¿Se le pondrá a Feijóo cara de Hernández Mancha?
¿Se le pondrá a Feijóo cara de Hernández Mancha?

Habrá quienes entre estas líneas, víctimas de la LOGSE, de la mala memoria o del simple desconocimiento, no recuerden a un estupendo gestor y pésimo político llamado Antonio Hernández Mancha. Y es que cuando muchos hablan de presidentes del Partido Popular, algunos citan de carrerilla a Manuel Fraga, José María Aznar, Mariano Rajoy, Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo saltándose a la torera a un ilustre andaluz que condujo los designios del centro derecha en una de las épocas más difíciles de Alianza Popular, justo antes del advenimiento del amigo de Bush y Blair y en el interregno en el que Fraga se fue, volvió, puso orden, cambió de nombre a su invento y rompió en público una carta de dimisión al grito de “no hay tutelas y no hay tutías«

Ese hombre, de acento andaluz, de carisma justito, senador, líder de Alianza Popular, de inteligencia sobresaliente, de honradez impecable, duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio. Pero ahí estuvo, en el centro del poder de Génova 13, confiando en que Josemari, -así llamaba a Aznar en público y en privado-, no estaba en ninguna operación para quitarle el poder. Como futurólogo desde luego, no tenía precio.

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Hernández Mancha fue un político gris, pero podría haber sido un inigualable hombre de Estado, porque durante su corta carrera, dio pruebas de que quería lo mejor para su formación, para su partido, para España y para Europa. Era, como ahora se cansan de decir de Feijóo, un gestor.

Alberto Núñez es una especie de Mancha pero con muchos más espolones, con mucha más experiencia de gestión, con menos inteligencia, pero con una imagen de ser fundamentalmente un tecnócrata al servicio de la administración. Es el mensaje que se quiso transmitir en el programa de Bertín Osborne, en el que de tanto machacarlo, ya pasaba por descarado. Nos quedó claro que Feijóo se ha dedicado siempre a manejar subsecretarías, equipos, a coordinar… que lo suyo no son los mítines, ni las arengas, y que lo de ser militante, pues casi es una obligación que va en el cargo de cara a conseguir ser presidente. O sea que, si es condición ‘sine qua non’ para lograr La Moncloa, pero que el entusiasmo por unos valores, por unos principios, por un proyecto trascendente e ideológico brilla más bien por su ausencia. Gestión, toda; valores, menos.

Hernández Mancha era el hombre del traje gris, ese de Joaquín Sabina, al que le robaron el mes de abril. Núñez Mancha o Núñez Feijóo le robó el cargo a Casado un mes de abril para ser el funcionario que lleve la tecnocracia a la polític, primero a Génova, luego a Moncloa. El pragmatismo en estado puro. El tema es que la política no es solo ir a un Ministerio y firmar decretos leyes. Supone proponer un corpus de propuestas audaces a un grupo de personas que forman tu país. La política de los registradores de la propiedad tienen el recorrido que tienen. Y no es suficiente para encabezar un proyecto capaz de llevar a las urnas a toda una parte de la población que quiere líderes con principios, más allá de funcionarios con currículos infinitos.

Francisco Carrera, director de Terreta Radio

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