Nostradamus.
Nostradamus.

¿Qué es un ‘experto’? Es una pregunta que no tendría demasiada importancia o urgencia en condiciones normales (de la vieja, no de la nueva normalidad), pero hoy es vital, esencial. Si usted lleva más de cincuenta días en arresto domiciliario sin ser culpable de nada y sano como una manzana, si ha perdido el empleo, si no puede practicar su fe, si el Gobierno le amenaza con vigilar sus opiniones en redes sociales y quiere tenerle permanentemente localizado, si se enfrenta a unas negras perspectivas cuando salgamos de esta, si se ha acostumbrado a salir a la calle en sus horas prescritas como si entrara en un quirófano, todo es porque lo aconsejan los ‘expertos’.

Por eso, porque los ‘expertos’ se han convertido en las personas que deciden su vida hasta límites que nunca hubiera podido soñar en sus peores pesadillas, es crucial definir quiénes son. Y no, no me refiero a esa pandilla de amiguetes y correligionarios que cobran en el rimbombante Comité de Expertos que querían mantener anónimos como los miembros de la Cámara Estrellada. Me refiero a los que están detrás de esos paniaguados, los de verdad, los que han impuesto el cerrojazo al planeta.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Vamos con la definición: experto es aquel que el Poder llama experto. ¿Demasiado tautológico? A ver esta: un experto es un especialista con un montón de siglas en su currículum que llega a las conclusiones que favorecen al poder y a cuyas palabras recurren una y otra vez los medios de comunicación convencionales. Es decir, son expertos porque salen todo el rato en los medios como tales y los medios los sacan todo el rato porque son expertos.

La ‘expertocracia’ promete ser la peor de la tiranías, y ya estamos probando solo un aperitivo

Y si usted está pensando que, ya puestos, mejor que nos gobiernen los especialistas, que saben de lo suyo, es que no ha estado muy atento. La ‘expertocracia’ promete ser la peor de la tiranías, y ya estamos probando solo un aperitivo.

El problema de los expertos reconocidos es que su oficio debería ser predecir con precisión, y no es que sean tímidos a la hora de lanzarse a profetizar, es que no dan una. Si se hubieran cumplido todas sus profecías, el mundo ya hubiera desaparecido varias veces.

Les dejo algunas predicciones de expertos que en su día fueron titulares en medios.

En 1939, los expertos del Departamente del Interior de Estados Unidos anunciaron que las reservas nacionales de petróleo se agotarían en el plazo de trece años.

En 1952, el presidente de la Comisión de Política de Materias Primas de Estados Unidos concluyó que para mediados de los años setenta la producción de cobre en el país no superaría las 800.000 toneladas y que la producción de plomo alcanzaría un máximo de 300.000 toneladas anuales.

Paul Ehrlich, popularizador científico que, asombrosamente, sigue siendo invitado a todos los saraos maltusianos, declaró en abril de 1970 que “la población superará inevitable y completamente cualquier pequeño incremento que podamos lograr en la producción de alimentos”, añadiendo: “La tasa de mortalidad alcanzará al menos entre cien y doscientos millones de personas al año que morirán de hambre en los próximos diez años”.

En lo que coincidía ese mismo año Denis Hayes, principal organizador del Día de la Tierra: “Es ya demasiado tarde para evitar la hambruna masiva”.

En 1989, Noel Brown, director de la oficina de Nueva York del Programa Medioambiental de Naciones Unidas, declaró a Associated Press que naciones enteras serían barridas de la faz de la tierra por la subida del nivel del mar si no se daba marcha atrás antes del año 2000.

Davis professor Kenneth Watt, profesor de la Universidad de California, advertía en los setenta que el mundo sería once grados más frío en el año 2000 (sí, han leído bien: más frío, era la moda entonces), abocándonos a una glaciación.

Uno de los ‘expertos’ más seguidos -y de los que más jugo le ha sacado al apocalipsis-, Al Gore, dijo en 2006, en la promoción de su docudrama ‘Una Verdad Incómoda’, que la humanidad solo tenía diez años para alcanzar el punto de no retorno. Pero no debía de estar muy convencido, porque pocos años más tarde compró por ocho millones de dólares una mansión en primera línea de playa.

Y podríamos seguir y seguir hasta aburrirnos. Porque la propia OMS, esta misma que ha declarado la pandemia y sus recomendaciones, ya había previsto millones de muertos con supuestas epidemias anteriores, como la Gripe A. Les sugiero que consulten la hemeroteca de 2009-2010, les impresionará. Y en esta, se ha pronunciado inicialmente contra la posibilidad de que el virus se transmitiera de humano a humano, así como contra la utilidad de las mascarillas. Porque incluso la sabiduría del experto tiene fecha de caducidad.

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