Colocan una mascarilla en una estatua en Seúl con motivo de la extensión del coronavirus COVID-19 /EFE
Colocan una mascarilla en una estatua en Seúl con motivo de la extensión del coronavirus COVID-19 /EFE

El coronavirus es poco más que una gripe común, mucho menos peligrosa, y no hay ningún motivo en absoluto para preocuparse ni, por supuesto, para alarmarse. O bien es la Peste Negra 2.0 que va a acabar con la civilización tal como la conocemos y sumir al mundo entero en un periodo de caos.

Depende, ya ven. ¿De qué depende? Bueno, en principio, claro, de quién lo diga, pero eso no tiene demasiada gracia; lo curioso es que depende de dónde se esté dando la noticia. Porque si algo puede decirse con absoluta seguridad del dichoso germen de Wuhan es que se ha convertido en el virus más politizado de la historia.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Que los alarmistas alarmen no tiene mayor secreto, igual que no lo tiene que las mentes más frías aboguen por la moderación. Lo extraño, lo que me chocó cuando empecé a leer sobre qué podía significar el COVID-19 es que le quitaban importancia quienes no se han caracterizado especialmente por ningunear estas cosas y que alarmaban muchos que no suelen hacerlo. Y la respuesta al enigma estaba, claro, en el partidismo.

¿Cómo puede politizarse un virus? Pues echen un vistazo a medios y redes sociales y verán una cosa muy divertida: no es que los progres vendan una versión y la gente normal (disculpen) otra, sino que las personas de la misma cuerda, los medios que cojean de lo mismo, los que sostienen en casi todo idénticas versiones, dan aquí una u otra… según quién gobierne en el país de que se trate.

Por ejemplo, tenemos a Ignacio Escolar, también conocido como Escolar Jr., el director de Eldiario.es, afirmando en Twitter con la autoridad que le da su absoluto partidismo: “¿La tasa de mortalidad del tabaquismo? El 50% . «El tabaco mata a la mitad de sus consumidores». Son siete millones de muerte cada año. Muy interesante este artículo sobre el miedo irracional al coronavirus: le tememos más a lo desconocido que a lo letal”.

En Estados Unidos, vean, la gripe china va a diezmar la población y provocar una debacle porque gobierna Donald Trump. En España es una gripe de tercera por la que no hay que preocuparse en absoluto porque gobierna Pedro Sánchez

Bien, bueno, vale. La OMS parece que se lo está tomando muy en serio y ha lanzado una alerta, y leo que en China la epidemia ha reducido las emisiones de CO2 -ya saben, ese gas que solo Greta es capaz de ver y que sí que de verdad nos va a matar a todos como no comamos cucarachas y quememos el coche- en casi cien millones de toneladas, lo que viene a ser lo que emite Chile en todo un año. Así que no se explica muy bien.

Como no se explica que en Estados Unidos, comentaristas que opinan en casi todas las cosas de la vida como Escolar et al., estén en esto en el lado contrario, es decir, advirtiendo que nos viene una peste de las gordas y que no se está alertando a la población y todos vamos a morir.

Y fue entonces cuando mi lento y herrumbroso cerebro hizo ‘clic’, y ya lo entendí todo. En Estados Unidos, vean, la gripe china va a diezmar la población y provocar una debacle porque gobierna Donald Trump. En España es una gripe de tercera por la que no hay que preocuparse en absoluto porque gobierna Pedro Sánchez. Más que una epidemia parece una versión vírica de Iván Redondo.

En Estados Unidos, las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina, como quien dice la economía va como un tiro y la popularidad de Trump se asienta y los demócratas barajan candidatos a cual más demencial y así, claro, es imposible. Así que si este bichito quisiera hacernos el favor de dar un poco de miedo y que cundiera el pánico y se hundieran las bolsas y subiera el paro y, en fin, hubiera un ambiente de muy mal rollo en Norteamérica, pues, bueno, les haría un favor impagable a los progres del mundo entero. Tampoco tendría que matar mucho, ni contagiarse demasiado: solo lo justo para que los bustos parlantes y los comentaristas pudieran provocar el terror que desencadene todo eso. En la guerra, como en la guerra.

Pero aquí no, eh, que aquí tenemos un gobierno de progreso, más chulo que un ocho, que se nos ríe en la cara porque se sabe intocable aunque cuelgue de un solo voto. Y, en esas, pues una emergencia sanitaria seria, la verdad, nos vendría fatal. Esos nueve millones de inmigrantes que el ministro del ramo dice que tienen que entrar en España y deprisita, pues ya sería más complicado traerlos, por no hablar de lo que iba a costar la broma, que se nos iba a ir en pagarla todo lo que tenemos reservado para comprar voluntades a base de colocar amiguetes y hacer llover subvenciones sobre la nube de ONG que solo existen precisamente para eso.

Un pánico no le viene bien a nadie, la verdad. Para la economía es un verdadero desastre, no digamos en un país en el que, a falta de recursos codiciados, lo que tiene es playas y sangría y vive en buena medida del turismo. Porque la gente, entre otras muchas cosas, deja de viajar cuando pasan estas cosas. No, nada de pánico, pero…

… Pero confieso que un poco de aprensión, la suficiente para que la esperpéntica concentración feminista tuviera que anularse o quedara en nada; lo bastante para que la gente se quedara más en casa y estuviera más a lo suyo, mira, no diría yo que no.

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