Justin Trudeau, primer ministro de Canadá.
Justin Trudeau, primer ministro de Canadá.

Querido lector:

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Si usted tiene hijos o los va a tener en el futuro, estoy casi convencido de que les educará –o lo intentará al menos- en el respeto por el diferente, en la igualdad de oportunidades y en la idéntica dignidad de todos los seres humanos que pueblan la faz de la Tierra. Es loable. Pero no le estará educando en lo políticamente correcto.

No sé si lo sabe pero existen fondos de inversión que sólo invierten en lo que ellos llaman minorías en dicho sector como lo pueden ser las mujeres, ciertos colectivos (ya saben a quiénes me refiero) o negros o personas de color. El último en sumarse a la moda ha sido, cómo no, Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, quien anunció hace pocos días la creación de un fondo de ayuda para “emprendedores y empresarios negros”.

Racismo y discriminación de Estado

Podemos llegar a dos posibles conclusiones para explicar esta medida; ambas muy graves y amargas.

La primera es que el Estado Canadiense tiene un sistema de ayudas a empresarios y emprendedores que sistemáticamente discrimina a aquéllos que tienen un cierto color de piel, en cuyo caso se podría entender en cierto modo la creación de este fondo. Lo malo es que en este supuesto, lo triste sería que en vez de intentar arreglar el sistema supuestamente podrido, se dejase como está para taparlo con un parche. Dudo mucho que esta primera opción sea creíble.

La segunda posible conclusión es que el Estado de Canadá ha decidido organizar un fondo que es altamente discriminatorio y racista que deja a un lado a la gran mayoría de canadienses, incluyendo mayorías y minoría étnicas no negras. Me inclino más por esta teoría. No sé usted.

Es un paso más hacia un mundo en el que se intenta polarizar a la sociedad y crear compartimentos de colores en vez de ágoras públicas en las que los humanos nos sintamos ciudadanos libres e iguales.

¿Qué es un negro?

En la página web del primer ministro canadiense se anuncia a bombo y platillo la ayuda de más de 93 millones de dólares que se va a prestar a “negros”.

El problema es que en el comunicado de prensa no se explica lo que es un “negro”. Y yo me hago una pregunta básica que puede parecer estúpida, pero se antoja crucial para la batalla cultural de atomización racial que se nos viene encima en este siglo que nos ha tocado vivir: ¿qué es un negro?

¿Hablamos de genética? ¿De tonalidades de colores? ¿Una persona de ascendencia africana y albina es negra? ¿Y otra con dos abuelos africanos, uno asiático y un cuarto de Lepe?

 ¿Y qué me dice de aquellos quienes aun siendo más blancos que los polvos de talco se “sienten” negros? Sí, existen. De hecho el fondo Blackstage Capital dice invertir en proyectos cuyos líderes “se identifiquen como mujeres, personas de color y LGTBIQ”. Lo que no explican es si podrían invertir en alguien que se sienta de color naranja. No sé si colaría, pero puestos a poner la mano, merece la pena probar.

Los que promueven este tipo de fondos para “negros”, no sólo son racistas sino que pueden estar haciendo un flaco favor a sus comunidades

Imaginemos que un niño nace en una familia donde la madre tiene tres abuelos de origen africano y otro irlandés mientras que los antepasados del padre no han salido de Cuenca desde que se recuerda. ¿Debería este niño acceder a los fondos de Justin Trudeau?

Estas son las absurdidades a las que pueden llegar las políticas identitarias racistas sobre todo en un mundo donde cada vez la mezcla racial –llámese como se llame- se va imponiendo.

El dinero, al servicio de ideologías, no del bien común.

Si damos un paso atrás podríamos tocar brevemente la función social que deberían cumplir los fondos de inversión. Se supone que, de forma objetiva, tendrían que ver qué proyectos, con independencia de si los fundadores llevan gafas o les gustan los mejillones en escabeche, van a generar una utilidad económica y social. Esto es la teoría. La realidad, como ya analicé en otra columna, es que la tendencia no va por ahí y cada vez más el dinero pretende hacer política e imponer planes de ingeniería social determinados.

Los que promueven este tipo de fondos para “negros”, no sólo son racistas sino que pueden estar haciendo un flaco favor a sus comunidades. Imagínense que un señor de origen japonés empieza un negocio que resulta que va a ser muy beneficioso para la comunidad negra. Como no es negro, los fondos para “negros” no invertirían en su proyecto.

Pongamos otro ejemplo en el que haya tres fundadores de una empresa, uno de los cuales es negro. ¿Qué haría alguien políticamente correcto aquí?

Me temo que muchos de los que creen en la libertad y la dignidad del ser humano hace tiempo que se han autoimpuesto un bozal

De hecho yo si fuese negro también lo vería como un insulto a mi persona. Supone lanzar el mensaje de que al ser negro no puede acceder en igualdad de condiciones a fondos o ayudas públicas destinados al resto de Canadienses porque es “diferente”, pese a haber estudiando en las mismas escuelas y universidades que sus posibles competidores.

Es lo que pasa cuando son las ideologías las que imperan en las decisiones políticas y financieras; la lógica se pierde.

Póngase el bozal y no se le ocurra comentar

Compruebo con preocupación cómo cada vez que una noticia de este tipo sale a la palestra en redes sociales profesionales, todo son alabanzas. Si monta usted un fondo para gente con un 80% mínimo de origen africano, que se sienta un higo chumbo por las noches y se levante con el pie izquierdo por las mañanas, es tratado cual héroe. Pero si por el contrario intenta crear un fondo donde todos los proyectos sean tratados por igual sin tener en cuenta el color o preferencias de los creadores de los mismos, será usted un insulso que no contribuye a las causas de moda y seguramente será tildado de racista por no favorecer ciertas minorías. Sí, ésta es la sociedad que hemos dejado crear y estamos ayudando a construir con el silencio cómplice de muchos.

Aunque desde hace relativamente poco llevamos mascarilla, mucho me temo que muchos de los que creen en la libertad y la dignidad del ser humano hace tiempo que se han autoimpuesto un bozal para evitar denunciar tropelías de este tipo. El asunto es que puede que, además de las mascarillas, el bozal ideológico sea obligatorio más pronto que tarde a no ser que empecemos a denunciar el racismo y la discriminación sistemática de la dictadura de lo políticamente correcto desde ya.

Gracias como siempre por su tiempo y sus comentarios, si lo estima pertinente.

Un cordial saludo,

Álvaro de la Peña.

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