no podrán ser peores.

Siempre que se sube el salario mínimo –quiérase o no- aumenta el desempleo debido a que se encarece la contratación. Pongamos el ejemplo de un pequeño empresario que podría pagar un máximo de ochocientos euros…..pues bien, al disponerse que el nuevo salario mínimo será de mil, ya no podrá contratar a esa persona que confiaba conseguir trabajo en unos cuantos días.

Asimismo –y también como consecuencia del aumento- se verá como desaparecen muchos puestos de trabajo lo cual ocasionará no sólo que aumente el desempleo sino que muchos de esos desempleados se incorporen a la economía informal o que se aventuren a probar suerte en negocios ilícitos como podrían ser el narcotráfico o la prostitución.

Quien esto escribe conoce el caso de un buen amigo que tenía una pequeña cafetería en una ciudad de provincia, negocios en el cual le ayudaban dos meseras.

En el momento en que, debido al nuevo salario, ya no pudo pagarle a esas dos chicas, ambas fueron despedidas con lo cual ya no pudieron ganar un dinero con el que sufragaban los gastos de sus respectivas familias.

Asimismo el dueño de dicha cafetería, para que el negocio pudiera salir adelante, tuvo que pedir ayuda a su esposa y a su hija, quienes, al involucrarse en el negocio familiar vieron alterados sus proyectos de vida; la esposa tuvo que desatender las labores domésticas y la hija que abandonar sus estudios.

Como podemos observar, el salario mínimo –especialmente si es elevado- constituye una prohibición para contratar trabajadores.

Y es que el patrón no solamente deberá cubrir el salario sino también hacer frente a otros gastos como son la seguridad social y diversas prestaciones laborales.

Una vez expuesto todo lo anterior, volvemos a la pregunta con la que dimos título a este comentario: ¿A quién beneficia el aumento al salario mínimo?

A nadie y en este caso los más perjudicados son precisamente aquellos a quienes los autores de esta decisión dicen proteger o sea los trabajadores que acabaron quedándose en la calle.

Y es que siempre es preferible un salario mínimo aunque no sea muy alto -pero que pueda pagarse- a un sueldo elevado que, al no poderse cubrir, solamente ocasiona desempleo, amargura y frustraciones.

Y todo por adoptar decisiones demagógicas inspiradas por una Yolanda Díaz.

Con lo fácil y conveniente que hubiera sido pedir consejo al sector patronal.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).