Imagen referencial.
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Personas que conducen solas en sus vehículos con mascarillas; ciclistas, sudorosos y asfixiados, con mascarilla; agricultores o excursionistas que van al campo, solos o en familia, con mascarilla. Más que un cuento es una pesadilla.

España es el único y primer país de Europa que ha impuesto la obligatoriedad de usar tapabocas al aire libre aún cuando pueda mantenerse de sobra la distancia de seguridad. La Organización Mundial de la Salud establece dicho espacio en un metro. España, en metro y medio. Aún así y aunque haya un kilómetro hay que llevar mascarilla, si nos encontramos en poblado.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Unas leyes, las españolas -nacionales y autónomicas- que se contradicen en muchos casos: unas con otras, y entre ellas mismas, según sea la fecha de su publicación. La autonómicas son siempre mucho más restrictivas que las de ámbito nacional. Una locura, vamos. Pero, en todas hay también excepciones a portar la mascarilla, aún así la malvada reina quiere la confusión y el pánico entre quienes gobierna. Y solo les grita si osan respirar en libertad: “¡Qué les corten la nariz!”.

No quiere enseñar a sus lacayos y a sus servidores ojipláticos que pese a la asfixiante legislación hay circunstancias eximentes, como hacer deporte, como tener dificultad para respirar y en las que no les es obligado; que no es saludable inspirar y expirar siempre con un trapo pegado; que los niños pequeños y los mayores deber estar bien oxigenados; tampoco les dice que esa legislación es solo para los núcleos urbanos, y no se aplica en la naturaleza o en el extraradio.

Por eso, las huertas y montañas se llenan de enmascarados.

Érase millones de narices atrapadas en miles de millones de trapos.

Solos en el coche o en la naturaleza -no hay nadie a quien contagiar o de quien contagiarse- pero todos llevan el paño, porque la televisión… perdón, porque la reina malvada, así se lo ha gritado.

Antes no hacía falta, porque el Gobieno no las había comprado. Ahora… ¡ay de ti si se te ha olvidado!

Esta caja tonta, esta reina mala, no deja que sus súbditos sepan que si alguien va solo, caminando o nadando, no tiene a nadie a quien contagiar, y que si los conductores la llevan se pueden accidentar. ¡Pero la DGT se ha callado!

Muchos conducen con mascarilla, siendo muy peligroso, no solo para quien conduce el coche (porque la reina perversa le ha dicho que puede protegerse de algún virus cuando no tiene a nadie al lado) sino que hace peligrar la vida de quienes se cruzan en su camino, peatones y otros conductores.

Un conductor mayor o no tan mayor puede marearse al volante si le falta el oxígeno, y esto ya ha pasado: “Sabemos que el conductor había estado usando una mascarilla N95 dentro del vehículo durante varias horas y finalmente se desmayó mientras operaba el vehículo”. 

Pero si se dice la verdad, se enfada la reina y muchos otros medios, también malditos lacayos: “No, que esto no ha pasado”.

Que ha sido un sueño o que estamos equivocados; que sigamos usando 24 horas el trapo, conduciendo, corriendo, nadando, si no recibimos suficiente aporte de óxigeno, pues nos aguantamos.

¡Ay de quien ose asomar el apéndice nasal por encima del tejido!

Érase un hombre a un trapo pegado.

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Licenciada en Ciencias de la Información, Rama de Publicidad y Relaciones Públicas, en la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Periodismo de Radio, también en la UCM. He trabajado en prensa digital, en Radio Nacional de España y en productoras de televisión. Madre de familia numerosa. Tomando conciencia de la inmensa batalla en la que estamos inmersos entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte.