Imagen referencial / Pixabay-Enrique López Garre
Imagen referencial / Pixabay-Enrique López Garre

Con motivo de esta crisis mundial del coronavirus que nos aísla corporalmente y nos atocina mentalmente (al menos, así, ocurre en mi caso), he decidido publicar un fragmento de una novela que estoy ultimando y dentro de la cual, he añadido, a última hora, un capítulo dedicado a esta misteriosa enfermedad.

En el citado capítulo de mi novela, un grupúsculo de intelectuales conspirativos dialoga, a través de una charla online, sobre el posible origen del coronavirus. Mi intención como autor de estas conversaciones novelescas no es desvelar nada en concreto, sino hacer reflexionar al lector sobre dos cuestiones fundamentales: las posibles causas genéricas de esta epidemia y cómo están aprovechando esta situación algunos lobbies para ideologizar a las personas (y así, transformar a la sociedad conforme a sus intereses).

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A renglón seguido, despliego la charla online, con los correspondientes pseudónimos o sobrenombres de las partes dialogantes:

– Jimmy Conspiraciones: Esto del coronavirus es un tinglado muñido por un cúmulo de empresarios, colectivos y apéndices gubernamentales para sacar tajada de la situación. De hecho, estoy convencido de que hay multimillonarios del statu quo ofreciendo ayuda humanitaria, invirtiendo millones para erradicar la enfermedad y llenándose la boca de discursos de filántropo, pero que son ellos los mismos que están en el ajo, fruto de su acentuada hipocresía. 

– Pedrito Leviatán: Suscribo lo que dices, menos en lo de que ellos la hayan creado. Más bien, creo que están aprovechando la situación para la consecución de sus fines, eso sí, lo cual es igualmente deleznable, pero no pienso que sean sus creadores. Sí que les veo criminalmente interesados, egoístas y oportunistas, pero no lo suficientemente malvados como para fabricar la epidemia.

– Jorgito Orwell: Yo creo que tenéis parte de razón los dos. Por un lado, hay algunos que están metidos tanto en la creación del virus como en sacar beneficio del mismo, mientras, por otra parte, se encuentran los que simplemente están aprovechando la situación para obtener rédito de la misma. No creo que haya que unificarlos a todos en una sola unidad de mando. Existen intereses dispersos, unos entrelazados y dependientes de una misma jerarquía, y otros fuera de dicha órbita jerarquizada.

– Juanito Huxley: Muy interesantes vuestros análisis y creo que son muy acertados en cuanto a lo establecer dos categorías, que son la de creadores del virus y la de beneficiarios del mismo. Sin embargo, veo que vuestras teorías están demasiado focalizadas en la economía. ¿No pensáis que existan otros intereses de corte ideológico e incluso, bélico?

– Jacobo Marte: No descarto que se trate de una guerra sibilina, es decir, disfrazada con piel de cordero, con careta de niña risueña, muy distinta a las que hemos escuchado a lo largo de la historia. Tengamos en cuenta que el mal del siglo XXI es especialmente sibilino, véase la ferocidad del lobo vestida de corderito degollado, con cara de niño bueno, sosegado, templado en sus maneras, cursi en sus modales, al que no se le ve venir de lejos (y ni siquiera de cerca). Por esta razón, pienso que el origen de este virus está en desatar un conflicto bélico de apariencia suave, subrepticia, soterrada, donde la gente haya de tomarse la molestia de quedarse en casa, pero sin que su hogar sea arrasado por un bombardero y sin la necesidad de formar barricadas en las calles mientras empuñan una metralleta. Una contienda molesta, indigesta, pero que no sea tan insufrible como una batalla armamentística, que resulte bastante más llevadera, que no derrumbe de una sola atacada nuestro estado de bienestar.

– Perico Ares: No sé quién habrá creado esta epidemia, pero lo que me queda meridianamente claro es que está siendo aprovechada con la finalidad de borrar a muchos ancianos del mapa, a modo de eutanasia indirecta, para así no tener que cargar con sus pensiones, ni tomarse la molestia de cuidarlos.

– Gonzalito Basileús: Yo, también, pienso que este virus está siendo aprovechado por algunos colectivos para comunicarnos que la naturaleza lo ha creado (como si tuviese una inteligencia que excede a sus leyes), con el fin de evitar la contaminación del planeta. De esta farsa, se sirven determinados grupos ecologistas para intensificar sus catequesis y tener a la sociedad aún más cosificada con sus embustes y patrañas.

– M@qui@velus M@ximus: También, hay movimientos que están aprovechando esta coyuntura para alertar de la farsa malthusiana de la sobrepoblación (es decir, que el mundo está excesivamente poblado en función de los alimentos y terreno cultivable disponibles), la cual es una despropósito de proporciones desorbitadas. Y lo que ya es todavía más demencial es que se saque este tema justo en un momento en el que está muriendo tanta gente. No puede haber instante más macabro, tétrico, horripilante e inadecuado para ponerse a bosquejar teorías de esta índole.

– Jacobo Marte: Sobre todo, cuando Malthus, creador de esta falacia de la sobrepoblación en el siglo XIX, se equivocó en sus pronósticos. Predijo que Inglaterra alcanzaría una población de 112 millones de personas en 1898 y que sólo habría alimento para una millonada de 35, quedándose el 77 restante privado de comer. En 2020, el territorio inglés no supera los 58 y Reino Unido, no traspasa los 66, además de que sus ciudadanos gozan, evidentemente, de acceso a la alimentación. 

– Perico Ares: También, hubo un organismo internacional que auguró que, en 1975, se habrían agotado las reservas de plomo, cromo, zinc y cobre en el mundo. No sólo no se ha cumplido, sino que ha bajado el precio de los metales con respecto al citado año.

– Pedrito Leviatán: A esto, cabe añadir que hay más población en el mundo alimentada que hace 2 décadas y que los alimentos, por lo general, bajan de precio, dado que la tierra cultivable por habitante, en vez de haberse reducido, ha aumentado en los últimos años. Por otro lado, divulgan la mentira de que el mundo está siendo sobrepoblado de tal manera que no vamos a caber dentro del mismo, cuando puedes concentrar a toda la población mundial en el estado de Texas llevando el modo de vida de Nueva York (es decir, con áreas verdes, oficinas, zona industrial y residencial) y pudiendo alimentarse de una superficie cultivada del tamaño de la India, quedando el resto del mundo vacío.

– M@qui@velus M@ximus: También, dicen estos de la sobrepoblación que los países más pobres son los que tienen mayor número de habitantes, cuando poblaciones superdensas como las de Hong Kong, Manhattan, Tokio y Taipei gozan de un nivel de vida muy por encima del de la media. A esto, cabe agregar que la densidad poblacional de Japón, Corea y Taiwán es entre 150 y 200 veces superior a la de Somalia, mientras sus ingresos per cápita son en torno a 200 y 500 veces superiores. No hay vinculación entre pobreza y población, a contrario sensu de lo que predicaba el idealizado de Malthus.

– Juanito Huxley: Lo que me hace gracia de todo esto es que hasta el propio Malthus acabó renegando de sus propias teorías de la superpoblación en pleno siglo XIX, en pos de  bosquejar o idear unas nuevas. En un primer momento, el citado pensador utilitarista y positivista aseveró que mientras la población crecía en progresión geométrica, la riqueza avanzaba en progresión aritmética (es decir, a un ritmo menor), lo cual le condujo, primero, a la conclusión de que la miseria y otras desgracias acabarían eliminando a los más débiles de la sociedad, para, de este modo, equilibrar este desajuste económico, solución que, después, sustituiría por instaurar un control de la natalidad. Más tarde, él mismo desechó estas quimeras antinatalistas y propuso una intervención de la economía orientada a ajustar estos ciclos de producción. En resumen, hasta el propio creador del control de los nacimientos para evitar una ficticia superpoblación, terminó abjurando de sus lunáticas recetas de salvación global.

– M@qui@velus M@ximus: Dejando a un lado las falacias de Malthus, creo que esta crisis les está sirviendo a los estados para autodemostrarse el poder que tienen de arrebatarnos la libertad en un momento dado. Si, ahora, han tenido la capacidad de confinarnos en nuestras casas, lo cual seguramente sea necesario, qué no serán capaces de prohibirnos después. Puede que de una prohibición positiva salgan otras de lo más perjudicial.

– Jorgito Orwell: De hecho, ya están algunos políticos y lobbies aprovechando la situación para decirnos que esta crisis nos está enseñando a desear la vida en comunidad, a sentirnos miembros de un entramado social superior a nosotros mismos, como si fuésemos partículas de un ente abstracto colectivo que está por encima de las personas. Esto, explicado con un poco menos de profundidad, parece un discurso happy y friendly, pero no es otra cosa que socialismo doctrinario inyectado en vena, aunque de manera edulcorada, tierna y amigable. Y es engañoso, porque tiene una parte de verdad, que es la de que además de vivir, convivimos (es decir, vivimos con otros), y que esta situación puede contribuir a estrechar esos lazos y así, mermarse el individualismo. Pero se están valiendo de lo positivo de este mensaje para ir más allá e inocularnos un mal mayor, que es el de considerar a la sociedad como algo que supera a las personas, quedando la dignidad y grandeza de estas últimas reducidas a la categoría de partículas de esa superestructura grupal superior.

– Jacobo Marte: Está más claro que el agua que hay muchos lobbies aprovechando la situación. De lo que me sigue quedando duda es quién lo habrá creado. ¿Pensáis que hay estados directamente involucrados en esta tragedia?

-. Jimmy Conspiraciones: Yo creo que ninguno o casi ningún Presidente del Gobierno está metido directamente en el ajo. Más que de estados involucrados, yo hablaría de una involucración de los apéndices de los estados. La maquinaria estatal tiende a funcionar como una empresa, es decir, la mayoría de las decisiones suelen ser tomadas por mandos intermedios y cabezas invisibles, sin que el dueño ni el director general tengan, en múltiples ocasiones, la más remota idea de lo que ocurre. Por consiguiente, en lo que concierne a la creación de este virus, pienso que sucede exactamente lo mismo: sí hay países dentro del complot, pero sin poder señalar con el dedo a sus gobernantes (e incluso sin que ellos alberguen constancia de lo acaecido). Una nación no es manejada en exclusiva por su líder electo, sino que es una entidad bastante más grande, compleja y difícil de controlar. Sobre todo, si se trata de un país democrático.

– Jorgito Orwell: Es muy interesante lo que dices, Jimmy. De hecho, a lo que comentas, añado que los propios partidos opositores al Gobierno de un estado, también, gozan de significativas cuotas de poder. En otras palabras, hasta el enemigo gubernamental de una nación detenta potestas para atar y desatar a su antojo. Sobre todo, en un mundo globalizado, donde otros países tienen la capacidad de insuflarles unas bocanadas de apoyos que les puedan hacer más fuertes incluso que el mismísimo gobernante. Con esto, quiero decir que podrían estar metidos en la creación de la epidemia miembros de un territorio nacional, pero hostiles al poder  sobre el que recae su gobernanza, lo cual hace todavía más complicado hallar a los genuinos culpables de esta catástrofe.

– Jimmy Conspiraciones: La verdad es que es todo excesivamente enigmático y misterioso. El tiempo nos revelará la verdad. O quizá no la sepamos nunca…

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Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas