imagen panorámica del Congreso español en la constitución de la XIII Legislatura./ EFE
imagen panorámica del Congreso español en la constitución de la XIII Legislatura./ EFE

La congruencia no parece ser una de las virtudes más frecuentes en los políticos. Seguro que gran parte de los lectores con únicamente esa frase han pensado inmediatamente en algún político concreto o un partido entero. Ejemplos hay, lamentablemente, demasiados. Muchos piensan que es inherente a los políticos y que todos son iguales: unos mentirosos que prometen lo que no pueden cumplir para incumplir lo prometido cuando están en el poder.

Uno de los primeros que puede venir a la imaginación es un político de barrio obrero, de izquierdas y comunista que ha abandonado a sus antiguos vecinos para criticar a la casta, los ricos y los poderosos, desde dentro. Desde dentro de su lujoso y costoso chalet y teniendo como vecinos a personas que no parece que sean su votante típico. Ha dejado de vivir en el “barrio obrero de toda la vida” para criticar a quienes viven como él a costa de los “obreros de toda la vida”. Todo ello bien protegido por unos cuerpos de Guardia Civil y Policía que cumplen con su deber y obligación de forma exquisita con alguien que disfruta cuando un policía es agredido, con alguien que gritaba “mucha policía, poca diversión”. La profesionalidad y congruencia de unos se aplica frente a la incongruencia de otros.

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El presidente del gobierno en España, el socialista Pedro Sánchez, es quizás el mejor ejemplo de falta de coherencia y de verdad. No es difícil encontrar en las hemerotecas frases como: «Ni antes, ni después el PSOE va a pactar con el populismo. El final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y, sobre todo, la desigualdad».

Tampoco sería difícil encontrar críticas al nacionalismo, a la corrupción, a las sociedades de inversión para inmuebles… todas ellas olvidadas de forma conveniente con su llegada al poder. ¿Qué decir de la congruencia de Pedro Sánchez, el gobierno y el PSOE en, por ejemplo, la pandemia de la Covid-19?

En España, cuando el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó la ley orgánica de despenalización del aborto, decenas de diputados y senadores del Partido Popular presentaron un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional en España que, por cierto, todavía no ha resuelto.

Lamentablemente, el PP no parece compartir, promover o defender los mismos principios y valores que hace sólo diez años. ¿Dónde quedó la coherencia del PP? ¿Y sus valores y principios inamovibles?

Ciudadanos olvidó que era una asociación civil que se convirtió en un partido político y que nació para defender la unidad de España y para denunciar el nacionalismo y sus incongruencias. Nació con la vocación de denunciar que, en Cataluña, salvo para los nacionalistas, no hay o están muy limitadas la libertad empresarial, la libertad de educación, la libertad en la enseñanza y que los padres no pueden en la práctica elegir el idioma vehicular de la educación de sus hijos. Ciudadanos ha dado bandazos, ha sido incongruente, no ha definido claramente su proyecto político, tal vez cegado por su ambición y eso le ha llevado a una situación cercana a la desaparición.

Partidos nacionalistas, en Cataluña o en País Vasco, han utilizado el poder y los votos de sus diputados para obtener beneficios para sus regiones. Poco les ha importado pactar con PSOE, PP o Podemos. El objetivo era beneficiar a sus regiones. La congruencia en principios y valores, se podía dejar para otro momento.

VOX deberá revisar cuales son sus valores y principios, lo que le piden los votantes, lo que les promete y buscar la congruencia de sus actos. Deberá hacer que sus hechos sigan las promesas realizadas a los votantes, el programa electoral y, además, deberá esforzarse en cumplir lo prometido. Lo contrario hará que muchos piensen que, “es como todos y que no te puedes fiar tampoco de ellos”.

La política es demasiado seria para la gran mayoría de los políticos que tenemos, para su falta de coherencia y para su forma maquiavélica de entender su ejercicio. Algunos, muy pocos, sacrifican carrera, dinero o prestigio para servir como representantes de unos principios y valores. Otros, una mayoría, se sirven de la política para hacer carrera, dinero y obtener el prestigio que no conseguirían fuera de ella.

Las elecciones en Madrid están cercanas. En otras regiones y al Congreso de los Diputados y Senado no se celebrarán hasta dentro de unos meses o años, todo dependerá de los pactos en Madrid y el gobierno de PSOE-Unidas Podemos. Las dudas que quedan son sobre si los electores harán pagar a los partidos que no cumplen sus promesas, que no respetan lo dicho y que no ponen hechos a sus palabras. Debemos preguntarnos si se percibirá, esta vez sí y de ahora en adelante, una pérdida de confianza y votos por la traición a unos principios y valores compartidos con los votantes.

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Rubén Navarro es abogado y licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Le encanta viajar y comunicarse con amigos de otras culturas e idiomas, además de un buen café por la mañana. Habla inglés, francés e italiano. En Ginebra desde 2011, ha trabajado con diplomáticos, legisladores y ONG en la defensa de la familia, la vida y la libertad religiosa en el Consejo de Derechos Humanos dela ONU. Es autor de un capítulo en el libro ‘La Batalla por la Familia en Europa’, coordinado por Francisco José Contreras.