Una mascarilla en la calle /EFE
Una mascarilla en la calle /EFE

¿Qué les dije? No se puede dar carne cruda a un animal doméstico, porque luego no quiere comer otra cosa, y no se puede dejar pasar sin airadas protestas y reacción en urnas que nuestro gobierno nos encierre más de dos meses en arresto domiciliario y nos ponga a prueba con las normas más caprichosas, humillantes y totalitarias, porque le coge gusto.

Así que ya nos ronda la secuela. Leo que Pedro Sánchez se ha reunido este lunes con el comité de seguimiento del coronavirus, encargado de analizar la situación epidemiológica tras los rebrotes de los últimos días. Pónganse cómodos.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Son los ‘rebrotes’, ya saben. Vuelve esta ridícula parodia de la Peste Negra para meternos el miedo en el cuerpo y que digamos amén a todo, al encierro, a las multas, al acoso policial, a las leyes coladas de rondón mientras estamos temblando, a las normas caprichosas y a la mascarilla perpetua, a la destrucción sistemática de nuestro tejido industrial y comercial.

De este bichito se ha dicho todo y su contrario desde instancias de ‘expertos’, con tan poco distancia temporal entre el dato y su desmentido que asombra la fe inconmovible de las masas

Pero, bueno, hay rebrotes, ¿no? Sube el número de contagiados aquí y allá, cuando todo parecía tranquilo, como en un ‘remake’ de Viernes 13, que este maldito virus es más difícil de matar que el Jason ese.

A ver. Desde el principio se nos dijo que este virus era contagiosísimo y también que había un altísimo porcentaje de ‘asintomáticos’. En toda tierra de garbanzos, al ‘asintomático’ se le acostumbra a llamar ‘sano’, pero recuerden que nos movemos en el Universo Orwell.

Se nos dijo desde las más altas instancias que estos peligrosos asintomáticos portaban el virus pero que no desarrollaban la enfermedad. En ese momento pensé que vaya peste más rara, que había que hacerse una prueba para saber si la tenías. Pero, bueno, la misma OMS que ha puesto a rodar toda esta locura del confinamiento casi universal de los sanos porque a saber, dijo luego que los asintomáticos -la gente sana pero con presencia del virus- no contagiaban.

Naturalmente, eso suponía dejar por tontos o malvados a una mayoría de gobiernos en el mundo, así que en pocos días rectificó y dijo que no, que contagiaban menos, muy poco, pero algo. Da un poco igual: de este bichito se ha dicho todo y su contrario desde instancias de ‘expertos’, con tan poco distancia temporal entre el dato y su desmentido que asombra la fe inconmovible de las masas, que siguen creyendo y justificando a su maltratador.

A lo que voy es que si el virus es tan contagioso y hay tantos asintomáticos, basta con multiplicar las pruebas para encontrar rebrotes, así de simple. ¿Que no quiero rebrote? No hago tests. ¿Que quiero rebrotes para justificar otro confinamiento? Pues tests a manta. Por fuerza, siguiendo la lógica de una enfermedad contagiosa, tiene que ser así. Y tampoco es que mi fe en la fiabilidad de esos datos sea especialmente intensa, no digamos ciega.

Pero, Candela, alma de cántaro -oigo decir en mi cabeza-, aun admitiendo que alarmar hasta el pánico pueda beneficiar al poder político y sus fantasías húmedas de control total, son devastadoras para todos los demás. Mira la economía, que queda hecha unos zorros, mira toda esa espantosa destrucción, el paro inasumible, el PIB cayendo en picado, como en ninguna de las recesiones recientes. Salvo a los políticos, a nadie más beneficia este desastre.

¿No? Piénsenlo otra vez. Les daré una pista. El patrimonio de las principales fortunas del mundo -el Fortune 500- ha aumentado en 584.000 millones de dólares desde el inicio de la pandemia, mientras desaparecían 6,5 billones -con ‘b’ de ‘burrada’- del patrimonio de los hogares. Es decir, se ha producido una transferencia de riqueza de la gente normal -para entendernos, la clase media- hacia los riquísimos. ¿Les parece que estos últimos estarán muy tristes, o que preferirán que se acabe la diversión?

Le hablarán de cómo la reacción a la pandemia ha hecho desplomarse la bolsa. Un momento, que hay ganadores. Las acciones de Amazon, Walmart, Apple, Google, Microsoft y Facebook han registrado las máximas alzas históricas en este periodo. Los fundadores de estas empresas se han hecho este año 168.000 millones de dólares más ricos. Para las pymes la historia es muy distinta. En Estados Unidos, el 22% ha cerrado para no volver a abrir jamás y en total los ingresos han caído un 30%. ¿Saben quién se va a quedar con su clientela?sxcarilla

Es decir, tanto los políticos como los que les financian salen ganando de una situación con la que perdemos absolutamente todos los demás. Y la izquierda, aplaudiendo hasta pelarse las manos.

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