Santiago Abascal (Vox) Y Pablo Casado (PP) conversan en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. /EFE

Mañana empieza la moción de censura más justificada, con enorme diferencia, de nuestra democracia, contra el gobierno más digno de censura de la historia de España. Eso es lo que hay que retener, lo realmente importante. Todo lo demás es tirar balones fuera, marear la perdiz y engañar al personal.

Este gobierno se mantiene presidido por el candidato de un partido, el PSOE, que tiene 120 diputados en la cámara, y que ha necesitado rebañar votos de los peores enemigos de España -y no nos referimos solo a los que lo son, sino a los que lo dicen abiertamente- y el voto de un tipo de Teruel que lo cedió y en seguida se vio recompensado personalmente.

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Por comparar, cuando Sánchez presentó la triunfante moción de censura contra Mariano Rajoy (por corrupción, que manda narices viniendo del PSOE), el Partido Popular contaba con 147 diputados.

Es el primer gobierno de la historia reciente de España con ministros comunistas, en la versión especialmente virulenta de Unidas Podemos, con el descaro añadido de ese ‘matrimonio Ceaucescu’ que se sientan juntos en el Consejo de Ministros, otro first de esta caterva. Supongo que son partidarios del dicho de que la pareja que gobierna unida permanece unida.

En menos de un año, han incumplido todas, absolutamente todas las promesas hechas en campaña, se han sentado con proetarras y con separatistas, han aprovechado una crisis sanitaria -que han gestionado con los peores resultados en víctimas y en destrucción económica de Europa y probablemente del mundo- para arramplar con nuestras libertades y derechos, favorecer a amiguetes y aumentar su clientela política mientras los españoles empiezan a desesperar.

La moción debe hacerse porque incluso a la desesperada hay que plantar cara a este golpe de Estado desde el Estado en lugar de cerrar los puñitos y patalear

Intentan una reforma del Consejo General del Poder Judicial que ha merecido incluso una seria advertencia de Bruselas, de puro descarada, después de haber colocado como fiscal general del Estado a una de sus ex ministras, Dolores Delgado. Tienen casi imputado a su vicepresidente, el bolvariano Iglesias, por un sucio asunto en el que se trapicheó con las justicia en un contubernio de amiguetes. Aprovechan la distracción de la pandemia para presentar una ley de eutanasia para la que no hay demanda social -aunque quizá sí urgencia contable- que quiere llegar a proporcionar la muerte a costa del erario público incluso a domicilio, a cualquiera que esté cansado de vivir.

Y podríamos seguir y seguir y llenar muchos folios con todos sus desmanes, cualquiera de los cuales obligaría a la dimisión del gobierno en pleno en cualquier democracia civilizada, pero en los que es imposible centrarse porque se suceden a una velocidad de vértigo.

Con lo que volvemos al principio: nunca fue tan urgente una moción de censura, nunca estuvo tan justificada. Y, sin embargo, el principal partido de la oposición (?), el Partido Popular, va a abstenerse o incluso votar en contra casi con toda seguridad.

¿Para qué sirve esta moción de censura?, se preguntaban muchos. Para esto, respondo. Aunque solo sea para esto. Para que el PP se retrate, para que todo el mundo vea a las claras la farsa que es su postura de oposición, el nihilismo de sus principios, lo cobarde de su posición, la estafa que ha supuesto durante todos estos años para millones de españoles que les han votado creyendo ingenuamente que eran distintos y opuestos a los otros, y no sus más íntimos conmilitones y cómplices en la disolución de España.

Hay mucho más, por supuesto. Debe hacerse porque incluso a la desesperada hay que plantar cara a este golpe de Estado desde el Estado en lugar de cerrar los puñitos y patalear. Debe hacerse para obligar a los grandes medios, generosamente untados, a recoger un mensaje diferente al parte diario que les llega desde Moncloa y que los españoles vean que hay alternativa. Debe hacerse para que cada palo aguante su vela y cada partido tenga que explicar a sus votantes por qué ha hecho lo que ha hecho.

Pero, muy especialmente, debe hacerse para desenmascarar al PP, verdadero tapón creado para impedir que exista una opinión conservadora firme en España. Y para que cada vez que Casado quiera posar escandalizado ante un nuevo desmán del gobierno, cada vez que pretenda indignarse, cuando ya no haya marcha atrás en la venezolanización de España, se le pueda callar recordándole que él pudo votar su salida y no lo hizo.

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