Bueno, creo que ya, por fin, podemos dar por cerrada esa interminable Transición. Con el pacto de gobierno firmado por Pedro Sánchez con Pablo Iglesias, los comunistas entrarán en un ejecutivo español -cinco- por primera vez desde 1936. Si eso no es volver a la casilla de salida, yo ya no sé.

Pero precisamente ahora, cuando imagino a tanto conocido prudente y sensato y hasta optimista echándose las manos a la cabeza y esperando que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas, la gruñona oficial de Actuall quiere dar algunas razones para no desesperar con la noticia.

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1.- La posibilidad de un farol

Estamos hablando de Pedro Sánchez, ¿recuerdan? Un hombre que no dice la verdad ni por equivocación, y que desde abril lleva marcándose unas chicuelinas y unos pases de pecho con el morlaco morado de dos orejas, rabo y vuelta al ruedo. Convocó elecciones para no darles a los de Iglesias ni la hora, con la esperanza de obtener ellos más escaños y que los otros quedaran debilitados, lo que ha conseguido a medias. ¿Y les va a dar ahora todos esos ministerios, va a dejar que el ambicioso Iglesias meta la patita en las instituciones, con lo difícil que es luego desalojar a esta gente?

Es posible, claro, con estos nunca se sabe, y el pacto ha sonado muy oficial y definitivo. De hecho, nadie se cree que hayan pergeñado en un par de días lo que tanto les costó en meses, y en peores condiciones para ambas partes. Pero también es posible que Pedro esté pensando en jugársela de nuevo a los pablistas.

Como todo el mundo sabe que es un mentiroso patológico, si esto es un farol, sabía que no bastaría con amagar, que era necesaria toda una escenificación como la del martes para meternos el miedo en el cuerpo y que salten a la palestra otros socios posibles. El PP, por ejemplo, que ya se lo está pensando, o el mermado Ciudadanos, que dónde va a ir que más valga. En España parece tabú, pero la Gran Coalición -el gobierno formado por los dos grandes rivales del consenso- es cosa común entre países de nuestro entorno. En Dinamarca, por ejemplo, los partidos llevan cosa de un siglo sin lograr una sola mayoría absoluta. Y, después de lo que me han leído sobre el dúo PSOE-PP, no creo que cueste tanto imaginarlos de la mano.

2.- Claridad

Que todo el mundo sepa dónde está todo el mundo en el espectro político. Que se sepa qué representan, en qué creen realmente, cuál es su verdadera catadura. Las promesas y las consignas no aclaran, enmascaran. Solo por saber quién es quién en política, para que todo el mundo lo vea a las claras, ya tendría algún mérito esta coalición que tanto miedo nos mete en el cuerpo a quienes nunca hemos caído en sus celadas de marketing.

No suman. Van a tener que rebañar de toda la morralla separatista, que no es barata de contentar, y eso sólo para la investidura

3.- La vacuna

Y la claridad nos llevaría a esto otro. Nadie escarmienta en cabeza ajena. El muro cayó hace ahora treinta años, y al ver todo el horror que había al otro lado los viejos del lugar pensamos que ya nadie más se dejaría tentar por esos sueños que se convierten siempre en pesadillas. Y ya ven.

Llevamos tanto tiempo intentando convencer a nuestros vecinos, especialmente los más jóvenes, de que el País de la Cucaña y la Isla de Jauja no existen, y de que todo intento por implantar por decreto el cielo en la tierra se ha traducido en años de miseria, opresión y represión, sin que nos hagan el menor caso, que puede venir muy bien que vivan una ilustración práctica. Y eso podría hacer de nuestro pueblo un gato escaldado que en algunas décadas, al menos, no se acercase a esas aguas.

4.- Una hora cortita

¿Les he recordado ya que los dos socios tienen menos escaños -en el caso de Pablo, sustancialmente menos- que antes de las elecciones? No suman. Van a tener que rebañar de toda la morralla separatista, que no es barata de contentar, y eso sólo para la investidura. Hacer leyes, todas esas arriesgadas y radicales medidas con las que sueña el de la coleta, va a hacerse imposible. Y con tantos y tan dispares eslabones, que la cadena salte por los aires más pronto que tarde parece más que probable.

Sumen a eso que, según se cuenta en los mentideros de la Corte, la relación personal de ambos líderes no es precisamente de amor verdadero y que, ambiciosísimos ambos, van a jugar a comerse el uno al otro desde el primer día. Es decir, sería un gobierno con fecha de caducidad temprana desde el primer día, sobre todo teniendo en cuenta que…

5.- Se nos viene encima una recesión económica

Otra. No es cosa nuestra, que es de la economía global, pero es evidente que a unos les pilla mejor preparados que a otros, y no creo que nadie en su sano juicio piense que una política de izquierda radical vaya a hacer algo por mitigar el golpe. Y aquí, si ustedes me lo consienten, me voy a poner un poco cínica.

Si tenemos que pasarlo mal en lo de las pesetas, que es lo que cuenta probablemente para una mayoría de este electorado descristianizado, qué quieren que les diga, prefiero que la culpa se la lleven partidos que aborrezco y que me gustaría ver reducidos para siempre a la irrelevancia.

Justa o injustamente, el electorado relaciona todo lo que pasa -incluso las victorias o derrotas deportivas- con el partido en el poder, porque ya todo se espera del poder como si fuera Dios.

6.- Estamos en la Unión Europea

Ya sabrán los que me hayan leído otras veces que no soy exactamente una entusiasta de Bruselas, pero tengo que bajar la cabeza y reconocer humildemente que en ocasiones así supone un freno. Hay dos cosas en esto. La primera es que los bolivarianos no tienen una moneda propia con la que jugar; no pueden, como sugería Eduardo Garzón, “hacernos ricos” dando a la máquina de hacer billetes. Es un alivio, qué quieren que les diga.

Pablo defendía en 2016 salirse del euro precisamente para hacer eso, pero aquí viene lo otro: España es quizá el país de la UE más entusiasta con la integración. Nos hemos tomado lo de entrar en ‘Europa’ como el gran logro de la edad contemporánea, y nadie va a permitir que eso se toque por las buenas, y menos que nadie, el propio Sánchez, como lo que le gusta ir a las cumbres europeas en Falcon.

Y ya no es solo no poder manipular el euro, es que aquí decimos amén y agachamos la cabeza cada vez que Bruselas nos echa una regañina. En otras palabras: tenemos un tope ahí a las tonterías que pueda hacer el Gobierno Frankenstein. Y otra línea de resistencia son…

7.- Las comunidades autónomas.

Hemos dicho pestes del despilfarro que suponen las comunidades autónomas para el país, con su duplicación de cargos, y del peligro que significan para la cohesión nacional y, en última instancia, la propia pervivencia de la nación. Y no retiramos una coma de lo dicho. Pero, admitámoslo, en casos como este es un alivio que esté repartido el poder. También ahí hay un freno a las locuras de Moncloa. La Educación está transferida, por ejemplo, como la Sanidad. Hasta tienen una modesta estructura fiscal propia. Y más. Todo esto puede convertir a las comunidades no gobernadas por esta coalición del infierno en fortines asediados pero que resistan en relativa calma. A cada uno, lo suyo.

8.- Todo es para bien

Esto va dirigido para mis lectores cristianos, especialmente, los que sabemos que esto de la vida es un ratito, y lo importante viene luego. Pero incluso para los que no lo sean, quizá entiendan que la desgracia, y muy especialmente la desgracia económica, el empobrecimiento, nos pueden venir bien. Es como lo que decía mi abuelo cuando me quejaba del frío en Burgos: “El frío fortalece el carácter”. Bueno, pues los malos tiempos también.

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