Tras la ‘pastilla del día después’, la ‘pastilla del día antes’, porque ya no hay ningún día después. Es la que está estudiando introducir este mismo año el Gobierno holandés, la llamada ‘pastilla Drion’, por el difunto juez del Tribunal Supremo que primero la propuso. La idea consiste en poner esta píldora a disposición de cualquier persona mayor de 70 años que quiera dejar esta vida sin el engorro de pasar por el médico o tener que mostrar una enfermedad incurable o una condición física o psíquica extremadamente.

Que Holanda -y, en general, los países que ya han aprobado la eutanasia- iba a acabar en la ‘pastilla Drion’ estaba más que descontado por los que llevamos años observando esa ‘pendiente resbaladiza’ que según los progresistas no existe. La Cultura de la Muerte… ¡qué nombre tan bien puesto!

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Ya no se trata de estar profundamente deprimido, siguiendo el diagnóstico de un facultativo, o de padecer la lenta y dolorosa agonía de una enfermedad incurable. No hace falta ninguna excusa ni razón alguna que alegar. Uno va a su farmacia, demuestra que es mayor de 70 años, compra sus pildoritas y a morir, que son dos segundos.

Es la gran paradoja de la postmodernidad. Los gobiernos se han convertido -como sugirió, a sensu contrario, la ministra Celáa- en nuestros padres y madres, y cada vez nos dejan hacer menos cosas consideradas nocivas para nuestra salud. Controlan todos los productos de modo exhaustivo para que no contengan nada que pueda hacernos daño, prohíben las actividades que juzgan arriesgadas para nuestra salud, amplían cada día la cobertura sanitaria, se gastan una pasta en promocionar en verdaderos ‘bombardeos de alfombra’ publicitarios los hábitos saludables y se complacen en mostrarnos unas maravillosas tablas que demuestran cuánto, gracias a sus desvelos, está aumentando la esperanza de vida en nuestras sociedades.

No saben cómo pagar a tanto tipo que consume y no produce. Y entonces aprueban la eutanasia para casos límites y voluntarios, de ahí pasa a los casos más dudosos y acabamos en el ‘hágalo usted mismo en casa’

Y es entonces cuando se dan cuenta de que han dado medios para vivir más, pero no razones. Y, sobre todo, que no saben cómo pagar a tanto tipo que consume y no produce. Y entonces aprueban la eutanasia para casos límites y voluntarios, de ahí pasa a los casos más dudosos y a las voluntades más cuestionables, y acabamos en el ‘hágalo usted mismo en casa’ de la eutanasia.

¿Por qué no? Desde el momento en que no se considera absolutamente sagrada la vida humana, cada vida humana, desde el mismo momento de la concepción hasta la muerte natural, todo el monte es orégano. El hombre pasa a ser una pieza en un mecanismo, y su valor acaba midiéndose por su eficacia, por lo que aporta a ese mecanismo. Si es más lo que cuesta que lo que aporta, se convierte en una carga, en uno de esos ‘seres descartables’ de los que habla el Papa Francisco.

Dicen que decía Stalin que detrás de cada problema hay un hombre (o varios), de modo que basta eliminar el hombre para eliminar el problema. Y los problemas que preocupan hoy a los gobiernos son, por lo demás, de los que llegan antes a esta conclusión: sobra gente, mucha gente.

Por ejemplo, el Estado del Bienestar. Se está tan bien con ese Estado que la gente vive décadas después de haber dejado de trabajar, y como Occidente no tiene hijos, eso significa que un número cada vez más reducido de jóvenes tienen que producir para mantener a un número creciente de ancianos.

Hemos decidido que, como civilización, sobramos, y toda la ideología dominante se revuelve en una búsqueda de nuevas excusas para la muerte

Por ejemplo, el Cambio Climático. Hablen con cualquier ‘experto’ homologado por los medios de comunicación del sistema y le dirá que sí, que eso de ponernos a todos a comer bichos está muy bien, y que viajemos menos, y que pongamos más parques eólicos por todas partes, pero que todo eso son parches, que lo que realmente está destruyendo el planeta no es tanto lo que haga la gente como el hecho mismo de que haya tanta. Para el moderno siempre hay demasiada gente, pero curiosamente nunca es él mismo, personalmente, el que sobra.

Ahora, con esta mentalidad invadiéndolo todo, con esta visión genuinamente nazi donde hay Unlebenswerte Leben, vidas que no merece la pena ser vividas, imaginen la terrible presión que recibirán esos mayores de 70 años para tomarse la pastillita.

Abuelo, la pastilla, que necesitamos su cuarto.

Abuelo, la pastilla, que queremos veranear en la costa.

Abuelo, la pastilla, que vive usted solo -como un número sin precedentes de occidentales en las ciudades- y no le va a ver nadie y eso ni es vida ni nada.

La verdadera ‘pastilla Drion’ la tenemos hace ya décadas, pero no es de uso individual, sino civilizacional. Hemos decidido que, como civilización, sobramos, y toda la ideología dominante se revuelve en una búsqueda de nuevas excusas para la muerte.

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