Cruda realidad / La pandemia acaba con la estúpida magia de ‘Imagine’

Ni Imagine tiene otra 'filosofía' que el más pedestre y perezoso nihilismo, ni es verdad que el virus afecta a todos por igual. Oh, de repente ya no hay muchos hablando de lo terribles que son estos muros que nos salvan, ni de lo buenos que son esos puentes por los que ha entrado el maldito virus.

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Olviden el mérito musical de la composición, si lo tuviere: si usted ha llegado a aborrecer la celebérrima y melosa canción de John Lennon, está en el buen camino hacia todo lo bueno, lo verdadero y lo bello.

Ya antes de ahora se hacían bromas y las redes sociales servían de aliviadero para quienes necesitaban desahogar su frustración ante la omnipresente tonadilla, que ha servido de falso consuelo en tantas tragedias públicas. Apenas había atentado masivo o terremoto o tsunami que no acabase con un espontáneo tocando al piano o a la flauta la pegadiza tonadilla, aunque no sé yo sí el “imagina que no haya Cielo” o que no haya “religión” era mucho consuelo para quienes habían perdido seres queridos en la desgracia o estaban agonizando. Me atrevo a pensar que no, no mucho.

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Pero ahora la fiebre china que devasta el planeta y nos tiene a todos como monjes contemplativos en casa ha tenido, al menos, un efecto colateral positivo: desprestigiar públicamente, esperemos que para siempre, el maldito himno del consuelo progre.

Pues resulta que un grupito de actores de Hollwood ha decidido que el mundo, una vez más, les necesita, que estamos sufriendo y ellos son los más solidarios del mundo (y, sobre todo, no soportan dejar de ser más de dos días seguidos el centro de la atención) y han grabado un vídeo cantando ‘Imagine’ para que la chusma sepamos que no nos olvidan. No se preocupen, han guardado la cuarentena: cada uno lo canta en solitario una estrofa, y se van sucediendo en el vídeo. Lo ha promocionado, por lo visto, la actriz Gal Gadot, intérprete de Wonder Woman, que lo inicia y a la que siguen Natalie Portman, Amy Adams, Jimmy Fallon, Sia, Zoe Kravitz, Norah Jones o Cara Delavigne.

Si eres una estrella de Hollywood y tienes, digamos, un rancho o una mansión en Malibú es más fácil ponerse en cuarentena, qué quieren que les diga

“Es el sexto día de la cuarentena y tengo que confesar que estos días me pusieron filosófica”, nos confiesa Gadot. “Este virus afecta al mundo entero, no importa quién seas ni de dónde seas… estamos todos juntos en esto. He visto ese vídeo en el que un chico de Italia toca la trompet­­­a en su balcón, estaba tocando Imagine y había algo muy poderoso y puro en ese vídeo…”.

Solo que no. Ni Imagine tiene otra ‘filosofía’ que el más pedestre y perezoso nihilismo, ni es verdad que el virus afecta a todos por igual “no importa quién seas ni de dónde seas”. Hay sitios a los que afecta más y otros a los que afecta menos, y si eres una estrella de Hollywood y tienes, digamos, un rancho o una mansión en Malibú es más fácil ponerse en cuarentena, qué quieren que les diga.

El caso es que la iniciativa no ha tenido en las redes el éxito que esperaban, precisamente. Casi todo el mundo que lo comentó fue para denostarlo, lo que quizá haya sido un jarro de agua helada para esta élite prepotente que lleva décadas sermoneando sobre cómo debemos vivir desde su dorada burbujita. Un botón de muestra, de un tal Larry The Cable Guy: “He aquí un mensaje de gente con un montón de posesiones que puede permitirse estar un año sin trabajar y apenas notarlo diciéndole a todo el mundo que está en paro que imaginen un mundo sin posesiones mientras hay gente durmiendo en la calle a un tiro de piedra de donde viven”.

La canción era el prototipo de lo que nos vende la progresía obligatoria desde el mismo momento de su concepción por un John Lennon con más dinero que el que todos mis lectores podrían sumar poniéndose lírico sobre la posibilidad de un mundo sin posesiones. Es decir, un mundo en el que tú, no ellos, carezcan de posesiones.

El sueño es también el de un mundo sin inmortalidad -ni cielo ni infierno-, lo que nos condena a vegetar como hierba que ahora está y mañana desaparece para siempre, sin un sentido, sin significado alguno; y sin fronteras, naturalmente.

Esto último es especialmente divertido, en vista de lo que tenemos encima. Incluso he leído a algún idiota inteligente (creo que conocen el tipo) señalando que el virus no entiende de fronteras. ¿De verdad? ¿Alguien me puede explicar qué es exactamente una cuarentena -el procedimieno habitual, el más antiguo y el más eficaz para poner fin a las epidemias- sino una frontera? ¿Para qué pedirnos ‘distanciamiento social’, si los virus no saben de eso? ¿Ha entrado el virus en algún país sino dentro del cuerpo de alguien a quien se le ha tenido que abrir la frontera?

No hay que construir muros, sino puentes, se nos decía a tiempo y a destiempo desde todos los lados, con una monotonía en la metáfora parecida a la de la cancioncita que nos ocupa. “Las fronteras son líneas artificiales”. Caramba, como las paredes y las puertas. Esas mismas que en estos momentos nos contienen a todos. Porque, oh, de repente ya no hay muchos hablando de lo terribles que son estos muros que nos salvan, ni de lo buenos que son esos puentes por los que ha entrado el maldito virus en nuestras vidas.

Imagine.

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