Ayaan Hirsi Ali: «La gente corriente aplica el sentido común, las élites temen que las acusen de islamofobia»

Ayaan Hirsi Ali, mujer somalí amenazada por dejar el islam, escritora y ex política, habla claro sobre los peligros que acechan a Occidente víctima del discurso políticamente correcto.

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Cayetana Álvarez de Toledo entrevista en El Mundo a la política Ayaan Hirsi Ali, una mujer nacida en Somalia, simpatizante de los Hermanos Musulmanes, que huyó a Holanda cuando su padre le concertó un matrimonio.

Allí se convirtió en diputada, pero acabó huyendo a EEUU por sus críticas al islam, fiel partidaria de una reforma que separe política y religión. Habla claro, denuncia lo políticamente correcto y sobre todo a las élites, que venden una mentira que ya pocos se creen.

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No es la primera vez que denuncia esta situación, como se puede comprobar en el vídeo de La Contra que encabeza la noticia, pero sí una de las más contundentes. La entrevista no tiene desperdicio, he aquí un resumen de la misma:

Sobre si el islam es una religión de paz, Hirsi dice que «la clave es distinguir entre los musulmanes y el islam. Entre personas e ideas. No todos son fanáticos ni misóginos ni violentos. Los musulmanes son tan diversos entre sí como cualquier otro presunto colectivo: cristianos, judíos, mujeres, gays, hombres heterosexuales blancos…

Otra cosa es el islam. El atentado de Barcelona es la expresión del islam político. Sus autores fueron fieles al Corán. Siguieron exactamente las consignas de la segunda etapa de la vida de Mahoma.

El califa tiene la obligación de convertir al no creyente, aunque sea mediante el uso de la violencia

La vida de Mahoma tiene dos fases -explica Ayaan-. Primero vive en La Meca. Funda una religión como la entendemos ahora en Occidente. Predica la paz, la piedad y la caridad. Es un guía moral. Pero luego se traslada a Medina, donde elabora un modelo político. Fija la imagen de una sociedad ideal. Dicta cuál debe ser la relación entre dios y el individuo. Entre el marido y la mujer. Entre el creyente y el no creyente. Y dice algo crucial: el califa tiene la obligación de convertir al no creyente, aunque sea mediante el uso de la violencia.

Sobre la diferencia entre el cristianismo y el islam comenta que el cristianismo tuvo sus cruzadas, su Inquisición y su confusión entre política y religión. Pero los cristianos han aceptado que su religión es sólo una de tantas -según Ayaan, que es atea-. Y añade que Han separado la política de la fe. Y son pacíficos. Este viaje es fruto del pensamiento crítico: un resultado liberador de la Ilustración. Y se las separó. Nada de esto ha sucedido con el islam.

Hirsi alerta de la inmigración musulmana masiva: Si los nacionalistas catalanes siguen favoreciendo la inmigración musulmana y la creación de infraestructuras islámicas acabarán teniendo una Cataluña independiente no ya de España sino de Occidente. De la modernidad, la paz, la tolerancia y las libertades civiles.

Y sobre todo critica que se utilice la islamofobia para atacar la libertad individual: Se protege al islam de toda crítica y se ataca una islamofobia testimonial o incluso inventada… Es un fenómeno habitual en Estados Unidos, Canadá y muchos sitios de Europa. Y el resultado es un divorcio entre la élite y la gente corriente.

Porque la gente corriente aplica el sentido común. Ven que los terroristas invocan explícitamente el islam como motivación para sus asesinatos. Ven que invocan el nombre y el ejemplo de Mahoma. (…)

En cambio, las élites -los políticos, los medios de comunicación, las grandes corporaciones, ¡hasta los reyes y reinas!- coinciden en la impostura. Intentan ocultar la realidad porque la consideran políticamente incorrecta. (…) Viven en un gran teatro: «El terrorismo no tiene nada que ver con islam; islam es paz…» Viven en la mentira. Y la difunden.

Las élites europeas creen que el simple contacto con Occidente acabará convirtiendo a los inmigrantes musulmanes en hijos de la Ilustración y ciudadanos modelo

Sobre el crecimiento de grupos políticos identitarios apunta que «hay que encarar la batalla ideológica sobre el islam. Para Europa el asunto clave es la inmigración. Yo no soy contraria a la inmigración. Pero me parece una irresponsabilidad histórica que se permita a personas instalarse en un país sin pedirles que a cambio asimilen los valores propios de la Unión Europea: la libertad individual, el pluralismo, la tolerancia.

Las élites europeas creen que el simple contacto con Occidente acabará convirtiendo a los inmigrantes musulmanes en hijos de la Ilustración y ciudadanos modelo. No es verdad. Los datos revelan que los musulmanes se radicalizan más dentro de la propia Europa que fuera.

Uno de los motivos por el que se impone el silencio es la actitud de los progresistas: Yo apelo al egoísmo altruista de los progresistas, afirma Ayaan. Les advierto: «Si me quitan a mí el derecho a hablar libremente estarán poniendo en riesgo su propio derecho a hablar libremente».

Pero también denuncio su hipocresía. Les digo: «Ustedes, que disfrutan de la libertad, que dicen defender los derechos humanos y a las minorías, que se proclaman paladines de la igualdad de la mujer… ¿cómo es posible que hagan causa común con los peores reaccionarios, con gente ultraconservadora, machista y homófoba?» La izquierda exhibe una sórdida tolerancia ante la intolerancia.

Mi experiencia contra la ablación es que es más fácil obtener el apoyo de la cadena Fox que del New York Times

El papel de la universidad es crucial para formar buenos ciudadanos, pero ahora esta se censura a sí misma: Cualquiera que siga las noticias ahora en Estados Unidos creerá que un tercio de los americanos son transgénero, afirma Ayaan. Es un debate artificial, hinchado. Las políticas identitarias lo han copado todo. Lo han politizado todo. Y especialmente la universidad.

En la universidad hay que aprender a debatir, confrontar puntos de vistas, respetar y ejercer la libertad intelectual. Pero ahora impera la censura. Los alumnos se gradúan con ideas fijas y dogmáticas.

Y los medios de comunicación tampoco salen bien parados, como explica Hirsi con un ejemplo sobre la ablación femenina: Mi experiencia contra la ablación es que es más fácil obtener el apoyo de la cadena Fox que del New York Times. La condescendencia de muchas mujeres de izquierdas con la mutilación genital es insólita.

Recuerdo una conversación con una periodista de gran prestigio del Times. No había manera de que llamara mutilación a la mutilación. Buscaba eufemismos. Y justificaciones. Lo consideraba la expresión de «una cultura». Esta actitud esconde un fondo de racismo: ninguna mujer blanca occidental sometería a sus hijas a una mutilación genital.

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