El dictador venezolano Nicolás Maduro, en una imagen difundida por el Palacio de Miraflores. /EFE

Trece de los catorce países que integran el Grupo de Lima han declarado abiertamente que lo que hay en Venezuela es una dictadura e instaron Nicolás Maduro a no asumir un nuevo e ilegítimo periodo presidencial el próximo 10 de enero y a transferir el Poder Ejecutivo a la Asamblea Nacional.

Lo acontecido este viernes 4 de enero es un hecho inédito. Es la primera vez que un amplio grupo de países de la región confrontan de manera clara y directa a Maduro, urgiéndole a que deje el poder.

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Otras manifestaciones del Grupo de Lima habían sido menos incisivas, con un lenguaje más conciliador. Ahora, han dicho, sin dejar lugar a dudas, que la situación de Venezuela es producto de “actos y políticas antidemocráticas, opresoras y dictatoriales practicados por el régimen de Nicolás Maduro”.

Así de claro. Además subrayan que en Venezuela hay una ruptura del Estado de derecho y del orden constitucional y reitera el proceso electoral llevado a cabo el 20 de mayo de 2018 “carece de legitimidad” por no contar con las garantías y estándares mínimos para un proceso libre, justo y transparente.

Entre las medidas concretas que adoptarán en conjunto están reevaluar el estado de las relaciones diplomáticas con el régimen bolivariano, lo que podría implicar la retirada de embajadas

Ratifican su “pleno respaldo y reconocimiento a la Asamblea Nacional, elegida legítimamente el 6 de diciembre de 2015, como órgano constitucional democráticamente electo en Venezuela”, por lo que esa entidad, es la única a la que debe transferirse, de forma provisional, el Poder Ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones democráticas.

Reconocen al Poder Judicial en el exilio y advierten que no tolerarán provocaciones militares que coloquen en riesgo a la región. Este aspecto tiene especial relevancia luego de la presencia de rusos con bombarderos nucleares en territorio venezolano en diciembre del año que terminó.

Medidas concretas

Esta es la Declaración de Lima, un texto pequeño y contundente, integrado por 13 consideraciones y 7 medidas concretas aprobadas y divulgadas el 4 de enero por los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.

Entre las medidas concretas que adoptarán en conjunto están reevaluar el estado de las relaciones diplomáticas con el régimen bolivariano, lo que podría implicar la retirada de embajadas; impedir la entrada de altos funcionarios venezolanos a sus países, y congelar sus fondos, otros activos o recursos económicos.

También “evaluar con criterio restrictivo el otorgamiento de préstamos al régimen de Nicolás Maduro en los organismos financieros internacionales y regionales de los que son parte” y suspender toda cooperación militar con la dictadura.

Puede leer la Declaración completa aquí. Este texto de 21 párrafos es sin duda alguna el más importante avance que se ha registrado para cerrar el cerco en torno a Maduro en la región.

Brasil y Colombia, decisivos para el cambio de tono

Son antecedentes a la Declaración de Lima la tardía abertura del proceso de aplicación de la Carta Democrática a Venezuela en la Organización de los Estados Americanos (OEA), en junio del año pasado, y la denuncia ante el Tribunal Penal Internacional, impulsada por Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Perú y Paraguay el pasado mes de septiembre.

Con todo, ni una ni otra generaron resultados inmediatos porque abrieron procesos con desenlaces a largo plazo. La reciente manifestación del Grupo de Lima, en cambio, propone acciones de corto plazo por parte de los gobiernos que la suscriben. Una presión directa y expedita sobre el régimen.

Para todos quedó claro que si no había mudanzas y acciones concretas Colombia y Brasil tomarían, juntos, un camino alternativo que dejaría en el limbo político y diplomático al bloque

El canciller de Perú, Néstor Popolizio, anunció este lunes 7 de enero que ya divulgó una lista de nombres vinculados a la cúpula del régimen bolivariano y de sus familiares, para impedir la entrada a su territorio.

Brasil ya prepara una serie de medidas de bloqueo a ser implementadas progresivamente. Su canciller, Ernesto Araújo, declaró también que la Declaración de Lima supone una oportunidad para que Maduro abandone el poder con “un mínimo de dignidad”. Lo que suena a advertencia: “última llamada, no pararemos hasta ver al dictador dejando el poder”.

Los miembros del Grupo de Lima se oponen a la perpetuación del régimen dictatorial de Nicolás Maduro en Venezuela /EFE
Los miembros del Grupo de Lima se oponen a la perpetuación del régimen dictatorial de Nicolás Maduro en Venezuela /EFE

Colombia está en la misma línea. De hecho, el nuevo tono que el Grupo de Lima ha asumido se debe en buena parte a la articulación de la cancillería de estos dos países.

El canciller Carlos Holmes Trujillo ya venía impulsando, junto con su embajador en la OEA, Alejando Ordoñez, la necesidad de asumir una posición más firme en el Grupo de Lima. La asunción de Araújo a la cancillería brasileña fue decisiva.

Para todos quedó claro que si no había mudanzas y acciones concretas Colombia y Brasil tomarían, juntos, un camino alternativo que dejaría en el limbo político y diplomático al bloque.

Un dia después de la Declaración de Lima, el Parlamento venezolano entró en acción.

El Parlamento venezolano, de nuevo al ruedo

La Asamblea Nacional (ANV) es, en la práctica, el único órgano del Estado que aún permanece independiente en Venezuela. Todos las demás instancias son controladas por la narcodictadura.

La mayoría de los gobiernos regionales y locales, todos los tribunales y el sistema de justicia, los consejos electorales y el llamado “poder ciudadano”, que se ‘ejerce’ a través de la Defensoria del Pueblo, el Ministerio Público y la Contraloría General, todos son controlados por el régimen comunista.

Maduro intentó, incluso, controlar el Poder Legislativo creando como poder paralelo una Asamblea Comunal Constituyente (ACC). La impuso pero no logró diluir al Parlamento. Opera con severas restricciones pero resiste. Y se ha lanzado ahora a lo que parece ser una ofensiva final.

Este sábado 5 de diciembre la ANV nombró una nueva dirección y declaró que no reconocerá como presidente a Maduro si se juramenta para seis años más de gobierno. Le tratarán como usurpador.

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. / EFE
Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. / EFE

El nuevo presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, ha dicho que “Maduro y su gobierno desmantelaron el estado de derecho, no tienen intención alguna de rectificar, juegan con el tiempo. Eso debe acabar […] En la Asamblea Nacional nos mantenemos en pie como poder legítimo […] No nos vamos a rendir”.

Guaidó anunció que crearán un Consejo de Transición como espacio para la articulación contra la usurpación del Poder Ejecutivo. Es la tercera de ocho acciones con las que enfrentarán a Maduro.

Las otras son: reafirmar la ilegitimidad de Maduro con una declaratoria de usurpación del cargo de la Presidencia de la República; asumir, como único poder legítimo electo, la representación del pueblo ante la comunidad internacional; retomar el proceso de renovación de los poderes usurpados.

También promover el reconocimiento de representantes legítimos ante instancias internacionales; autorizar la ayuda humanitaria y asumir la interlocución directa con países que quieren apoyar en esta materia.

Así como crear un fondo para la recuperación de activos provenientes de la corrupción, incautándolo en el exterior; y aprobar la agenda legislativa que redefinan el marco jurídico para la recuperación institucional, económica y social del país.

Para la operación de esta agenda, el Parlamento ya no esta solo, como en el pasado. Ahora cuenta con los trece países que suscriben la Declaración de Lima y con Estados Unidos. La OEA ha convocado una reunión de emergencia el 10 de enero para tratar la eventual juramentación ilícita de Maduro.

México fue el único país integrante del Grupo de Lima que no firmó la declaración, intentando romper el consenso liderado por Brasil, Colombia y Perú

La triada aliada de Maduro

Apostados al lado del narcodictador están Cuba, México y Rusia. El apoyo de Cuba es limitado y México es una incógnita, en cuando a su eficacia.

Sin duda será un relevante aliado político y diplomático, pero el país esta sumido en graves problemas internos y el presidente Manuel Andrés López Obrador está abocado a la compleja reconstrucción del viejo sistema revolucionario que dominó durante décadas.

México fue el único país integrante del Grupo de Lima que no firmó la declaración, intentando romper el consenso liderado por Brasil, Colombia y Perú.

Entre López Obrador y Maduro hay varios lazos de unión. El dictador venezolano fue uno de los invitados de honra en la investidura presidencial del mexicano, a pesar de las protestas populares que repudiaban su presencia en el país.

Están hermanados ideológicamente Ambos se consideran izquierdistas. El mexicano dice que es un “progresista” y el venezolano se define como “socialista”.

Además, el partido de López Obrador, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) pertenece al Foro de São Paulo, la mayor plataforma de articulación de organizaciones de izquierda en América, al igual que la sigla del dictador, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Rusia, por su parte, ofrece – en primera instancia – un respaldo de peso. El pasado 9 de diciembre, luego de un viaje a Moscú, Maduro anunció “acuerdos para la inversión petrolera, el crecimiento de la industria y de inversión en minería en el arco del Orinoco por más de 1 mil millones de dólares, […] estamos construyendo una geopolítica mundial de un mundo multipolar”.

El gobierno ruso, a través de la compañía petrolera más grande de Eurasia, Rosneft, tiene un pie en los campos petroleros de la nación sudamericana. A cambio de un progresivo control Moscú presta dinero a Maduro y llegó a escenifica en diciembre un pequeño despliegue de fuerza  con la presencia de bombarderos nucleares en territorio venezolano.

La presencia rusa en ese país obedece claramente a la estrategia geopolítica de Vladimir Putin, orientada por el euroasianismo – una forma de nacionalismo tradicionalista y bolchevique – de su principal ideólogo y asesor, el filósofo Alexandr Dugin.

El mundo “multipolar” mencionado por Maduro no es otra cosa que un el sueño eurasiano de Dugin donde los diversos “polos” operan bajo la hegemonía de un nuevo imperio: el ruso.

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