Isabel Díaz Ayuso es ya presidenta de la Comunidad de Madrid. El Partido Popular lleva gobernando en la región desde 1999. Se puede considerar un “feudo” popular, pero es también una plaza de especial importancia para la formación, por lo que aporta de capital político no ya en la región sino en el conjunto de España. De modo que elegir al candidato a gobernar desde la Puerta del Sol es una de las decisiones más comprometidas que tiene que tomar el líder de ese partido. Que hayan sido dos hombres y tres mujeres no tiene nada de especial, porque da la impresión de que en el PP no se han contaminado del todo con ese feminismo de cuota, especioso pero podrido, que asola la izquierda española.

La decisión de Pablo Casado de elegir a Díaz Ayuso ha sido muy contestada dentro del partido. Y su campaña, todo hay que decirlo, ha sido bastante mala, y eso que era con mucho mejor que lo que reflejaban los medios de comunicación. Pero ha llegado al poder, que es lo que cuenta en política.

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Los medios desinformativos han querido acusarla de corrupción, y casi lo logran a pesar de que no haya caso. El PP ha estado demasiado tiempo en el poder en Madrid y, como demuestra el caso de Paco Granados, se ha empapado de corrupción. Es verdad que Granados lo tenía clarísimo desde primera hora: en 1999 se convirtió en alcalde de Valdemoro y en 1999 abrió una cuenta en Suiza. Pero los conductos de ida y vuelta entre el poder y el enriquecimiento personal están instalados en ese partido.

Mariano Rajoy huyó de las ideas como si fuera el presentador de Sálvame, expulsó a liberales y conservadores del PP, y hoy a nadie extraña que haya un Ciudadanos o un Vox

Aquí, Díaz Ayuso tiene que tomar una decisión personal. Si tiene el hacha preparada para cortar cualquier rama podrida, podrá llegar donde quiera en la política española. Quizás ha llegado en el momento oportuno. Como Pablo Casado. Quizás parte de esta generación está asqueada de lo que se ha hecho desde las siglas que defienden. 

Es una generación que ha visto cómo otra corrupción ha destrozado a su partido; la corrupción ideológica. José María Aznar incumplió su programa en la misma medida en que lo llevó a cabo, o más. ¿Qué fué de aquélla regeneración democrática? No hemos vuelto a hablar de ella. Pero al menos tenía un programa. Mariano Rajoy huyó de las ideas como si fuera el presentador de Sálvame, expulsó a liberales y conservadores del PP, y hoy a nadie extraña que haya un Ciudadanos o un Vox. El PP ha asumido el marco de actuación impuesto desde la izquierda. Y eso también es corrupción. Contra ella, Isabel Díaz Ayuso parece estar vacunada. 

Contra parte, al menos. Ha prometido una histórica rebaja de los impuestos. Luego, en una entrevista concedida a La Razón, dice: “Lo primero que tenemos que hacer es analizar las cuentas y ver cómo podemos. Además llevamos otras medidas e incentivos fiscales que sí se pueden ir aplicando”. Quizás hubiera sido mejor hacer antes las cuentas. Pero que tenga claro que se puede hacer esa histórica rebaja de impuestos, si antes reduce el peso de la mano muerta del Estado sobre los madrileños. Pero para rebajar el gasto sí hace falta ser un líder extraordinario. ¿Lo será Isabel Díaz Ayuso?

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