Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. /EFE
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. /EFE

Debo de ser muy tonta, pero no entiendo bien cómo un caso de brutalidad policial con resultado muerte puede convertirse en una razón legítima para quemar ciudades y llevarse bolsos de Louis Vuitton por la cara. Pero debo de ser yo, porque los medios parecen entenderlo perfectamente.

Es de todos sabido que ningún político que conozca su oficio deja pasar una crisis sin explotarla hasta el límite en su provecho y aumento de su poder, y la COVID ha sido en eso una macabra bendición. De la triste historia de cómo los nuestros lo han aprovechado y lo aprovechan para arramplar con todo y poner la semilla de un régimen totalitario ya hemos hablado, quizá hasta el hartazgo de nuestros lectores. Pero hay apuestas aún más grandes en juego.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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La más grande de todas es Estados Unidos, la hiperpotencia mundial en un escenario aún unipolar.

Todo iba a pedir de boca hasta que llegó Trump, un tipo que hasta entonces era mirado por la izquierda mediática con cierta simpatía. Pero no es él, sino su plataforma, que viene a arruinar todos los planes de la progresía global, y por eso desde antes incluso de que pusiera un pie en la Casa Blanca han usado todos los trucos del libro para echarle a patadas de allí, en vano. Pero ahora no pueden permitirse un segundo mandato, que sería para ellos una absoluta catástrofe, y van a usar contra él lo que tengan a mano.

Como la pandemia. El gran triunfo de Trump, el más objetivo e innegable, era la bonanza económica y el empleo, y la COVID venía muy bien, con los planes de confinamiento draconianos, para destrozarla. Pero el virus va a menos, tanto en contagios como en virulencia, y hay que abrir a tiempo para que los números se recuperen antes de que el votante se enfrente a la urna.

Y entonces llegó la muerte de George Floyd. Dejemos claro, para empezar, que no hay nada dudoso en el caso: fue un homicidio. Ningún testigo de la escena ha dado versiones alternativas, está grabado en vídeo y por varias cámaras, sin pausas ni cortes. El tipo está en el suelo suplicando compasión, rogando que le dejen respirar, sin resistirse y esposado, mientras el policía mantiene la presión de su rodilla en el cuello. Caso cerrado. Brutalidad policial de manual.

Esto justifica -exige, en realidad- cargos contra el policía en cuestión por homicidio. Incluso haría comprensibles las protestas. Pero, ¿por qué dejarlo ahí cuando puedes levantar la comunidad negra y a los grupos radicales contra Trump, cuando puedes destrozar edificios, asaltar tiendas, quemar barrios, acosar a viandantes desafortunados y, ocasionalmente, causar algunas muertes más?

Y a eso se ha dedicado con su habitual irresponsabilidad la prensa mayoritaria. Era hasta gracioso -si una es propensa al humor negro- ver a un corresponsal de la CNN insistiendo en que se trataba de “protestas pacíficas” ante una escena de El Bosco, con edificios ardiendo y cientos de ‘pacíficos manifestantes’ rompiendo escaparates para llevarse todo lo que podían de las tiendas, y no hablamos de productos de primera necesidad. La escena, por cierto, acaba con una botella que alguien lanza contra el corresponsal, que aún insiste que no se la han arrojado con mala intención.

El fraude es tan transparente. Los grandes popes de la información usan sus púlpitos multitudinarios para justificar la revuelta y azuzarla, estableciendo la más tramposa de las asociaciones entre un homicidio y la justicia de asaltar tiendas de Louis Vuitton o apalear a pobres tenderos que no quieren ver arder el trabajo de toda una vida de esfuerzos.

Los que fomentan todo esto no corren peligro, o al menos eso creen. Los ricos viven en urbanizaciones valladas, con seguridad las 24 horas. Uno de ellos, Chris Martin Palmer, recurre primero a Twitter para celebrar el incendio de un edificio de viviendas en los motines y, un poco más tarde, para denunciar a los amotinados que pretenden asaltar SU urbanización. Y, claro, una cosa es que destrocen viviendas de la chusma y otra, muy distinta, que les molesten a ellos, los iconos progresistas.

Presiento que esto tampoco les va a salir bien. Intuyo que la reacción del votante medio ante el caos no va a ser, precisamente, dar el voto a quienes lo jalean. Pero aún queda mucha película.

https://twitter.com/eSPAINews/status/1267338723840139264?s=20
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